Ikea acaba de anunciar que no dirán nada de la utilización de Podemos de su modelo de catálogo para vender su programa política para las elecciones de 26-J –El catálogo de Podemos es mono, lástima que salga a trola por página-.
Se han hecho los suecos y a todo periodista que llama a sus puertas pidiendo información les remiten a Tinkle, su agencia de comunicación. El silencio cómplice de la multinacional deja entrever que están encantados con la campaña de publicidad que le ha montado Podemos.
A fin de cuentas, ambas marcas venden felicidad, como la Coca-Cola, y poco importa que la capital del programa económico podemita sea Caracas y no Estocolmo. Tiene gracia: los socialdemócratas Iglesias y Garzón camuflan su expolio fiscal a las clases medias y altas como Ikea colaba a sus clientes albóndigas hechas con carne de caballo. Pero la jugada podemita tiene mucho sentido.
Como explica hoy en un interesante análisis Iván Redondo en El Mundo, el partido que se jugará el 26-J es una una disputa generacional. «En 2011 muchos padres y abuelos convencieron a sus hijos y nietos para votar cambio (en aquel momento representado por el actual presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, como antes lo simbolizó en 2004 frente al PP el ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero). Cuatro años después, esto es lo molecular, esos hijos y nietos están convenciendo a sus padres y abuelos para votar a un partido emergente».
Podemos ha identificado esa «zona de ruptura», apuntado por su gurú Enric Juliana, quien a su vez lo tomó prestado de Jaime Miquel, un sociólogo valenciano expertod en análisis electoral. Ese es el espacio de ocho millones de votantes en España que Carolina Bescansa ha salido a cazar con el catálogo de Ikea, un manual de saqueo al contribuyente que al único camino que lleva es a hacer colas delante de los supermercados. Iván Redondo:
Un entorno simbólico dominado por la centralidad, técnicamente transversal, constituido por nuevos electores, pero también por votantes que en el pasado confiaron en el PP y en el PSOE y al que progresivamente -es la tendencia para el 26-J- se están incorporando las generaciones más maduras. Este segmento se ubica dentro del eje nuevo-viejo en nuestro país y tiene a los morados como primer partido, muy por delante de los naranjas, que son segundos.
El catálogo de Ikea es un muestrario sociológico del gran problema que tiene el PP: lidera a los votantes mayores de 60 años que deciden todavía las victorias electorales, pero es el último partido entre los menores de 50. Que se lo hagan mirar.
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