Día de chascarrillos y dardos en uno y otro sentido en la madrileña Carrera de San Jerónimo. Los miembros del Gobierno y los diputados de la oposición han utilizado el 21 de enero de 2015 un amplio arsenal de pullas con las que tratar de ridiculizar e incluso humillar al contrario. No ha faltado el cachondeo generalizado con un Rajoy que, ufano por los datos todavía no anunciados del paro, ha dicho: «La EPA de mañana va a ser la que vamos a conocer el día de mañana».
El que ha parecido haberse levantado con el pie cambiado ha sido el ministro Montoro. Luciendo una corbata naranja FAES, que en las cámaras gigantes del Hemiciclo se veía de un tono distinto, se ha mostrado bastante cabreado con cualquier diputado que le ha preguntado. Desde la pregunta de Pedro Sánchez a Rajoy ha estado rumiando un rencor que ha sacado a relucir en su respuesta a la socialista Susana Sumelzo:
Lo que no incluimos en nuestro programa, ni de Gobierno ni cuando éramos oposición, era la demagogia. Como la que ha hecho el secretario general esta mañana, el señor Sánchez, cuando se ha referido a mi persona, y ha hablado de ‘filosofía Montoro’.
Ha insistido:
Jamás he pronunciado una frase como la que su secretario general ha referido a mí. Jamás. Usted no encontrará una grabación privada o pública.
Pero no sólo reservaba su rencor para Pedro Sánchez. Con Pedro Saura, también del PSOE, ha sacado a pasear su lado más chulesco:
Lo que no se merece el Grupo Socialista es un portavoz como usted, desde luego. Que vaya legislatura está haciendo.
El maltratado Saura había preguntado sobre la amnistía fiscal y la familia Pujol, aunque aprovechó, como otros miembros de la oposición para sacar a relucir al ex tesorero del PP: «El señor Bárcenas se va a ir de rositas fiscal y penalmente». En una línea similar, pero lanzándose a la yugular de Rajoy, se había expresado Pedro Sánchez. El escalador de blanca camisa había espetado al inquilino de La Moncloa:
Con su mensaje a Bárcenas de ‘Luis, sé fuerte’ usted lo clavó.
Pero Montoro dio para más. Lourdes Muñoz le preguntó por diversas dimisiones que se han producido en la Agencia Tributaria. No le gustó al ministro, que trató de reducir la importancia del asunto. Negó que fueran dimisiones y dijo que unos pocos casos protagonizados por funcionarios de «quinto y sexto nivel» no son importantes.
Ahí sacó su enfado con la prensa, por la que parece sentirse maltratado:
Es verdad que vivimos en un tiempo en que determinados medios de comunicación titulan así: ‘Oleada de dimisiones’ en una organización de más de 26.000 personas.
Tras oír como decía eso, ver la cara de cabreo con la que lo hacía, a este cronista le dio miedo a encontrarse con él en el pasillo del Congreso y que le viera la acreditación de prensa.
El duelo entre Soraya Sáenz de Santamaría y el socialista Antonio Hernando ha resultado menos animado que otras veces. Ni tan siquiera han aparentado estar muy enfadados ni han tomado la actitud de un maestro reprendiendo a un alumno poco aplicado.
Después de que Hernando le reprochara al Gobierno haber perdido los papeles y cualquier sentido institucional, por el caso Bárcenas, la vicepresidenta se ha permitido sacar la vena cómica riéndose de Pedro Sánchez:
Son osados ustedes hablando aquí de perderse, señor Hernando, los que tienen problemas de orientación es el Grupo Parlamentario Socialista. El GPS.
La sonrisa malévola que ha iluminado la cara de Sáenz de Santamaría en ese momento tardará de borrarse de la mente de Sánchez en mucho tiempo.
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