Necesitado de golpes de efecto tras las guerras internas en su propio partido, el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, se encuentra en Lisboa para mantener una reunión de trabajo con el primer ministro de Portugal, António Costa, en la que será su primer acto público en 2016.
Un viaje simbólico en el que buscará la foto con un gobierno de izquierdas que logró ponerse en pie tras un primer intento de la derecha. Un pacto ‘a la portuguesa’ para acallar las críticas dentro y fuera de su partido.
Pocos han recordado que la coalición de izquierdas portuguesa hace agua desde que las alianzas volaron en pedazos al votar cada uno por su lado la ayuda pública al Banco Internacional de Funchal (Banif), que supera los 2.000 millones de euros.
Los socialistas del Partido Socialista (PS) lograron salvar la cara aprobando el rescate de Banif con el apoyo de los conservadores del PSD.
Sus socios de coalición, los comunistas Partido Comunista Portugués (PCP) y los podemitas de Bloco de Esquerda votaron en contra de inyectar dinero a un banco que será comprado a precio de saldo por el Banco Santander.
Así, los socialistas de António Costa, tardaron apenas tres semanas en incumplir la hoja de ruta de la coalición del cambio unida por la condición innegociable impulsar políticas anti-austeridad y rescatar a personas y no a los bancos.
La cuenta de los 2.255 millones de euros que costará salvar a Banif es otro manotazo más al bolsillo contribuyentes portugueses. Dos tazas de rescate y las promesas de la ‘Pablo Iglesias’ portuguesa y líder bloquista, Catarina Martins, al desagüe.
El gran desafío que tiene el socialismo portugués es cómo hacer para mantener el compromiso con Bruselas de tener el déficit portugués controlado con socios como los comunistas que abogan por salir del euro y con los podemitas anti-troika del Bloco.
En lugar de ir desesperado a sacarse la foto con la coalición portuguesa Pedro Sánchez debería tomar nota urgente de que Portugal a este paso va destinada a convertirse en la nueva Grecia.
La coalición que encabeza Costa no tiene más remedio que asumir las condiciones de la troika sino quiere volver a cometer los mismos errores que obligaron a su rescate.
A diferencia de Grecia, Portugal hizo los deberes y por eso salió del marasmo económico causado por las políticas de los socialistas de José Socrates, hoy en prisión domiciliaria por lavado de dinero y corrupción.
El gazpacho de izquierdas que impidió gobernar a Passos Coelho, el ganador de las últimas elecciones generales en Portugal, no es el espejo en el que debería mirarse Sánchez, desesperado por sentarse a negociar con Podemos.
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