Podemos ya empieza a probar de su propia medicina. Hasta hace unos meses, cuando nada tenían que gestionar, era muy fácil lanzarse al escenario de la demagogia y lanzar proclamas de ‘todo a 100’. Total, nada tenían que perder ni tampoco que cumplir con el respetable, es decir el votante.
Sin embargo, ya con el peso de la púrpura del poder en algunos ayuntamientos, ahora empiezan a ver que la gestión nada tiene que ver con sus proclamas baratas. El 30 de marzo de 2016, el senador Ramón Espinar tuvo que comerse un repaso en toda regla de la popular Paula Prado quien no dejó títere o podemita con cabeza.
La senadora del PP echaba en cara a Podemos que hubiesen jugado con la pobreza infantil con el único objetivo de sacar un rédito electoral:
No jueguen ustedes con la pobreza ni utilicen ni instrumentalicen la infancia y la pobreza de los niños y de las personas más desfavorecidas. Les ha pasado en Cádiz, en Madrid, donde Manuela Carmena había dicho que había veintitantos mil niños en riesgo de severa pobreza, también en Santiago de Compostela donde dijeron que no iban a abrir los comedores escolares para no estigmatizar a los niños, justo lo mismo que hicimos nosotros, pero a nosotros se nos dio en tertulias televisivas.
Prado seguía con su diatriba:
Ustedes son la versión más moderna de todo para el pueblo pero sin el pueblo. Le dicen al pueblo que sonría mientras suben los impuestos, suben el IBI, porque se han instalado en el nepotismo, en los ayuntamientos del cambio y han contratado más que nunca a amigos, familiares, novias, exnovias y demás familias. Ustedes vienen a utilizar los problemas de la gente para sacar rédito electoral.
Y concluyó:
Ni municipalizan los servicios, ni hay transparencia, ni aumentan las partidas de emergencia social, ni atienden los problemas de vivienda.
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