Desde que en 1985 se acabó cualquier atisbo de la clásica separación de poderes, ahora se está viendo tambíén de modo muy patente el contubernio de algunos elementos con la más acreditada plutocracia. Y de qué modo se están integrando en nuestro sistema los mayores adelantos imaginados por nuestros más grandes visionarios.
Así el gran Enrique Jardiel Poncela, quien redactó en su momento un lúcido “proyecto de reforma del programa de oposiciones a la judicatura”.
En él pretendía recoger e introducir los últimos avances de las ciencias jurídicas en los procesos de selección de nuestros jueces. La idea se la había dado la eminente reforma legislativa de Viena por la cual sólo podrían dictar sentencias en las causas de atropellos de automóviles los que dispongan de carnet de conducir. Disposición que representaba para Jardiel el colmo de la sabiduría y de la previsión.
- Pero, se preguntaba nuestro gran humorista,
- “…¿sólo han de necesitar conducir los que entienden en asuntos de atropellos de automóvil?…yo haría extensivo el acuerdo a los restantes problemas jurídicos.
- Para juzgar una cosa debe conocerse a fondo. Esto es tan ético, que parece mentira que no se haya caído en ello antes.
- Y por eso mismo debe extenderse a lo demás. Y el juez que tenga que juzgar a un ladrón debe ser un hacha robando. Y el que juzgue a un criminal debe saber matar con absoluta limpieza, y el que haya de verse en el trance de juzgar un adulterio tiene que haber sido adúltero, por lo menos veintiocho veces….
- ….hay que reformar el programa de las oposiciones a la Judicatura.
- En adelante, además de las materias doctas y prácticas que para estas oposiciones se exigen, tendrían que figurar en ellas materias nuevas. Por ejemplo:
- Veintiocho temas de robo a mano armada
- Cuarenta y cinco temas de asesinato en cuadrilla y doce de asesinato individual
- Veinte temas de adulterio reiterado
- Cuarenta temas de chantaje a sociedades constituidas, etc.”
El agudo lector habrá comprobado si la proposición poncelana se ha adaptado ya al signo de estos tiempos de modernidad. O acaso se hará pronto con gran éxito y eficacia, pues como dice nuestra sabia constitución, la Justicia se administra en nombre del Rey.
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