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El otoño siempre trae consigo una energía especial, una especie de punto de partida cargado de buenos propósitos. Y, para muchos, ese primer paso hacia la renovación personal comienza en la peluquería. No se trata solo de cortarse el pelo; se trata de cambiar el aura, de proyectar una nueva versión de uno mismo con la que enfrentar los meses más oscuros y fríos del año con estilo y confianza.
¿Qué nos depara la temporada otoño-invierno en materia capilar? Para despejar todas las dudas, nos hemos sentado a hablar con Álex Sestelo, un estilista con una visión tan clara como refrescante. Su filosofía es un soplo de aire fresco en un mundo a veces demasiado marcado por las reglas estrictas. Para él, la tendencia no es un molde rígido, sino un conjunto de herramientas para realzar la belleza individual.
“La clave este año”, nos comenta desde su acogedor salón, “no está en seguir una moda a rajatabla, sino en interpretarla. Buscamos propuestas que se adapten al rostro, a la textura del cabello y, sobre todo, al estilo de vida de cada persona. La sofisticación ya no es sinónimo de complicación. Hoy, lo más elegante es la naturalidad, el aspecto de ‘esto soy yo, en mi mejor versión’”.
Con esta premisa como brújula, adentrémonos en las propuestas que van a sonar con fuerza.
Cortes con Alma: Donde el Movimiento es la Estrella
Si tuviera que resumir la dirección de los cortes de esta temporada en una sola palabra, sería movimiento. Hemos dejado atrás las melenas geométricas y estáticas para abrazar propuestas llenas de vida, de fluidez. Cortes que bailan con la cabeza y que enmarcan el rostro con una dulzura que no renuncia al carácter.
El midi, esa media melena que nos salva de cualquier duda, se consolida como el largo favorito. Su versatilidad es infinita. Pero este año no viene solo. Su mejor aliado es, sin duda, el flequillo cortina. Ese flequillo dividido al centro que cae suavemente a ambos lados de la frente como, efectivamente, una cortina. Su magia reside en que es increíblemente favorecedor: alarga visualmente el rostro redondo y suaviza los picos de los rostros más angulosos, creando un marco de volumen y luz. Es el toque de desenfado perfecto para un corte ya de por sí fácil de llevar. No exige un compromiso excesivo y permite peinados muy variados.
Para quienes se atreven con longitudes más cortas, el bob francés regresa, pero con un carácter más marcado. Olvídate de la perfección simétrica. Esta versión es desestructurada, con las puntas trabajadas para romper la línea y con un aire ligeramente despeinado que grita je ne sais quoi. Suele llevarse un poco más corto por la nuca y algo más largo en las patillas, un detalle que enmarca el rostro de maravilla. Es el corte ideal para la mujer que busca un look con personalidad pero que no quiere pasar horas delante del espejo. Su encanto está, precisamente, en ese aparente descuido.
Pero no todo son melenas a la altura de los hombros. Las melenas largas siguen muy presentes, aunque han evolucionado. El concepto de “corte” en una melena larga ya no significa necesariamente quitar longitud, sino dar forma. La técnica estrella aquí son las capas estratégicas. Se trata de incorporar capas largas y caídas, a veces con un efecto “ordeñado” en las puntas, que eliminan peso y aportan un movimiento natural y ondulado. El resultado es una melena llena de cuerpo y brillo, lejos del aspecto liso y aplastado. Es la opción perfecta para quienes quieren mantener su longitud pero anhelan un cambio de aire profundo.
Y en el extremo más audaz, resurge con fuerza el pixie. Pero no hablamos del pixie ultra corto y geométrico de hace años. Este nuevo pixie tiene personalidad propia. Lleva textura, volumen en la coronilla, mechones sueltos y flequillos largos que se pueden peinar hacia un lado o llevar barridos. Es un corte fresco, moderno y lleno de actitud, pensado para mujeres que no temen destacar y que buscan un look potente y de bajo mantenimiento a la vez.
La Revolución del Color: Calidez y Profundidad
Si en los cortes manda el movimiento, en el color la consigna es la calidez. Despedimos la era de los rubios platíos extremadamente fríos y los morenos planos para dar la bienvenida a una paleta de tonalidades terrosas, ricas y luminosas. El objetivo es claro: realzar la luz natural del rostro, crear dimensión y proyectar una imagen de salud y vitalidad.
Los rubios dan un giro radical hacia lo cálido. Los tonos que mandan son el rubio champagne –con sutiles reflejos rosados y dorados– y los rubios arena, que parecen fundirse con el tono natural de la piel como si hubieran sido besados por el sol. Son rubios elegantes, sofisticados y, sobre todo, creíbles. Huyen de cualquier artificialidad.
En el lado de los castaños, la riqueza es la palabra clave. Los marrones aburridos no tienen cabida. Ahora triunfan los castaños glaseados, una técnica que impregna el cabello de reflejos dorados, caramelo o avellana. Piensa en el color de un café con leche bien cremoso o en las vetas de un chocolate a la taza. Son colores que aportan una luminosidad increíble y una calidez que resulta muy favorecedora para la mayoría de tonos de piel.
Precisamente de esta búsqueda de la luminosidad nace una tendencia que es más un concepto que un color: el Expensive Brunette. No es un tinte único, sino una técnica de coloración que busca imitar la riqueza y la profundidad de un castaño natural de lujo. Se juega con varias tonalidades de marrón muy cercanas entre sí para crear un efecto multidimensional, como si la luz jugueteara de forma natural con tu melena. El resultado es un cabello que se ve sano, lustroso y, como bien indica su nombre, increíblemente caro.
Para las almas más aventureras, la temporada trae una ola de rojos intensos. No son rojos estridentes, sino tonos profundos y enigmáticos. Desde el cereza oscuro hasta el cobrizo profundo, estos colores inyectan una dosis de audacia y pasión a cualquier look. Son tonos que calientan la piel y que transmiten una confianza rotunda.
El Espacio Donde el Cabello es el Protagonista
Hablar con Álex Sestelo no es solo hablar de tendencias; es comprender que un buen resultado final nace de una buena conversación. Su salón, un espacio de estilo francés donde reina la calma, está diseñado como un santuario para el cabello. Aquí, el protocolo no es solo cortar y teñir.
“Escuchar y conversar son nuestros pilares fundamentales”, explica. “Cada cliente es único, y nuestro trabajo no es imponer un estilo, sino descubrir juntos cuál es ese look que no solo va a gustarle, sino que va a potenciar su belleza interior y exterior. Se trata de elevar el potencial de la persona a través de un asesoramiento honesto y un cuidado meticuloso”.
Esta filosofía impregna todo el trabajo de su equipo. La premisa es clara: entender las exigencias y necesidades de quien confía en ellos para lograr un resultado de éxito. Un resultado que hace sentir bien a la persona, que se lleva con una sonrisa y una dosis extra de autoestima.
Al final, las tendencias de esta temporada nos hablan de un deseo colectivo de autenticidad. Buscamos cortes con los que podamos vivir, colores que nos iluminen sin restar naturalidad y, en definitiva, un estilo que nos defina sin encasillarnos. Como bien resume Álex Sestelo, se trata de encontrar ese punto donde la tendencia y la personalidad se dan la mano para crear algo verdaderamente único. Algo que, sin duda, es la tendencia más perdurable de todas.
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