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José Carlos Sacristán: «Reflexión a causa del revuelo levantado por el rey Felipe VI»

José Carlos Sacristán (Enraizados) 24 Mar 2026 - 17:41 CET
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Corría el año 1877 cuando las elecciones francesas fueron testigo de una encarnizada lucha entre los partidos de derechas, contrarios a la masonería, y los republicanos, radicales y socialistas. La victoria republicana fue considerada un triunfo de la masonería que podría ir seguido de una oleada anticlericalista feroz. En este contexto apareció Leo Taxil, masón, miembro del Gran Oriente, que se había hecho conocer por escribir libelos y pasquines publicados por la Liga Anticlerical. En 1879 publica su primer libro, «Abajo el clero”, cuyo contenido injurioso le llevó a ser procesado, pero salió absuelto. En 1881 publica, “La secreta vida amorosa de Pio IX”, con el papa ya muerto un año antes.

Ante esta situación el papa León XIII promulgó una bula en la que indicaba que los masones eran seguidores del Maligno. Pero ante la sorpresa de todo el mundo, Taxil anunció que se había arrepentido y, además, que se convertía al catolicismo. Comenzó a escribir libros y panfletos contra la masonería, a la que conocía muy bien, mostrándola como una sociedad secreta y que profesaba culto a Lucifer. El mismo papa León XIII, le felicitó por su labor recibiéndole en audiencia personal.

Taxil prometió desvelar argumentos nuevos sobre la masonería en la Sociedad Geográfica de París del año 1897. La expectativa era tremenda y, ante el asombro de los presentes, confesó que su postura durante los últimos años había sido una farsa total, una impostura documentada y preparada. Se retractó de todo lo que dijo en contra de la masonería, dejando clara la estafa que había cometido contra la iglesia católica, con la intención de dejar en evidencia a la Iglesia, incluido al papa.

Con este antecedente, me dirijo a nuestro rey Don Felipe VI, para intentar aclarar la cuestión que  sacó a relucir durante su visita al Museo Arqueológico Nacional hace pocos días. Leo Taxil, no fue más que un estafador, al igual que lo es nuestro funesto presidente, Pedro Sánchez. Lo que el monarca dijo es lo siguiente: “Los Reyes Católicos, la Reina Isabel, con sus directrices, las Leyes de Indias, con todo el proceso legislativo, hay un afán de protección, que luego la realidad es que no se cumple como se pretende y hay mucho abuso”. He de decirle a nuestro rey, y se lo dice un monárquico convencido, que después de lo que España sufrió con las dos repúblicas, no hay otra opción mejor que la Monarquía para un país como España, por tradición y por realidad. Pero, si como parece, estas declaraciones suyas han sido pactadas de forma previa con la presidencia del gobierno, no ha podido cometer un error más ingenuo, porque de una banda de estafadores profesionales no podrá sacar nada bueno. No sé si habrá sido para que en la próxima Cumbre Iberoamericana, que se celebra este año en Madrid, venga Méjico, si es así, puede que ofenda a otros países que no aceptan a una presidenta de Méjico comunista, masónica y vete tu a saber cuántas cosas más.

Fíjese si los Reyes Católicos tuvieron cuidado en el bienestar de los indios, que el primero que vino con los grilletes puestos en su tercer viaje a América fue Cristóbal Colón por intentar cometer abusos. Desde ese momento, los Reyes Católicos, con especial interés de la Reina Isabel, decidieron que los territorios conquistados fueran Virreinatos, no colonias, de modo que se convertían en una extensión de las provincias españolas. Solo hay que leer el Testamento y Codicilo de la Reina Católica para comprender el amor y el cariño con los que se refería a los indios, obligando a crear un código de protección a favor de los mismos.

Cuando Hernán Cortés conquista México, el nuevo territorio se llama Nueva España, porque era España. El mismo Cortés lo primero que pide a la Reina es que le mande frailes para evangelizar. España entró en América con la Cruz en la mano y liberó de la esclavitud a una gran cantidad de pueblos que estaban siendo sometidos y aniquilados por los mexica (aztecas). Luego España, llevó la civilización y creó Méjico que no existía. Implantamos colegios y universidades, misiones, iglesias y catedrales. El colegio San Pablo de Lima, en el año 1765, tenía  40.000 volúmenes, en esos mismos años la universidad de Harvard no superaba los 4.000. En este mismo colegio, los jesuitas crearon un laboratorio de investigación desde el que se difundió la quinina, “la corteza jesuita”, que se utilizó para curar la malaria, bajar la fiebre, cicatrizar heridas y úlceras. Ni le cuento la importancia que tuvieron las misiones jesuíticas guaraníes, como ejemplo de evangelización y civilización para aquellos indígenas. Como complemento a lo dicho, me parece muy reseñable el hecho de que los españoles no impusimos nuestra lengua, los misioneros aprendían la lengua origen para, así, poder lograr su labor evangelizadora de forma eficaz y pacífica. Como muestra de esto, tenemos que se escribieron las gramáticas del Náhuatl en 1531, la del Quechua en 1560 y la Guaraní en 1639. La gramática inglesa no se escribió hasta 1586.

