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La propaganda domina la importancia del contenido

Mucho escenario para poca obra

No se arregla cambiando al secretario de Estado de Comunicación

Carlos Carnicero 05 Mar 2010 - 09:55 CET
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El pacto, de ser una quimera, una ensoñación, un deseo, se ha convertido en un mercadeo de materia menor; no es que estén mal las medidas que se apuntan, pero para conseguir relanzar la construcción mediante la protección a la rehabilitación de viviendas o conceder créditos blandos al margen de la avaricia de los banqueros, no hacía falta un acuerdo de estado.

La democracia también son símbolos y liturgias. Los Pactos de La Moncloa tuvieron su escenografía y su contenido; no es que hagan falta ahora, porque entre otras cosas, la democracia en España está apuntalada y entonces, no. Lo que ocurre es que tantas fotografías en el Palacio Zurbano crean expectativas de boda de altura, y aquí no va a haber tanto que celebrar cuanto que cada uno de los principales partidos lo que quiere es salvar los muebles de su propia imagen.

La imagen, la propaganda, la comunicación está dominando la importancia del contenido. Y es en ese marco en donde hay que observar el cambio en la Secretaría de Estado de Comunicación. No digo que el gobierno no tenga un problema en la forma en la que informa a la opinión pública; pero su principal problema es la coordinación de sus miembros y, sobre todo, la definición de sus proyectos. Y eso no se arregla cambiando al secretario de Estado de Comunicación.

Vamos a asistir a dos meses de reuniones para poca cosa y los nacionalistas, con buen criterio, como casi siempre en los últimos tiempos, han pedido que se cambie el escenario y se adecué a la obra. Porque lo mismo que Aída no se puede representar en un patio de colegio, una obra de adolescentes no se permite el Teatro Real.

El ejemplo griego empuja en muchas direcciones. La primera, a visualizar a donde no hay que llegar para no tener que actuar como el gobierno heleno. Y la segunda: ya está bien que la crisis la paguen los de siempre. En todo caso, aquí tal y como están las cosas y cómo respira la patronal, puede pasar de todo.

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