Mucho lamentarnos de que este país dependiese de la Merkel, de Mario Draghi, de Bruselas, de los dichosos mercados, y ahora resulta que su presente y su futuro depende de un simple y anónimo grafólogo.
Algo muy grave debe estar pasando en España, de repente, cuando ha dejado de crear expectación el interés al que colocamos las “letras del Tesoro” y todo el personal está concentrado en la letra de un tesorero.
Ya ha dicho la Cospedal, que lleva un horror haciendo honor a su nombre de pila, que “el Partido Popular niega rotundamente que esos papeles se correspondan con la contabilidad del PP”. Se puede decir más alto, pero es imposible dejarlo menos claro.
Ahora, si esos papeles existen, si la letra es de Bárcenas, si aparecen testigos afirmando que a veces veían sobres, como el niño de “el sexto sentido” aseguraba que a veces veía muertos, a María Dolores de no sé qué le queda menos porvenir que a la Avenida de los Duques de Palma, ¿de los duques de qué?
Porque, no nos engañemos, a la señora Secretaria General de la cosa Popular la solución provisional que se ha sacado de la manga se le puede convertir en un problema. Si el disco rayado Popular resulta que tiene cara B, ¿qué coño importa que la cara A sea “única, clara, transparente y limpia”? ¿Hasta ahí podrían llegar la bromas en ingeniera contable, mujer! Todas las caras A de las empresas que graban clandestinas caras B, son inmaculadas mientras los inspectores de Hacienda no demuestran lo contrario.
ESPEJISMO DEMOCRÁTICO
¡Ahí tienes, pues, a los españoles! Treinta y cinco años después de haber iniciado su éxodo desde el franquismo a la tierra prometida de la democracia, se acuestan con la duda de si no habrán estado peregrinando por el desierto en dirección a un espejismo.
Han cruzado el “mar rojo” del trasnochado marxismo, han adorado el “becerro de oro” del pelotazo, han malgastado el maná de los fondos europeos y se les rompen a cachos las tablas de ley de la Constitución que pactaron sus partidos políticos en el Monte Sinaí de la transición.
Aceptaron los mandamientos de la Carta Magna: no matarás, no robarás, no mentirás, cosas así. Y resulta que, en tres décadas y media, han soportado gobiernos que han matado (terrorismo de Estado), gobiernos que han mentido y gobiernos cimentados en partidos políticos que han robado (fondos reservados, operaciones Campeón, casos Gürtel, ERES, trapicheos del Palau, evasión de capitales, imputados por todos los puntos cardinales ideológicos y geográficos).
Hubo un tiempo en el que este pueblo encomendó su espíritu en manos de partidos políticos. Un tiempo, ¡qué tiempo tan feliz y tan efímero!, en el que el personal ponía sus distintas y distantes complacencias en el PSOE, en el PP, en CIU, en el PNV, en IU, etc, convencido que la luna de miel entre el pueblo y los partidos iba a perdurar por las siglas de los siglos.
Hasta que fueron brotando las fértiles y exuberantes semillas del diablo, los tesoreros, los electores corruptores, les elegidos corruptos, los ingenieros de puentes sobre aguas turbulentas entre la sociedad civil y las castas políticas, los cómplices pasivos, los cómplices hiperactivos y los silencios de los corderos de una parte del pueblo que dejaba hacer, que dejaba pasar y aprovechaba las migajas que caían de las mesas de los banquetes del Poder.
¿PARTIDOS POLÍTICOS O SOCIEDADES ANÓNIMAS?
Habrá que seguir llamándoles partidos. ¡A ver qué remedio! Pero todos sabemos que se han convertido en sociedades anónimas. Que detrás de cada sigla de prácticamente todas las organizaciones políticas de nuestra democracia de cartón piedra, hay que añadir un S.A. Que ya no podemos elegir gobernantes, sino Consejos de Administración. Y todo ello en el fragor de una guerra civil mediática de ejércitos famélicos y estados mayores arruinados, que han dejado de luchar por la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.
Ahora, se lucha casa por casa, partido por partido, bomba trampa a bomba trampa, por la supervivencia mercenaria (por acción u omisión) con las armas de destrucción masiva del papel de periódico, los micrófonos o las cámaras de televisión.
A este país ya se le escapó vivo un “Señor X” de cuyo nombre es imposible no acordarse. Dos décadas después, por motivos distintos y distantes, se inicia una nueva sesión de caza mayor.
En pleno jaque al Rey, mientras suena un réquiem por el IBEX 35 y la tocata y fuga de Artur Mas, la peculiar España cañí ha soñado esta última noche con un “impeachment” a la española. Éramos pocos, teníamos pocos problemas y nos hemos puesto a sacar un Nixon genuinamente español de nuestra vieja chistera. Tenía razón Bill Clinton, oye. Al final siempre es la economía, idiotas.
Más en Política
CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL
QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE
Buscamos personas comprometidas que nos apoyen
CONTRIBUYE
Home