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El jefe del Ejecutivo será de paja, pero sus ideas más inflamables que una lata de gasolina

Los espeluznantes y asesinos instintos de Quim Torra: «Quiero un presidente paramilitar e intransigente»

"Ya está bien de no darse cuenta de que mientras otros soñaban en el encaje imposible con España un pequeño grupo de hombres no dejaba de avanzar hacia la independencia"

Manuel Trujillo 19 May 2018 - 08:18 CET
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El tipo tiene más peligro que un chimpancé con una Gillette. Quim Torra, ese presidente de paja de la Generalitat de Cataluña, es más inflamable que una lata de gasolina.

La única diferencia que en vez de acercarle una cerilla para que todo salte por los aires, a este elemento basta con acercarle un dispositivo móvil y que se ponga a tuitear o bien a escribir un artículo periodístico. El incendio pavoroso está más que asegurado.

Tal y como cuenta Okdiario, el entonces gris abogado y editor rememora en El Matí Digital una visita a la tumba de los hermanos Josep y Miquel Badía, considerados los grandes referentes del neofascismo catalán de principios del siglo XX. Ambos fueron dirigentes de Estat Català y terminaron asesinados por anarquistas de la FAI en 1936. Miquel había pilotado los servicios de orden público de la Generalitat en 1934, donde tuvo un papel protagonista en la proclamación del Estado catalán por Lluís Companys. Previamente había participado en un atentado frustrado contra Alfonso XIII.

Torra relata cómo mientras estaba frente a su tumba, se acercaron unos jóvenes que depositaron un ramo de rosas. Llevaban también una estelada.

Y yo pensé que ya está bien de tanta necrofilia y tanto embalsamamiento de la memoria. Basta, ya está bien. Yo quiero al presidente de la República Catalana aquí, a mi lado, delante nuestro. Estos jóvenes lo necesitan aquí. Intransigente, optimista, paramilitar, visionario, persistente, hombre de estado, feroz.

Prosigue que:

Porque ya está bien de tanta estulticia. Ya está bien de no darse cuenta de que mientras otros soñaban en el encaje imposible con España un pequeño grupo de hombres no dejaba de avanzar hacia la independencia. Los separatistas -qué nombre más bonito!- de antes de la guerra del desastre nacional, no fueron nunca una corriente hegemónica dentro del catalanismo. Al contrario, fueron despreciados y a menudo vistos como unos locos, unos alocados peligrosos e iluminados.

Y remacha:

Pero no renunciaron nunca a la idea de patria plena, que es hoy, curiosamente, la idea de que el independentismo del siglo XXI, ahora sí ya mayoritario en el catalanismo, ha recogido. Por aquella idea sufrieron todo tipo de persecuciones y vejaciones. Muchos, pagaron un precio altísimo simplemente por querer ser catalanes. Ellos sí que merecen ser la panteón de catalanes honorables».

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