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Fue un esperpento parlamentario.
Ni Ramón María del Valle-Inclán en ‘Luces de Bohemia’ hubiese podido imaginar que su obra iba a verse superada en una sesión en el Congreso de los Diputados que tuvo absolutamente de todo.
Pifias, cacicadas y un pleno bronco en el que se sustanciaba la derogación de la reforma laboral que aprobó en 2012 el Gobierno de Mariano Rajoy.
La película de los hechos comienza a las 18:30 horas del 3 de febrero de 2022 cuando iba a procederse a la votación para fulminar la ley impulsada en su momento por el PP.
Alberto Casero, diputado extremeño del PP, que había votado telemáticamente y había cometido una tremebunda pifia, se personó en el hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo para hacerlo presencialmente y antes de que comenzara la votación.
Reglamentariamente, el político conservador había llegado en tiempo y forma.
El problema es que, de repente, los dos diputados de Unión del Pueblo Navarro, que habían prometido su apoyo al Gobierno Sánchez, decidieron cambiar su sentido del voto y, por tanto, hacían perder a este la votación sobre la derogación de la reforma laboral del PP.
Y ante ese panorama, Meritxell Batet, presidenta de la Cámara Baja, vio que si permitía a Casero (PP) rectificar su voto telemático, el Ejecutivo sanchista sufriría una humillante derrota. Así que optó por impedir la entrada del diputado popular al hemiciclo para que votase presencialmente.
Evidentemente, las redes se hicieron eco de la cacicada de Batet:
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