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El textil, el metal, la energía, el comercio...

Galicia está en el punto de mira del poderoso capital chino

Un tercio de la inversión extranjera en Galicia en 2011 procedía del imperio amarillo

Javier González Méndez 27 Feb 2012 - 09:16 CET
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La entrada de capital chino en la franja atlántica de la península ibérica, sitúa a Galicia como una de las zonas del Estado español en el punto de mira del imperio amarillo.

La salida atlántica hacia mercados emergentes sudamericanos ha captado el interés del tigre asiático, que ha despertado con la voracidad inversora previsible, y Portugal y Galicia aparecen en los mapas de los grandes grupos empresariales de esa gran potencia como oscuros objetos del deseo.

El país lusitano amanecía hace pocos meses alarmado con el desembarco del capital amarillo en la eléctrica nacional EdP, con 2.700 millones de euros de participación y la perspectiva de una inversión de 8.000 millones más en actividades complementarias, entre las que destaca una fábrica de turbinas eólicas cuya producción estará destinada a la exportación y proyecta, al mismo tiempo, la creación de un centro de I+D para energías renovables.

Estos mismos días se última en el país vecino la privatización de su empresa Redes Energéticas Nacionales (REN), y China vuelve a ser el país mejor situado para llevarse el gato al agua. El Estado luso sacó a concurso la venta de un 40% de participación y, un 25% (lo máximo autorizado), todo parece indicar que lo va a captar la eléctrica china State Grid.

El atractivo de REN reside en la posición estratégica que ocupa en la península ibérica, con el aliciente añadido de sus planes de expansión internacional centrados en Mozambique, Angola, Colombia y Brasil.

El agridulce sabor de la inversión china

El propio gobierno portugués no puede evitar cierta preocupación por la colonización del estratégico sector de la energía, pero la crisis aprieta y el capital chino le proporciona oxígeno a un país asfixiado económicamente. Ahora, mientras se hacen cábalas respecto al empleo que puedan crear las iniciativas amarillas en Portugal, algunos ciudadanos lusitanos le han comentado a PD, echándole humor a su estado crónico de resignación:

«Cualquier día los chinos nos apagan la luz»

Una oportunidad para Galicia

Con el punto de mira del capital amarillo sobre la franja atlántica ibérica, a Galicia se le presenta una gran oportunidad. El lobby gallego de Bruselas, auspiciado por la Xunta, se le antoja ahora a los gallegos como un inútil despilfarro, y la sociedad en general clama por un esfuerzo en captación de inversiones en la gran potencia China.

El antecedente fue la compra por parte del Consorcio Citic Heavy Industries de la planta de calderería Gándara Censa, en Porriño, que ha pasado a llamarse Citic Censa tras un desembolso inicial de 54 millones de euros y una nueva ampliación de otros 40, que hacen un total de 94 millones de euros.

Galicia le interesa al capital Chino en su doble estrategia de situarse entre el mercado europeo y el mercado de sudamérica, y a Galicia debería ocuparle la incursión en ése país asiático para captar el interés de los ávidos inversores de una enorme economía en pleno big Bang expansivo.

Según los últimos informes del Ministerio de Industria español, la inversión extranjera en Galicia repunta gracias al tirón del capital amarillo, que ha acaparado casi un tercio del total durante el pasado 2011, por delante del Reino Unido, que es el segundo país inversor, y de Portugal, los Países Bajos e Italia. El panorama del interés por Galicia se extiende a sectores como el metal, el químico, la energía, el textil y el comercio.

El idioma mandarín como pasaporte para el empleo

Incluso en Portugal, en el que el polivalente idioma inglés es la segunda lengua, se ha producido un desembarco masivo de jóvenes en las escuelas donde se enseña el chino mandarín. El inglés es una buena herramienta para obtener empleo o cerrar negocios, pero el mandarín es un as en la manga.

Se calcula que más de 40 mil portugueses están aprendiendo mandarín a marchas forzadas, mientras en España, con el cuádruple de población, a penas alcanzan los 25 mil los alumnos del idioma comodín en el vasto imperio amarillo. Aquí en Galicia, oscuro objeto del deseo del capital chino, se continúa manteniendo un pulso entre el español y el gallego, pero quizá debería irrumpir el chino mandarín como pasaporte para el futuro.

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