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Hay prendas que nacen en un taller, entre patrones y alfileres. Y otras que nacen en un paisaje. El pantalón palazzo pertenece a este segundo grupo. No se diseñó en París, sino frente al Mediterráneo, en la bahía de Formentor.
Jean Patou ya era un nombre importante en la moda antes de llegar a Mallorca. Había vestido a la tenista Suzanne Lenglen con faldas plisadas y cárdigans que escandalizaron a la Francia de entreguerras. Su casa competía con las grandes firmas parisinas y había lanzado uno de los perfumes más famosos del siglo. Patou entendió algo que entonces no era obvio: la elegancia también podía ser cómoda.
Esa búsqueda de libertad le llevó a enamorarse de Formentor. Pasaba largas temporadas en el hotel. Allí, rodeado de pinares, aguas cristalinas y una luz cambiante, imaginó una prenda que rompiera con el corsé de la moda femenina. Un pantalón de pierna ancha, con caída fluida y elegante, pensado para moverse con libertad. Lo bautizó pantalón Formentor.
El hotel, inaugurado en 1929, fue idea de Adam Diehl, un argentino que compró los terrenos y levantó el complejo. Su mujer, María Elena Popolicio, abrió en el propio hotel la que se considera la primera boutique de moda de Baleares. Ya entonces, el vínculo entre Formentor y la moda era más que una anécdota.
El lugar se convirtió pronto en un refugio para artistas y creadores. Sus 1.200 hectáreas de bosque mediterráneo – hoy Patrimonio de la Humanidad por la Unesco – actuaban como un laboratorio de creatividad. Patou encontró allí tiempo, silencio y un paisaje que invitaba a repensar las convenciones. No fue el único. Por el hotel pasaron Grace Kelly, Charles Chaplin, Winston Churchill o el propio Dalai Lama. Formentor era, en aquellos años, el epicentro de la buena vida mediterránea.
Casi nueve décadas después, aquella prenda concebida en Mallorca es un clásico global. Con el nombre de palazzo, el diseño original ha vestido a generaciones de mujeres y sigue siendo un básico temporada tras temporada. La mayoría de quienes hoy lo llevan ignoran que su primer boceto se trazó en una terraza frente al Mediterráneo.
El hotel, ahora gestionado por Four Seasons y reformado por el arquitecto Carlos Lamela, mantiene ese espíritu de elegancia relajada que cautivó a Patou. Reabrió sus puertas en agosto de 2024, con naturaleza protegida, una de las mejores playas del Mediterráneo y un lujo que no es ostentación, sino autenticidad.
Casi un siglo después, Formentor sigue demostrando que algunos lugares no solo alojan la historia de la moda: la escriben.
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