Existe el razonamiento de que en España hay poco pro-PSOE, y aún más poco pro-PP. Lo que ha habido siempre es mucho anti-PP y mucho anti-PSOE. Y en la medida que el PSOE rentabiliza a los votantes anti-PP y el PP a los anti-PSOE, se construyen campañas y resultados. Pero estas elecciones vienen a corroborar que mientras que los votantes anti-PSOE siguen siendo fieles, en su mayoría, al PP, los votantes anti-PP no se están votando al PSOE, sino que están evolucionando a un sentimiento anti-partidos, anti-ppoe, en lo que supone una peligroso sentimiento de ‘decepción’ para uno de los partidos que configura el sistema democrático español.
¿Por qué ha pasado esto? ¿Por qué el PSOE – como comentó Leguina en su entrevista en Periodista Digital – no es capaz de transmitir un discurso claro en la actual situación o porque carece él?
La Unión de Centro Democrático fue el gran partido de la transición, pero nunca tuvo un mensaje claro. El electorado tenía claro lo que pensaba Fernández Ordoñez, o Garrigues Walker u Óscar Alzaga, pero no lo que pensaba UCD como partido.
De igual modo los electores del PSOE pueden suponer lo que defiende políticos como José Bono – un PSOE dentro del sistema, defendiendo Europa – o el PSC de Pere Navarro – una España federal con más competencias aún para cada autonomía – o el PSOE de Tomás Gómez – un PSOE radical anti-bancos y contra los niños que vayan a coles privados. ¿Pero cual es el mensaje oficial del PSOE? Si se permite que el principal partido de la izquierda española se ‘ucediza’ y se convierte en una reino de taifas, las consecuencias no las sentirá el partido, sino todo el sistema parlamentario español.
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