¿Cuántas mentiras tendrán que pronunciarse antes de que se nos diga una sola verdad?
¿Cuántas plagas más tendrán que devastar nuestros solares, para que por fin los españoles entiendan que estamos bajo un ataque contra nuestra Patria dirigido por Satanás?
¿Cuántas traiciones más deben devastar todavía España, para que los españoles comprendamos que desde el año 75 la dictacracia no ha sido una conspiración para destruirnos?
¿Cuánta ruina más, cuanta destrucción, cuántas mentiras más necesitará el pueblo español para saber que la “democracia” no nos ha traído sino caos, degradación, corrupción, crisis y amenazas a nuestra existencia como país?
La respuesta, españoles, está soplando en el viento. La respuesta está soplando en el viento.
¿Cuántas demostraciones más tendrá que hacer la supuesta “derecha” española de que no es cobarde, sino cómplice de la izquierda en la conspiración contra nuestra Patria?
¿Cuánta ineptitud tienen que demostrar todavía nuestros políticos? ¿Cuántas corrupciones más? ¿Cuántas traiciones más a la Patria serán necesarias antes de que el pueblo español no conceda ni un solo voto a ningún gobierno, del color que sea?
¿Cuántas elecciones más serán necesarias para que entendamos de una vez que todas son colosales pucherazos?
¿Cuántas pruebas más necesitan los españoles, antes de comprender que la mafia plutocrática está ejecutando un siniestro y macabro plan diseñado por la élite globalista cuyo objetivo es dinamitar España, para culminar de una vez lo que no pudieron lograr en el 36?
La respuesta, españoles, está soplando en el viento. La respuesta está soplando en el viento.
¿Cuántos impuestos más tendrán que imponernos, antes de que nos demos cuenta de que su intención no es mantener ningún servicio básico con ellos, sino robarnos nuestros bienes?
¿Cuántos ataques más de los antidisturbios tendremos que aguantar, para hacernos entender que las fuerzas de seguridad no nos defienden a nosotros, sino a ellos?
¿Cuántas perfidias más de la Unión Europea tendremos que soportar, antes de que comprendamos que sus gerifaltes desean también la destrucción de nuestra Patria?
La respuesta, españoles, está soplando en el viento. La respuesta está soplando en el viento.
¿Cuántos abortos más ―ya vamos por 90.000 al año― serán necesarios antes de que se comprenda de una vez que no existe el derecho de matar, sino el derecho de vivir?
¿Cuántos españoles serán eutanasiados antes de que comprendamos que son asesinatos de Estado?
¿Cuántas capillas tendrán que asaltar las gorgonas femens, antes de que un juez haga caer sobre ellas todo el peso de la ley?
¿Cuántas blasfemias más serán necesarias para que la Iglesia española denuncie siquiera una de ellas? ¿Cuántas cruces tendrán que ser derribadas para que la jerarquía católica defienda aunque sea una de ellas?
La respuesta, españoles, está soplando en el viento. La respuesta está soplando en el viento.
¿Cuántos incendios más tendrá que haber para que los españoles tomen conciencia de que estamos gobernados por el emperador de las cenizas?
¿Cuántos inmigrantes más tendrán que venir a España antes de que comprendamos que ya son demasiados?
¿Cuántas estelas químicas más tendrá que haber en el aire antes de que todo el mundo entienda que estamos ante una guerra climatológica?
¿Cuántas ondas electromagnéticas tendrán que dispararnos desde sus maléficas torres, antes de que comprendamos que son un arma de control, de enfermedad y lobotomización?
¿Cuántas restricciones a los coches tendrán que imponernos, para que tomemos conciencia de que no quieren salvar el Planeta, sino encerrarnos en ciudades distópicas?
La respuesta, españoles, está soplando en el viento. La respuesta está soplando en el viento.
¿Cuántos millones de muertos más ―ya van por 110― necesita el comunismo, para que todo el mundo admita que los rojos han sido los mayores carniceros de la Historia?
¿Cuántos artículos más tendré que escribir, antes de que la mafia satánica antiespañola se hunda para siempre en un mar ignoto, como se hunden los galeones tras singladuras borrascosas, con timones rotos y velas destrozadas?
¿Cuántos mares tendremos que surcar todavía, antes de que un tsunami arrollador se lleve a la progresía antiespañola a los abismos del Tártaro y a las infernales cavernas de donde ha salido?
La respuesta, españoles, está soplando en el viento. La respuesta está soplando en el viento.
¿Cuántas banderas españolas tendrán que ser desgarradas, cuántas tendrán que arder en las piras secesionistas, cuántas tendrán que ser retiradas de los balcones, para que por fin los españoles las defendamos todos a una?
¿Cuántas veces tendremos que aguantar que sea silbado el himno español, mientras los rojos cantan sus internacionales puño en alto?
¿Cuántos terroristas tendrán que pasearse por nuestros hemiciclos y tertulias, abrazados a los rojos, antes de que entendamos que están en contubernio para destrozar nuestro país?
La respuesta, españoles, está soplando en el viento. La respuesta está soplando en el viento.
¿Cuántas derrotas tendremos que infligir a los lacayos de Satanás para que entiendan que, aunque combatan como nunca, perderán como siempre?
¿Cuántas oraciones tendremos que rezar para que Dios envíe a España legiones angélicas que derroten para siempre a las hordas del Averno?
¿Cuántos vientos tendrán que soplar sobre nuestra Patria, antes de que al menos uno de ellos ―huracanado, justiciero y devastador― se lleve a la tierra de «nuncajamás» toda esta hojarasca mugrienta de la progresía, toda esta morralla oxidada, toda esta inmensa montaña de detritus, tantas y tantas toneladas de escombros que amenazan la supervivencia de nuestra nación?
¿Cuándo se pondrá España en pie, despierta por fin de esta horrible pesadilla, y hará que esta amenaza a la existencia de nuestra Patria sea un mal recuerdo, hasta que las élites satánicas sean solamente un «Gone with the wind»: «Lo que el viento se llevó».
La respuesta, españoles, está soplando en el viento. La respuesta está soplando en el viento.
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