Continuo con lo dicho por nuestro monarca, que en verdad hubo Leyes de Indias pero que no se cumplieron. Lo siento, pero no puede estar más equivocado. Como antes dije el primer testimonio fue el encarcelamiento de Colón, seguido por el Codicilo de la Reina, al que siguieron las Leyes de Burgos de 1512 (los indios son hombres libres y se regula el trabajo) y la Leyes Nuevas de 1542 (se prohíbe la esclavitud y se establece mayor control sobre el trabajo). Aún así, y como la mayoría de las leyes estaban siendo promulgadas por clérigos, el carácter ético de las mismas fue fundamental. Así se pudo ver en el célebre debate que tuvo lugar entre Bartolomé de Las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda en Valladolid en el año 1550. Debate que se hizo a instancias del rey Carlos I, quien paró la conquista, ante la denuncia de Las Casas por los posibles abusos contra los indios.

De Las Casas era partidario de una evangelización pacífica para, de esta forma, legitimar la conquista sin violencia. Sepúlveda esgrimía que para someter a los indios al Derecho Natural, de forma previa, tenía que desarrollarse un mínimo de civilización; una vez conseguida, con afabilidad se les impulsaría a adoptar el Derecho Natural, es decir, cuando hubiesen abandonado la idolatría y los sacrificios humanos. De este modo, tendrían la preparación necesaria para aceptar la doctrina de Cristo. Sepúlveda admitía que el empleo de cierta violencia se vería provocado por el estatus incivilizado del indígena. Entre ambas posturas se erigió la figura de Francisco de Vitoria, quien no defendió “la guerra justa” de Sepúlveda, al menos como primer recurso, primando la conquista tutelar y pacífica.

Así transcurría en España el debate para mejorar la vida y aumentar la protección de los indios. Me parece que ningún país del mundo, ni ningún imperio nunca puso un empeño parecido. Por este motivo la conquista de Méjico es un hito incomparable en la Historia de la Humanidad. Y para acabar con la legislación que desde España se dio para favorecer la conquista evangelizadora y humanitaria, me remito a la Recopilación de la Leyes de los Reynos de las Indias mandado hacer por el rey Carlos II en 1791. La obra consta de tres tomos en los que se pueden ver la cantidad de tratados, regulaciones y leyes que se hicieron en favor de aquella fabulosa misión.

Reitero que lo dicho hasta ahora, es esgrimido por un monárquico, muy ofendido eso sí, por el imperdonable desliz de nuestro rey Felipe VI, al que he de reconocer multitud méritos en la época que le ha tocado gobernar, y con el gobierno que tiene que soportar. Precisamente por esto último, a Pedro Sánchez no se le puede dar un soplo de aire, porque, además, le va a engañar igual. De forma materialista, no se le puede pedir nada como contrapartida porque de antemano se sabe que no lo va a cumplir, entonces ¿a qué viene esta declaración de un monarca inteligente y formado?. Para enredar más el tema, ahora el debate está en que el rey en realidad no dijo lo que en realidad dijo. Eso ya da igual, el daño está hecho, pero siempre hay tiempo para la rectificación. Porque además, es fácil interpretar acciones de hace cinco siglos con la visión actual, pero es un error garrafal, en el siglo XVI no existía la democracia, las cosas eran de otra manera, por eso tienen más valor todavía, las acciones que tomaron los Reyes Católicos, los Austrias y la encomiable Escuela de Salamanca.

Su antepasado, el rey Carlos III promulgó la expulsión de los jesuitas en el año 1767, convencido por ministros anglófilos que actuaban bajo los tentáculos de la masonería. Vivió el resto de su vida arrepintiéndose de lo que hizo, porque además era católico. Espero que a nuestro rey no le pase lo mismo, por eso, hay que enmendar los errores cuando se está a tiempo.

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