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Hay personas que dicen que buscan a Dios, pero que no lo encuentran. Y lo dicen como si Dios fuese algo que se pierde, o se encuentra.
Somos nosotros los que podemos estar perdidos, y, obviamente, si realmente deseamos hallar a Dios, primero debemos de encontrarnos a nosotros mismos.
Aunque a veces es Dios quien se nos muestra, y es entonces cuando nos damos cuenta que siempre ha estado a nuestro lado, aunque en nuestra cerrazón fuésemos incapaces de verlo. Ese fue el caso del concertista universal, Narciso Yepes.
Así lo narraba, el propio músico, en una entrevista realizada por la periodista Pilar Urbano:
«Mi vida de cristiano tuvo un largo paréntesis de vacío, que duró un cuarto de siglo. Me bautizaron al nacer, y ya no recibí ni una sola noción que ilustrase y alimentase mi fe… ¡Con decirle que comulgué por primera vez a los veinticinco años! Desde 1927 hasta 1951, yo no practicaba, ni creía, ni me preocupaba lo más mínimo que hubiera o no una vida espiritual y una trascendencia y un más allá. Dios no contaba en mi existencia. Pero… luego pude saber que yo siempre había contado para Él. Fue una conversión súbita, repentina, inesperada… y muy sencilla. Yo estaba en París, acodado en un puente del Sena, viendo fluir el agua. Era por la mañana. Exactamente, el 18 de mayo. De pronto, le escuché dentro de mí… Quizás me había llamado ya en otras ocasiones, pero yo no le había oído. Aquel día yo tenía «la puerta abierta»… Y Dios pudo entrar. No sólo se hizo oír, sino que entró de lleno y para siempre en mi vida».
Nota: La música del maestro Yepes fue banda sonora del filme de René Clément, “Jeux interdits”, (Juegos prohibidos), estrenada en 1952.
La imagen pertenece a un fotograma de la película “Juegos prohibidos”.
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