El debate entre el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y el líder del PSOE, Pedro Sánchez fue tenso, crispado y llegando por momentos a la descalificación personal y al insulto. Ahí Rajoy sacó su aplomo para destrozar a un Sánchez demasiado alterado y bronco.
Fue un debate de formas y no de fondo. Y las malas formas perdieron a Pedro Sánchez. El socialista ha dejado una imagen de camorrista, de marrullero y cometió un error garrafal en descalificar a Rajoy llamándole «indecente» al hablar del tema de la corrupción.
En ese momento cavó su tumba porque activó a Rajoy que le noqueó con un «hasta aquí hemos llegado» reprochandole haber sido «ruin, mezquino y miserable».
Y fue un salto al abismo porque hasta ese momento Sánchez tuvo contra las cuerdas a Rajoy. La corrupción es el talón de Aquiles del presidente y Sánchez le hizo mucho daño a líder popular recordándole a Bárcenas y sus SMS.
«Cuando envió este SMS tuvo que dimitir. Debería haber dimitido. Haber abandonado». Acusó a Rajoy de «irse de vacaciones pagadas por la empresa de Correa» y de «permitir que en la sede de Génova se haya destruido el ordenador de Bárcenas a martillazos ante el requerimiento de los jueces».
Señaló que «usted dijo que todo era falso. Y en ese momento debió haber dimitido porque lo que dicen esos papeles era cierto». «Usted no es una persona decente», remató Sánchez dándose un tiro en el pie.
Cuando mejor lo estaba haciendo decidió embarrar el debate y ahí arrojó todo su argumentario por el sumidero. Dio la sensación que quiso ser más podemita que Podemos olvidando que cuando se juega a Podemos, gana Podemos.
A partir de ese momento el debate fue una avalancha de acusaciones, interrupciones y subidas de tono ante un Manuel Campo Vidal inerte y decorativo sin moderar ni evitar que eso se convierta en un gallinero.

Rajoy cogió oxígeno. Visiblemente ofendido le espetó: «Hasta aquí hemos llegado señor Sánchez», respondía antes de decir que lo que tendría que haber hecho el PSOE es «presentar una moción de censura». «No me dedico a la política por dinero» y «cuando más dinero he ganado en mi vida ha sido cuando me he dedicado a mi profesión».
Sánchez le permitía así a Rajoy sacar sus mejores armas: la de gestor, la hombre previsible y con aplomo frente a un líder socialista desquiciado y a la desesperada. Esa fue la equivocación de Sánchez que le dio la victoria a Rajoy. No hubo más. Ni propuestas ni ideas y sí mucho tú más. Justo lo que querían Podemos y Ciiudadanos.
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