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En el corazón de Madrid, donde el invierno es gris, México desplegó todo el color y la calidez de su oferta turística al ser el país socio de FITUR 2026, la feria internacional más importante del sector

De Sinaloa a Madrid: un viaje que conquista con playas, montañas y el alma de México

Sinaloa presentó en FITUR 2026 su ruta emblema, "Del Mar a la Montaña", con el objetivo de atraer al viajero europeo hacia un México profundo, diverso y auténtico más allá de los destinos de sol y playa

Ana Rojo 27 Ene 2026 - 21:56 CET
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En el corazón de Madrid, donde el invierno es gris, México desplegó todo el color y la calidez de su oferta turística al ser el país socio de FITUR 2026, la feria internacional más importante del sector. Entre la diversidad presentada por las 32 entidades, un estado del noroeste mexicano hizo una apuesta clara y poderosa: Sinaloa. No vendía solo una playa o un pueblo pintoresco, sino una experiencia completa y contrastante que resume buena parte del alma mexicana. Lo llamaron “Del Mar a la Montaña”, y es el viaje que promete conquistar a los europeos cansados del turismo masivo.

El mensaje, encabezado por la secretaria de Turismo estatal, Mireya Sosa Osuna, fue directo: aquí hay un México por descubrir, una ruta donde en un solo viaje puedes bailar en un carnaval centenario junto al Pacífico y, al día siguiente, adentrarte en uno de los sistemas de cañones más imponentes del planeta. Se trata de una estrategia alineada con la visión federal de promover destinos emergentes y un turismo sostenible, buscando escalar en el ranking mundial de llegadas de turistas. Y para ello, el estado puso sobre la mesa sus dos joyas complementarias: Mazatlán y Los Mochis.

Mazatlán: la efervescencia del Pacífico

Todo viaje por Sinaloa puede comenzar (o terminar) con el abrazo del océano en Mazatlán, apodada con justicia ‘La Perla del Pacífico’. No es un destino para quedarse quieto. Su Malecón, uno de los más largos del mundo con aproximadamente 21 kilómetros, es una invitación constante al movimiento. Por la mañana, es el gimnasio al aire libre de los locales, que corren y pedalean con el sonido de las olas de fondo. Al atardecer, se transforma en un mirador colectivo donde todos se detienen a contemplar cómo el sol se hunde en el Pacífico, iluminando las icónicas esculturas que jalonan el paseo.

Pero Mazatlán es mucho más que su costa. Su Centro Histórico, o Vieja Mazatlán, es un viaje en el tiempo por calles empedradas y edificios decimonónicos de colores pastel que han sido amorosamente restaurados. La vida bulle en la Plaza Machado, rodeada de restaurantes y cafés, con el majestuoso Teatro Ángela Peralta como testigo silencioso de siglos de cultura. La gastronomía aquí es un ritual. No puedes irte sin probar un aguachile fresco en un mercado local o disfrutar de los pescados y mariscos que llegan directamente de la bahía.

El año en Mazatlán gira en torno a su célebre Carnaval, uno de los más antiguos e importantes de Latinoamérica, una explosión de música, color y alegría que atrae a visitantes de todo el mundo. Pero si buscas escapar de la multitud, las opciones son infinitas. Puedes tomar un breve paseo en barca a la Isla de la Piedra, donde kilómetros de playa de palmeras y aguas tranquilas te esperan frente a pequeños restaurantes de palapa. O explorar las distintas personalidades de sus playas urbanas, desde las olas potentes de Olas Altas o Playa Bruja, ideales para surfistas, hasta la extensa y tranquila Playa Sábalo, perfecta para familias.

Los Mochis: la puerta de entrada a la épica Sierra Tarahumara

Dejando atrás la brisa salada, el viaje “Del Mar a la Montaña” se dirige al norte, hacia Los Mochis. Esta ciudad moderna, ordenada y hospitalaria, es el antípoda perfecto de Mazatlán y el punto estratégico para la gran aventura interior. Aquí el paisaje cambia: los campos agrícolas se extienden hasta donde alcanza la vista, anunciando la proximidad de algo monumental.

