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Y qué lejano aquel día en que todas las prisas murieron y en eterno sueño durmieron sin importar ya si amanecía.
Y allí estabas, alma mía…, callada…, estrella apagada entre luceros escondida.
Alma cansada, errante viajera de demasiados universos y vidas…
Vieja alma aburrida de tantos llantos y despedidas…; de abrazos y puñaladas; de gritos desesperados a la nada, que, en la muda oscuridad del Universo, como siempre, sin respuesta se perdían.
Alma pintada de negro, por el destino perseguida.
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