Corría el siglo VIII y, tras la invasión musulmana de España, la relación entre cristianos, judíos e islamitas comenzó con una aparente consideración de los invasores para con los invadidos. Desde luego, nada que ver con esa arcadia de la España de las tres culturas que presenta la progresía nacional actual con denuedo, y poco conocimiento sobre lo que en realidad sucedió. Aun así, los musulmanes tuvieron cierta consideración con los dimmies, o protegidos, por ser religiones monoteístas anteriores al islam y por tener “algo de verdad revelada”. La protección nunca equiparó a los musulmanes con los cristianos y, siempre estuvo supeditada a profesar respeto por el islam, el pago de impuestos, el no hacer manifestaciones públicas del cristianismo y a no impedir la conversión al islam a quien quisiera hacerlo. Esta situación se extendió razonadamente hasta el siglo IX, durante el emirato de Córdoba principalmente y siempre partiendo de una desigualdad, ya que, el dimmí no pudo participar del régimen político y fiscal del seguidor de Mahoma.
Todo estuvo regulado por las autoridades musulmanas hasta el punto de que ellas se reservaban el privilegio de aprobar el nombramiento de los obispos y arzobispos. Esta aparente tolerancia, no se correspondía con la realidad, por un aspecto fundamental. Los ulemas se dieron cuenta de que entre los musulmanes se estaban empezando a notar ciertas desviaciones de origen cristiano, al contrario también pasaba, que podrían poner en peligro el credo del islam. Desde ese momento, la situación de los mozárabes cristianos cambió de forma radical.
En la actualidad, señor Sánchez, el ir de dimmí por la vida es un anacronismo absurdo, cateto e irresponsable. He de recordarle que el grupo terrorista Hamas, ese que le felicita a usted por no apoyar a Israel y, ahora por decir no a la guerra, sigue enseñando a sus fieles que hay que recuperar al-Ándalus como el centro del califato de Córdoba que fue. Lo que no sabrán es que se escindió totalmente del califato de Damasco y se hizo independiente, cosa que tampoco conocerá usted señor Sánchez.
Toda persona, en su sano juicio, está en contra de cualquier conflicto, más aún si es armado. Emplear el ¡no a la guerra! como eslogan, es tan retrógrado y falto de compromiso que avergüenza. En el año 2015 el actual Secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, ya advertía del peligro de dejar que Irán se estuviese armando hasta los dientes, con el riesgo añadido del desarrollo de la bomba atómica, cosa que en verdad estaban haciendo. Es más, el ayatolá Rafsanyaní, ya había postulado la siguiente declaración:
“Con nuestra bomba atómica mataremos los cinco millones de judíos de Israel, y aunque Israel pueda enviarnos bombas de respuesta, sólo mataría a quince millones de iraníes, cifra despreciable ante los mil trecientos millones de musulmanes que somos en el mundo”.
¿Le parece adecuada la declaración señor Sánchez? Esto lo dijo el ayatolá en los años noventa del siglo pasado y, desde entonces el odio de Irán hacia los israelíes, y a Occidente en general, no ha parado de crecer. Que la guerra haya empezado ahora no es casualidad, al margen de las improvisaciones y contradicciones a las que nos tiene acostumbrados el señor Trump, pero eso es propio de otro debate. También me parece obligado de reseñar, el hecho de que el régimen iraní, ante las protestas de su pueblo, totalmente subyugado, asfixiado y machacado, que se ha sublevado en las calles pidiendo libertad, haya sofocado estas iniciativas de forma taxativa ¿Cuántos asesinatos se han producido en los últimos dos meses en Irán? Se cuentan por decenas de miles. ¿Este pueblo no es digno de ser ayudado?
Voy a exponer algunos de los pretextos, porque no son otra cosa, que esgrime la izquierda como axiomas para no apoyar a los aliados en esta guerra, y después que cada cual saque sus propias conclusiones. El primer principio al que se agarran siempre es la defensa del Derecho Internacional. Está clarísimo que no tienen ni idea de los que el Derecho Internacional defiende, que según texto de la ONU ha de prestar el siguiente servicio: “El derecho internacional humanitario engloba los principios y normas que regulan los medios y métodos de combate, así como de la protección de la población civil, los combatientes enfermos y heridos y los prisioneros de guerra”. El Derecho Internacional lo primero que defiende es a las personas, no arbitra las decisiones entre países, es decir, regula los derechos y deberes de los individuos en el ámbito internacional. Cualquier tratado de paz en lo primero que piensa es en el ser humano, así ha sido desde el Tratado de Westfalia en 1648 que dirimió el fin de la Guerra de los 30 años, en la que estuvo España, le recuerdo; la declaración de París de 1853 o los Convenios de Ginebra de 1949 sobre el Derecho Internacional Humanitario. Luego señores socialistas y comunistas del gobierno, aludir al Derecho Internacional no hace más que desacreditarles, si aún se puede más.
Otros de los mantras de la izquierda es que España no participa en la guerra cuando lo hace a través de su pertenencia a la OTAN, le guste o no, a los miembros del ejecutivo y a sus adláteres neomarxistas y filoterroristas. Por mucho que diga el señor Sánchez que la fragata española va en misión defensiva, nunca ofensiva. No podría imaginar a nuestra estupenda fragata llegando a Chipre con el Imagine de John Lennon pasado de decibelios para enternecer al enemigo iraní. La excusa del pacifismo tampoco cuela, porque de ser así tampoco deberíamos estar prestando ayuda a Ucrania por la invasión rusa, ni deberíamos estar desplegados en todas las misiones que España tiene encomendadas con sus aliados de la OTAN, que, por cierto, suelen venir con el reconocimiento explícito sobre el buen hacer, la magnífica formación y la extraordinaria disciplina que muestran nuestros soldados en estos cometidos.
Nuestro gobierno también defiende otra de las soluciones más simplonas y pueriles que solamente podrían salir de la cabeza de nuestro ministro, y la de su jefe, de Asuntos Exteriores, el señor Albares: la solución diplomática. Me encantaría verle negociando con los ayatolás y con los líderes de Hamas una vía de diálogo encabezada por este adalid de la retórica y la habilidad mental que es nuestro ministro. El simple hecho de preparar una reunión de esa índole le llevaría a un estado de descomposición, diarrea, cólico o cagalera del que no podría recuperarse en semanas. Señor Albares, los cuentos navideños para cuando toquen, mientras tanto absténgase, por favor. Y otra cosa que se me olvidaba señor Albares, cuando usted apela a la legalidad internacional a través de la Carta de las Naciones Unidas, he de recordarle que de los cinco miembros permanentes que tiene el Consejo de Seguridad, dos son Rusia y China. Como usted comprenderá, no es lícito solicitar este servicio, cuando estos dos países se muestran más a gusto al lado de Irán que de los aliados occidentales ¿no lo cree así?
Por desgracia, esta guerra, como ha pasado con muchas otras cosas, la están utilizando de forma propagandística y con fines exclusivamente electoralistas, ya que es un tema sensible que llega al pueblo. Con la apariencia de ser gobernantes humanitarios rechazan la guerra, sin basarse en ninguna posición moral. Espero que el carácter desvergonzado de este abyecto gobierno que sufrimos, no les sirva para coger ni un solo voto. El fomento del antiamericanismo es tan estúpido que no hay por donde sostenerlo. Podrían contar a la población española las contrapartidas de su enfrentamiento con la democracia que lidera el mundo, en materia económica me refiero, aunque eso lo dejaremos para otro episodio. Pero dispuestos a elegir el país que lidera el mundo entre Estados Unidos y China, porque no hay más opción, me quedo con la primera.
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