Desde Los Mochis, y haciendo una parada fundamental en el Pueblo Mágico de El Fuerte, comienza una de las experiencias ferroviarias más legendarias del mundo: el viaje a bordo del tren Chepe. Subirse a este tren, especialmente al servicio Chepe Express, es más que un simple transporte; es un ritual de viaje. Durante aproximadamente nueve horas, sus vagones con amplias ventanas panorámicas tejen un recorrido de más de 350 kilómetros a través del alma de la Sierra Tarahumara, hacia Creel, en Chihuahua.

El tren serpentea por laderas imposibles, cruza puentes que salvan abismos vertiginosos y se adentra en túneles oscuros para emerger, una y otra vez, ante paisajes que quitan el aliento. Este es el reino de las Barrancas del Cobre, un sistema de cañones que, en conjunto, es cuatro veces más grande y casi el doble de profundo que el Gran Cañón de Colorado en Estados Unidos. La escala es tan vasta que resulta abrumadora.

La inmensidad de las Barrancas del Cobre: más allá del tren

La verdadera magia ocurre cuando bajas del tren. Divisadero es la parada obligada para asomarse al vacío desde miradores que parecen colgar del cielo, con las barrancas extendiéndose en un océano de montañas y acantilados. Creel, otro Pueblo Mágico, se convierte en la base perfecta para explorar. Desde aquí, se organizan caminatas por senderos como el Sendero Pies Ligeros o el Panorámico, que te llevan a rincones de una belleza serena.

Puedes visitar cascadas como la de Cusárare, de 30 metros de caída rodeada de un bosque de pinos, o la imponente Cascada Piedra Volada, la más alta de México con 453 metros. Para el descanso del viajero, nada como las aguas termales de Recowata, a 35°C todo el año, con vistas a la Barranca de Tararecua.

Pero quizás lo más enriquecedor sea el encuentro con las comunidades Rarámuri (Tarahumaras), guardianes ancestrales de estas tierras. Visitar sus comunidades es una lección de humildad y resistencia. Te enseñan sobre su profunda conexión con la naturaleza, sus tradiciones, su gastronomía y su artesanía, ofreciendo una perspectiva cultural invaluable que trasciende lo meramente paisajístico.

Un destino consciente: sostenibilidad y seguridad

Sinaloa presentó esta ruta no solo como un producto turístico, sino como una apuesta por un turismo sostenible, responsable y auténtico, consciente de las nuevas demandas del viajero internacional. La conectividad aérea, con reuniones estratégicas en FITUR con aerolíneas como Volaris, es una pieza clave para hacer accesible este circuito.

Es importante abordar un aspecto crucial para cualquier viajero: la seguridad. Sinaloa, como otros estados de México, tiene desafíos en este ámbito. Las autoridades turísticas han diseñado esta ruta para que la experiencia se concentre en destinos y corredores turísticos específicos y seguros. Para Mazatlán y Los Mochis, se promueve el acceso aéreo o marítimo directo y la estancia en las zonas turísticas bien establecidas, como el centro histórico y el malecón de Mazatlán, o la ciudad de Los Mochis y su puerto, TopolobampoEl viaje por carretera entre ciudades dentro del estado no es recomendado para turistas internacionales, y se sugiere utilizar el tren Chepe para el tramo montañoso o volar entre puntos. Es fundamental que los viajeros se informen con fuentes oficiales y operadores turísticos especializados antes de su viaje y sigan sus recomendaciones en todo momento.

Conquistar paladares y corazones

La presentación en Madrid culminó como debe culminar cualquier buena historia de México: alrededor de una mesa. Un encuentro gastronómico permitió a los asistentes probar una selección de sabores sinaloenses, desde los ceviches y aguachiles costeños hasta los guisos de la sierra. Porque, al final, la cultura de un lugar reside también en su cocina, y Sinaloa tiene una de las más reconocidas y deliciosas del país.

La ruta “Del Mar a la Montaña” es más que un itinerario; es una invitación a sentir los contrastes de México en un solo viaje. Es la energía festiva del Pacífico y la serenidad eterna de las montañas. Es el bullicio de un malecón y el silencio sobrecogedor de un cañón. Es la prueba de que México, en su infinita diversidad, siempre tiene una nueva faceta que mostrar al mundo. Y Sinaloa, con esta propuesta, no solo quiere que los europeos la visiten, sino que la vivan y la lleven en el corazón.

Ana Rojo

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