La primera y más importante regeneración que necesita la sociedad española es que sus representantes políticos digan la verdad. Sorprende hasta qué punto la mentira no ha tenido coste alguno ni electoral ni político entre la ciudadanía. La mentira sistemática a conveniencia ha sido el marchamo de los pasados siete largos años que afortunadamente hemos dejado atrás.
En países como los Estados Unidos un cargo público pierde su puesto si es sorprendido en una falsedad, en Alemania hemos visto la dimisión de un ministro por plagiar unos párrafos en su tesis doctoral y más recientemente el cese de otro miembro del Gabinete en Gran Bretaña por endosarle una multa de tráfico a su mujer.
En España hace falta una limpieza total. En los gobernantes y en la oposición. Mariano Rajoy ha dicho que va al Congreso a decir la verdad y no a contarnos cuentos de los brotes verdes que tan ahítos nos tienen. Hace falta que Rubalcaba siga el mismo camino. Es la única forma de recuperar la credibilidad perdida.
No en vano desde junio pasado los políticos son percibidos en las encuestas del CIS como el tercer problema de los españoles fulminando todos los récords que se batieron en la década de los noventa durante los llamados años de la crispación. Que no se equivoque nadie, el valor de la verdad es el primero y más fundamental, sin él toda la arquitectura democrática es papel mojado.
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