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Federico Sánchez Arias: «El santo grial. Su auténtica simbología»

Federico Sánchez Arias 10 Mar 2026 - 09:23 CET
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Y en el centro se levanta un templo resplandeciente, más valioso que cualquier otro de la tierra. Allí dentro, una sagrada copa que obra milagros, se guarda como lo más sagrado y lo más valioso. La habían traído…y los más puros de los puros la protegían…los ángeles. Una vez cada año, una paloma celestial la llena con más poderes en sus muros. ¿Su nombre? El Grial. Y la paz, la fe y el amor sobre el grupo de caballeros derrama desde las alturas. Richard Wagner, «Lohengrin»

Hoy, la mayor parte de los estudiosos coinciden en una interpretación simbólica del Grial, de la que somos partidarios. Consistiría en la alegoría de la búsqueda del conocimiento, ese paso de la ignorancia a la iluminación.

En este sentido, muchos autores identifican y señalan que el Grial es un símbolo de la transmutación interna o la búsqueda espiritual. Este verdadero significado explicaría por qué la Iglesia Católica -en apariencia- pareció mostrarse al margen de las historias que se extendieron en la Edad Media sobre el Grial y que para Roma no serían, en realidad, más que auténticas herejías, sin ninguna utilidad doctrinal.

La eternidad siempre ha hecho incursiones en el tiempo. Por ello, los cuentos y las leyendas del Grial son narraciones apasionantes que tienen un sentido profundo, muy profundo sobre una maravillosa realidad que, parece, no pertenecer a este mundo tan agitado y cambiable. Una de las leyes inexorables en la materia es la de «nacer-crecer-brillar-apagarse» Nada es permanente: todo está sometido al cambio, a la mutabilidad…El Grial nace de una propuesta diferente; de hecho, es una opción de futuro, de permanencia en unos valores que parecen no estar sometidos a esta realidad tan mutable e impermanente. De ahí procede su auténtica fuerza para sobrecogernos y llevarnos a su búsqueda apasionada.

Por todo ello, el Grial parece no estar unido al tiempo. Siempre es actual, posee esa valiosa característica que le confiere una naturaleza que le fija al momento presente, al aquí y ahora, al instante preciso, a mi vida concreta…

Es fácil comprender -desde este punto de vista- que, en todos los relatos, el buscador, el iniciado en los secretos del anhelo de trascender sus límites finitos y temporales, en su ardiente deseo de inmortalidad, persiga simbólicamente una realidad superior que debe hacer que tome fuerza en su propio ser, en su interior.

Por tanto, no puede representarse en un objeto material. Traduce una realidad espiritual cuya luz se expande en el corazón, que se dirige directamente al alma, a la parte más esencial de su realidad como ser humano.

El hombre debe «redescubrir, reinterpretar y vivenciar» que el Grial no es un objeto, algo físico, sólido, tangible; que no lo encontrará encerrado en algún castillo en el corazón de un profundo bosque…Sino oculto, inmerso en su ser interior, en lo más profundo de su ser.

¿Por dónde empezar? Por escuchar la voz interior «la voz del silencio». La búsqueda consciente comienza; la búsqueda de lo que, desde el comienzo, le es más próximo que las manos y los pies. En el curso de su exploración, el hombre es confrontado con su ignorancia, su miedo, su imperfección. Para resolver estos problemas, entra en liza y combate hasta que cae. Pero también habrá descubierto:

En definitiva, es preciso comprender que el Grial, el cáliz, la vasija, la piedra y parecidas denominaciones, son símbolos de una realidad diferente, de un plano vibratorio alejado de lo material. Se manifiesta como la vibración ralentizada de una realidad superior, de otra naturaleza, en el tiempo, que hace una poderosa llamada al alma y la impulsa a sumergirse en las fuerzas del Espíritu; a dejarse purificar por ellas y a participar de la Enseñanza Universal, el vivo conocimiento de Dios, que le eleva por encima de todas las limitaciones humanas; que le hace renacer de nuevo cual ave fénix.

Así, la muerte comprendida como cesación vital del ser, deja de manifestarse como la aniquilación de los elementos combinados, pasando a ser, en forma mucho más precisa, la ruptura de las uniones energéticas entre sus elementos. Hablamos, por tanto, de un cambio de estado, de un salto cuántico.

Hacemos referencia a un espacio, el lugar de encuentro del alma con el Espíritu, que simboliza el Grial:

Dado el componente simbólico del Grial, intentar establecer su naturaleza, partiendo de aspectos o expresiones que hacen referencia a una realidad que posee una carga claramente anclada en postulados inmersos en conceptos religiosos partidistas, no es tarea fácil. Es por ello por lo que debemos realizar un esfuerzo de aproximación a la realidad vivencial que representa el Grial, desde un plano totalmente diferente, cualitativamente distinto.

Es muy importante que nos acerquemos a los diferentes aspectos que comprende la manifestación del Grial:

Cuando se hace referencia a el castillo del Grial, se está hablando de un lugar que sólo puede alcanzarse con el vuelo del espíritu. Un lugar que se encuentra en el espíritu.

Es un lugar inviolable frente a cualquier profanación. Su invisibilidad simboliza su inaccesibilidad. Su alejamiento vital respecto del mundo corpóreo, físico. Por ello, acceder a él significa atravesar los límites materiales y entrar en conexión con la Luz del Espíritu, de Dios.

Las pruebas que afrontan los caballeros, los buscadores de la verdad son pruebas espirituales; son experiencias más allá de los límites de la conciencia corriente. Significan superar una crisis; llevar a cabo una empresa difícil y arriesgada. Un “peligroso combate”.

El “viaje” a ese lugar es -esencialmente- un viaje interior a un mundo habitualmente cerrado al ser humano. Un viaje iniciático. Es el camino hacia la sabiduría, hacia la eternidad. Es el Santo Grial.

En definitiva, recogiendo las palabras magistrales del insigne místico y maestro de la enseñanza de la Sabiduría Universal, Juan de la Cruz:

«Entreme donde no supe

y quedeme no sabiendo,

toda ciencia trascendiendo…»

La búsqueda del Grial es la realización del sentido esencial de tu vida. Por ello, como culmen de nuestra exposición, dedicarte las siguientes palabras:

«Has elegido sabiamente. Pero el Grial no puede pasar más allá del Gran Sello. Ése es el límite y el precio de la inmortalidad» Película Indiana Jones y la última cruzada.

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