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OPINIÓN / Robert Spencer

¿Fue Mahoma una invención para justificar el expansionismo árabe?

El aspecto político del islam precede a su faceta religiosa

08 May 2012 - 09:42 CET
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¿Por qué va a importar que Mahoma no haya existido? La versión aceptada de la crónica de los orígenes del islam se supone desde luego precisa históricamente. Si bien muchos no aceptan la afirmación que Mahoma fuera un profeta, pocos dudan de que haya existido un caballero de nombre Mahoma que a principios del siglo VII empezó a afirmar recibir mensajes de Alá a través del ángel Gabriel. Muchos de los que han visto mi nuevo libro, ¿Existió Mahoma? Una investigación académica del oscuro origen del islam, preguntan si importa en alguna medida que existiera Mahoma –después de todo, miles de millones de musulmanes están convencidos de que existió, y no van a dejar de estar convencidos por alguna investigación histórica–. Pero las numerosas indicaciones de que el relato estándar de la vida de Mahoma tiene más de leyenda que de hechos tienen en realidad considerables implicaciones para el panorama político contemporáneo.

He aquí unos cuantos de los puntos débiles del relato tradicional de la vida de Mahoma y los primeros días del islam:

¿Cómo dar sentido a todo esto? Si las fuerzas árabes que conquistan tanto territorio a partir del 630 no estaban movilizadas por las enseñanzas del nuevo profeta y la noticia divina que predicaba, ¿cómo llegó a surgir el carácter islámico de su imperio? Si Mahoma no existió, ¿por qué fue necesario inventarlo?

Cada imperio de aquella época tiene una religión propia. El Imperio Romano Bizantino era cristiano. Su rival Persia, en tanto, practicaba el zoroastrismo. El imperio árabe controló enseguida y necesito unificar enormes ampliaciones territoriales en las que dominaban distintas religiones. El imperio crecía rápidamente, rivalizando al poco tiempo con los imperios bizantino y persa en cuanto a tamaño y poder. Pero al principio no tenía una teología política atractiva que compitiera con aquellas teologías que iba suplantando al cristalizar sus conquistas. Necesitaba con urgencia de una religión común –una teología política que brindara los cimientos de la unificación del imperio y que asegurara la fidelidad al Estado–.

Hacia finales del siglo VII y principios del siglo VIII, los líderes del mundo musulmán empiezan a hablar concretamente del islam, de su profeta, y con el tiempo de su libro. Empiezan a circular las historias de Mahoma. Un profeta guerrero que justifica el agresivo expansionismo del nuevo imperio. Brindar excusa teológica a estas conquistas -.cosa que hacen el ejemplo y las enseñanzas de Mahoma– las sitúa más allá de la crítica.

Es el motivo de que el islam se desarrollase como religión tan marcadamente política. El islam es una confesión política: el reino divino es de este mundo, esperando la ira y el juicio divino no sólo en la otra vida sino también en ésta, juicio a ser cumplido por los fieles. Alá dice en el Corán:

En cuanto a los infieles, les castigaré con terrible agonía en este mundo y en el próximo. No tendrán ayudas ni salvación» (3:56).

Alá también ordena a los musulmanes emprender la guerra contra los infieles, los apóstatas y los politeístas (2:191, 4:89, 9:5 y 9:29).

Hay razones de peso para llegar a la conclusión de que Mahoma, el mensajero de Alá, aparece solamente después de que el imperio árabe estuviera firmemente asentado y justifica una teología política que lo sustenta y lo unifica. Mahoma y el Corán cimentaron el poder del califato omeya y más tarde el del abasí.

Esto no son especulaciones académicas. El mundo no musulmán puede verse ayudado significativamente en su interpretación de la amenaza de la yihad global –interpretación que ha brillado por su ausencia hasta durante el apogeo del 11 de septiembre de 2001– a través de un examen cuidadoso y sin prejuicios de los orígenes del islam.

Hay un gran debate en la actualidad en Estados Unidos y Europa Occidental en torno a la naturaleza de la ley islámica; legislaciones anti-sharia han sido propuestas en 20 estados por lo menos, y en un estado –Oklahoma– se votó a favor de prohibir la ley islámica en noviembre de 2010, aunque ese código fue revocado rápidamente como violación de la libertad religiosa de los musulmanes. Otros se han resistido con éxito apoyándose en los mismos motivos.

Si se entiende que la faceta política del islam precede a su faceta religiosa, eso puede cambiar. Pero sólo sucederá si una cifra suficiente de personas están dispuestas a llegar adonde la verdad puede llevarles.

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