El despliegue masivo de la Inteligencia Artificial (IA), los robots para todo tipo de tareas manuales y la automatización de determinadas funciones tendrá que obligar a los países a cambiar los sistemas fiscales para no convertir a los ciudadanos en pobres de solemnidad y al menguante Estado del bienestar en un recuerdo en los libros de historia.
El propio Bill Gates, en una entrevista en el Australian Financial Review, ha declarado que el impacto que están teniendo estas tecnologías en el empleo exige una reflexión: “Si la IA sustituye a trabajadores humanos, ¿debería cotizar y pagar impuestos como lo hacen los empleados de carne y hueso?” Y Xavier Ferrás, decano asociado de MBA de Esade, añade en un reportaje en ABC Empresas, que “si las personas no tienen rentas del trabajo no pueden consumir, por lo que en el futuro será necesario algún tipo de elemento contributivo: una tasa a la hiper automatización que permita generar algo así como una renta básica universal”.
Si toda esa tecnología acaba con el trabajo humano, tanto menestral como intelectual, los sindicatos se quedarán sin clientes y desaparecerán, a no ser que hagan socios a los robots y éstos contribuyan con sus cuotas y salven las subvenciones millonarias que reciben de los distintos Gobiernos. Por ello, el secretario general de la socialista Unión General de Trabajadores (UGT), Pepe Álvarez Suarez, ha sido uno de los primeros en proponer que la automatización y los robots coticen a la Seguridad Social y paguen impuestos para alimentar las arcas del Estado y mantener las pensiones, la sanidad, la educación,… “Estamos de acuerdo en que la riqueza que genera la automatización, la IA o la robótica se reparta de forma justa, puesto que una destrucción sistemática y generalizada de empleo supondría un fuerte deterioro de la economía. Los principales afectados serían las personas trabajadoras y nuestro sistema de pensiones públicas”.
Para otros, por el contrario, gravar la tecnología sería un gran error. Enrique Dans, profesor de Innovación y Tecnología en IE Business School, subraya que “poner impuestos a los robots parte de una visión profundamente equivocada de la innovación tecnológica. Históricamente cada avance importante ha destruido determinados empleos y creados otros nuevos, normalmente más productivos. Pretender penalizar la automatización es como haber querido gravar el tractor para proteger a los agricultores que trabajaban con mulas. La tecnología aumenta la productividad, y eso genera beneficios, crecimiento y, por tanto, más recaudación fiscal por las vías tradicionales: IVA, rentas del trabajo derivadas de nuevas actividades, etc. Si una empresa gana más dinero gracias a la automatización, ya pagará más impuestos”.
La polémica está servida, mientras el paro aumenta y el Estado de bienestar se desinfla a la espera de una decisión que debe ser internacional y consensuada. En el entretanto, Meta ha despedido a 8.000 trabajadores, el 10% de la plantilla; Microsoft ha lanzado un plan de bajas voluntarias para 8.750 empleados, el 7% de su personal en Estados Unidos; en Oracle, que no ha publicado datos oficiales, se estima que entre 20.000 y 30.000 personas se han quedado sin sus puestos, y Cisco Systems ha anunciado despidos a 4.000 trabajadores. La cuenta crece.
JORGE DEL CORRAL Y DIEZ DEL CORRAL
Más en Columnistas
CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL
QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE
Buscamos personas comprometidas que nos apoyen
CONTRIBUYE
Home