La anécdota de Elena Valenciano apretando el botón equivocado en el momento más inoportuno, le da vidilla a esta España fané y descangallada que «hizo la calle» hasta la madrugada. Al fin y al cabo, la Valenciano ya demostró poca pericia digital en twitter, cuando su pasión por «La Roja» le jugó la mala pasada de llamarle feo a Ribery, e un apasionado turno de réplica por las alusiones futbolísticas de la selección francesa.
Debe ser que Elena Valenciano suele hacerse un lío con eso de los botones: los que activan los comentarios de twitter, los que ponen en marcha el aparato del partido y los del Hemiciclo del Congreso, que son tres, o sea, multitud según la sabiduría popular, y confunden a sus señorías como la noche confundía al tal Dinio.
Los que pasa es que Doña Elena es la número dos en el escalafón del PSOE que resurgió de sus cenizas en Sevilla. No es una diputada de relleno, una «aprietabotones» cualquiera, de las muchas y los muchos que ejercen tan compleja y trascendente profesión en la Carrera de San Jerónimo. Es la que sigue en la cadena de mando a Rubalcaba. La voz que clama en desierto socialista cada vez que Don Alfredo entra en meditación trascendental y decide, a veces con muy buen criterio, que calladito está más guapo.
Lo que pasa es que ayer, en el Congreso, el embrión de Hollande español decidió dar un do de pecho y practicar sexo, o sea, joder, dicho en román paladino, con la lengua. En un repaso a todas las posturas del Kamasutra parlamentario, intentó darle por todas las partes posibles e incluso por alguna imposible a la derecha española, representada en la tribuna por un Montoro que lo mismo aparecía de negro riguroso, como una plañidera, que se venía arriba, insinuante, con un picardías que suelen sacar los Populares del fondo de armario de la historia reciente.
Claro, Elena estaba tan extasiada contemplando a Rubalcaba en plan Ave Fénix, resurgiendo de sus cenizas frente a un partido que lo daba ya por incinerado, que apretó el botón equivocado y sumó su voto a los 178 votos camicace del PP y el voto de compromiso de UPN, cuyo único diputado tuvo que tragarse el sapo de los recortes.
¿Tiene alguna importancia el error de su señoría…? No ¿Era decisivo para cambiar el rumbo de los acontecimientos…? Tampoco. Pero si ya ni siquiera la nº 2 del PSOE es capaz de apretar el botón que ella misma ha ordenado, entre una encrucijada digital de tan sólo tres botones, ¡Dios nos proteja de nuestros representantes parlamentarios!
Saldrían más baratos unos cuántos robots convenientemente programados en proporción a los resultados electorales. Ni comerían, ni cobrarían dietas, ni chuparían del capítulo uno de los Presupuestos, ni practicarían la insufrible retórica en la tribuna. Serían concisos, precisos e infalibles a la hora de votar sí, no o abstención, que a veces significa una cosa y a veces la otra.
Puestos a ahorrarle gastos al Estado, no estaría mal desarrollar la robótica parlamentaria. Una de sus grandes ventajas es que no serviría de nada untarles con maletines; sólo precisan que se les unte con aceite..
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