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Laura Mintegi se rasga las vestiduras ante la detención de Izaskun Lesaka

La musa de los violentos imparte lecciones de paz al Gobierno

Bildu se saca de la manga una paz "made in Euskadi"

31 Oct 2012 - 08:20 CET
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Ahora se comprende por qué 25 de cada 100 vascos pasaron por las urnas para votar por Laura Mintegi. De la candidata de Bildu a ocupar la lehendakaritza, se sabía que era licenciada en Historia y doctora en Psicología, profesora de la UPV, académica de la Real Academia de la Lengua Vasca, presidenta del Euskal PEN y autora de obras literarias en su idioma autóctono, traducidas a la lengua de Cervantes y al neerlandés.

Lo que se desconocía, fuera de euskalandia, era su dilatada experiencia y su «auctoritas» en una materia tan compleja como los procesos de paz. ¡Qué calladito se lo tenía usted, lady Laura! ¡Qué sorpresa le dio ayer al personal cuando le puso nota al gobierno de España tras el primer examen parcial después de las elecciones vascas!

«El Gobierno español no sabe lo que es un proceso de paz, no tiene ni idea»

Si será ignorante el Ejecutivo nacional, según la hoja de ruta de la experta vasca, que sigue erre que erre persiguiendo y deteniendo etarras, cuando debería tenderles puentes de plata.

El propio Jorge Fernández, Ministro de la cosa, continúa emperrado en reprimir «travesuras» como la de Izaskun Lesaka en la T-4 de Barajas, en vez de echar pelillos a la mar. A Bolinaga, que deberían exponerlo en las plazas públicas, van y lo recluyen en casa para que se muera de asco.

¿Qué parte no entiende Madrid de que el proceso de paz consiste en bajarse los pantalones, eh? ¿Querían ustedes una explicación sobre la erupción de Bildu en el Eusko Legebiltzarra (Parlamento vasco)? ¡Pues ahí la tienen, señores!

A Laura Mintegi le han votado en masa todos los vascos que durante las últimas décadas han mantenido, desde Herri Batasuna, desde el Partido Comunista de las Tierras Vascas, desde Amaiur y las sucesivas metamorfosis del mundo radical abertzale, su paradójica animadversión a la violencia y su extravagante apuesta por la paz, con banda sonora de tiros en la nuca, de explosiones de goma dos, de rebotes de casquillos del nueve Parabellum en las calles de Euskadi y de España, sin que se les escapase una sola mueca de compasión, ni una sola lágrima, ni una sola palabra pidiendo perdón.

La paz «made in Euskadi»

Así es la paz «made in Euskadi» Ahora sólo hay que reconocer que por todos los caminos se puede llegar a la democracia, como todos los caminos conducen a Roma, sin pedir explicaciones de los mil muertos, de las decenas de miles de familias rotas, de viudas, de huérfanos, de lisiados, de secuestrados, de extorsionados, que para esos expertos en la paz del norte sólo han sido medios que justifican un fin.

De verdad: ni el santo Job tuvo la paciencia que han tenido decenas de millones de españoles sin RH vasco. Si quieren saber con quiénes nos estamos jugando los cuartos en esta partida de póquer con los abertzales radicales de ahí arriba, es recomendable la lectura del párrafo de su novela «Ecce Homo», que más satisfacción le produce a su autora Laura Mintegi:

«Hacer política de izquierdas es ser mujer. No digo que haya que nacer mujer, sino que en política hay que actuar con valores femeninos, preocuparse de los débiles, hacer caso a las intuiciones en las encrucijadas, no conformarse con lo sabido, intentar ponernos en la piel del otro, ser comprensivos, saber escuchar, olvidarse de uno mismo y preocuparse del prójimo por encima de intereses egoístas. Se haya nacido hombre o mujer, eso es ser femenino. Eso es la izquierda»

La doctora Jekyll y Lady Hayde

De este párrafo, paradigma del pensamiento de la nueva lideresa de Bildu, se pueden extraer distintas y distantes conclusiones:

Su editor describe a la autora de ese párrafo como gente especial, euskaldun, cercana, luchadora, femenina y tierna. Ahora se comprende que haya tantas divergencias entre la idea de la paz que proclama Laura Mintegi y la que exigen la mayoría del resto de los españoles.

O la política Lady Laura es una hipócrita que escribe lo contrario de lo que piensa; o su yo literario escribe lo que piensa y luego se piensa lo que dice; o es una réplica femenina del doctor Jekyll y Mister Hyde. En cualquiera de los casos, resulta mala interlocutora.

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