Lo que siempre pareció imposible, acaba de ser realidad: la Audiencia de Castellón ha condenado a cuatro años de cárcel al expresidente de la Diputación de Castellón, Carlos Fabra, por cuatro delitos contra la Hacienda Pública. Según informa el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana, la Audiencia de Castellón ha condenado también a la exmujer del expresidente de la Diputación a dos años de cárcel por dos delitos contra el Fisco. En cambio, la Audiencia ha absuelto a Fabra, al empresario Vicente Vilar y a la exmujer de éste, Montserrat Vives, de los delitos de cohecho y tráfico de influencias. También ha sido absuelto de este último delito el exsenador del Partido Popular, Miguel Prim.
Resumidamente, Carlos Fabra tendrá que pagar una multa de 693.00 euros e indemnizar a Hacienda en la misma cantidad por los cuatro delitos fiscales. Por su parte, su exmujer deberá pagar una multa de 274.000 euros. La Audiencia ha apreciado el atenuante de dilaciones indebidas. Como no podía suceder de otro modo, tras el fallo, Fabra ha anunciado que recurrirá la sentencia. También ha afirmado que se siente «muy satisfecho» por no haber sido condenado por cohecho y tráfico de influencias, y ha explicado que, «desde el punto de vista moral», esta sentencia es «muy importante», ya que del tema de «corrupción» del que se le acusaba ha sido finalmente absuelto. Fabra ha explicado que no posee el dinero para hacer frente a las multas que recoge la sentencia, -la referida indemnización a la Hacienda Pública de 693.074 euros y una multa por la misma cuantía-.
Cabe recordar que, durante el juicio, que se celebró el pasado mes de octubre a lo largo de diez sesiones en la Audiencia Provincial de Castellón, la defensa de Fabra trató de demostrar que los delitos fiscales podrían haber prescrito. No ha sucedido de ese modo, y ha insistido en que agotará las vías judiciales». Si se agotan estas vías y se mantiene la condena, «cumpliré como todo hijo de vecino, o como casi todo». «No se me van a caer los anillos», concluyó Fabra.
El ciudadano se siente un poco satisfecho porque, por fin, Fabra ha dejado de ser un intocable, un «ser superior». No se sabe si seguirá siendo un afortunado que pueda hacer lo que le viniera en gana, se supone que ya no, y a quien, por si fuera poco, le tocaba la lotería de vez en cuando. Eso sí, seguirá siendo un abuelito con aeropuerto propio…
Pero ahora, finalmente, pasa a ser un mortal condenable…, y en deuda con la Hacienda pública. Un ser corriente y alcanzado, como todos, por la ley y sus límites.
Más en Política
CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL
QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE
Buscamos personas comprometidas que nos apoyen
CONTRIBUYE
Home