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Talismán del PSOE, redentor de la crisis

Funambulismo zapateril

José Blanco es un perfecto “ejemplo” del sectarismo del Gobierno

Antonio Pérez Henares 22 Feb 2010 - 09:51 CET
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Lamento profundamente no haber ingresado en la recién fundada ,pero muy potente, cofradía periodística que loa la ascensión a los altares de don José Blanco. No quedamos dos sin convertirnos a la fe “pepiña”, pero como, por lo leído, el otro es Ignacio Camacho me siento gratamente acompañado. Mas allá de en las diosas y vírgenes ibéricas, con la bética Esperanza de Triana a la cabeza, uno cree en tan poco que es mucho esfuerzo el dar por hecho milagroso, pues como tal habría de entenderse, la transmutación del “Pato Pepiño” en el “Cisne Blanco”, esplendorosa ave cargada de sabiduría, elegancia, virtudes todas y actividades varias. He ahí al talismán del PSOE, al báculo de Zapatero, al nuevo estratega infalible del Gobierno, al redentor de la crisis.

Pues no me lo creo.

No negaré que el tipo es hábil y muy avezado representante de esa casta política, cuyo único aprendizaje y mejor bagaje es la capacidad de enredo, cabildeo y medro por partidos y poderes. No negaré su lengua afilada para la consigna cuyo único fin el enfebrecer a la “barra brava” propia vituperando a la contraria. No negaré su acierto en poner coto, y sacar enorme rédito propagandístico, a los privilegios de los controladores. Ni negaré que, tras la inepta y avinagrada Maleni Álvarez, haya sosegado ánimos y se estén haciendo vías. Ni siquiera negaré que haya sido “descubierto” por la Aguirre.

Pero es que tales “valores” , como el ser espejo de esa casta que apesebra y enchiquera a la política o el haber suplantado las ideas y el pensamiento por la parroquia y la sigla para así fijar barreras de emociones y hasta odios, son precisamente los que están envileciendo a la política y empobreciendo y haciendo retroceder a la propia ciudadanía española.

En cuanto a sus aciertos como ministro de Fomento quedan de inmediato solapados ante su presunción, ¡hay que oírlo hablar!, de sentirse el único que parece haberlo sido, y esto desde la Restauración y la II República, Don Inda incluido, y desde luego el exclusivo entre todos con visión y comprensión de lo que debe hacerse con la Obra Pública en España. ¡Que vanidad, Dios mío, desprende el personaje!. Cuando se pretende humilde es cuando más se le nota.

José Blanco es un perfecto “ejemplo” del político de nuestros días españoles y más en concreto del núcleo duro de funambulismo zapateril y su sectario y férreo buenismo. No me extraña que prospere. Nadie lo duda que hoy tras Zapatero es quien más manda en el partido y ya también en el Gobierno. No se discute ni su ascenso ni su poder. Son evidentes. Pero si digo, a los cofrades y conversos a su “fe”, que el poder sólo es poder, aunque su “erótica” y su fulgor hagan parecer más altos, más guapos y hasta inteligentes a quienes lo detentan. Mientras lo detentan, añado. Y advierto si me dejan, que la ambición del personaje, llegado aquí, no acaba. Y que aquello por lo que protesta con mohines de desagrado y untuosas humildades es en realidad lo que, ocultamente, con más ansia desea.

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