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Del despacho ministerial a la celda de diez metros cuadrados

Un cabreado Ábalos actualiza en prisión su perfil en X: «¡Soy inocente!»

El exministro de Transportes y su asesor Koldo García comparten 'chabolo' en Soto del Real

Fernando Veloz 30 Nov 2025 - 09:57 CET
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Está más cabrerado que un mandril con paperas.

Y da la impresión de que no va a a parar José Luis Ábalos.

El exnúmero dos del PSOE y antiguo hombre de confianza de Pedro Sánchez, ha transformado radicalmente su perfil en X apenas 48 horas después de ingresar en prisión por el caso Koldo.

Ahora lo ha rebautizado como «En el nombre de Ábalos» y ha actualizado su biografía con un grito desesperado:

«¡Soy inocente! Aunque pidan 24 años por delitos que no he cometido, lucharé por la verdad y la justicia, aunque digan lo que digan».

Este cambio, dirigido presumiblemente desde la cárcel de Soto del Real, no es solo defensa personal, sino una explosión de rabia contra el PSOE y contra Sánchez, a quienes acusa de haberlo abandonado y de querer que se coma él solo todo el marrón de una trama de corrupción que, según él, llega mucho más arriba.

En publicaciones previas a su encarcelamiento, Ábalos ya había disparado a quemarropa: confirmó supuestas reuniones secretas de Sánchez con independentistas y lanzó insinuaciones sobre Begoña Gómez, todo para desviar el foco y gritar al mundo la que considera una traición brutal.

De ser el arquitecto de la moción de censura contra Rajoy por «decencia», a convertirse en el chivo expiatorio al que el PSOE ahora llama «deleznable» y presiona para que entregue su acta de diputado.

Del Olimpo sanchista al abismo judicial, Ábalos ya no calla: está muy enfadado, siente que lo han **dejado tirado y ha decidido que, si cae, no caerá solo.

El jueves 27 de noviembre se convirtió en un día decisivo para la política española.

José Luis Ábalos, quien durante años fue una de las figuras más destacadas del Gobierno de Pedro Sánchez, cruzó las puertas de la prisión de Soto del Real a las 18:09 horas, acompañado por su exasesor Koldo García.

No era una visita protocolaria ni un evento administrativo. Ambos entraban en prisión provisional, comunicada y sin opción a fianza, bajo la orden del magistrado Leopoldo Puente del Tribunal Supremo.

Con este ingreso, el exministro se convertía en el primer diputado nacional en ejercicio que pisaba una cárcel española, un hecho que ponía de relieve la magnitud del desplome de quien había sido considerado uno de los hombres más cercanos al presidente del Gobierno.

La resolución judicial no fue inesperada ni improvisada. Se produjo tras la presentación por parte de la Fiscalía Anticorrupción de un escrito donde solicitaban 24 años de cárcel para Ábalos y 19 años y medio para García. Las acusaciones populares, lideradas por el Partido Popular, fueron aún más allá: reclamaban 30 años para ambos.

La base del caso es una supuesta trama de corrupción relacionada con la compra fraudulenta de mascarillas durante la crisis sanitaria provocada por el covid-19, un negocio que habría generado comisiones irregulares a través de intermediarios como Víctor de Aldama. Los delitos imputados abarcan pertenencia a organización criminal, cohecho, uso indebido de información privilegiada, tráfico de influencias y malversación.

El factor decisivo: el riesgo extremo de fuga

El aspecto que alteró el panorama fue el análisis sobre el riesgo de fuga. Hasta días antes, el juez Puente había desestimado las solicitudes previas para encarcelar a Ábalos, manteniéndolo bajo medidas cautelares menos severas: comparecencias quincenales ante el tribunal, confiscación del pasaporte y prohibición para salir del país.

Sin embargo, con la formalización de los escritos acusatorios y la inminencia del juicio oral, el magistrado consideró que el riesgo se había vuelto «extremo» e «insuperable» con las medidas existentes.

El auto judicial que fundamentaba esta decisión era claro. El juez indicaba que Ábalos contaba con «recursos económicos suficientes para iniciar y mantener una fuga».

En los documentos se menciona que durante varios años el exministro no había realizado retiros significativos desde sus cuentas bancarias, lo cual permitía «inferir razonablemente» que podría disponer en efectivo para desaparecer. A esto se sumaba su supuesta capacidad para manejar importantes sumas en efectivo. Además, se apuntaba a que tanto él como Koldo tenían contactos fuera del país y que la naturaleza no apelable de una posible sentencia del Tribunal Supremo aumentaba dicho riesgo.

La Fiscalía Anticorrupción, que en ocasiones anteriores había adoptado una postura más cautelosa, cambió su enfoque esta vez. Su responsable argumentó durante la vista que el peligro real y evidente de fuga fue determinante para que el juez decidiera encarcelar a ambos acusados.

Ábalos mostró signos visibles de nerviosismo mientras aguardaba alrededor de cuatro horas dentro del Tribunal Supremo antes del fallo judicial, fumando en uno de los patios del edificio. Koldo García llegó con una mochila grande y ante el juez aseguró no tener intención alguna de fugarse, citando como ancla su hija y su madre residente en Benidorm.

Las primeras horas en Soto del Real

La noche del 27 de noviembre marcó el inicio de su vida entre rejas. Ábalos y Koldo García compartieron celda en el módulo destinado a ingresos dentro del centro penitenciario Soto del Real, situado a las afueras de Madrid. El proceso habitual al ingresar fue seguido rigurosamente: toma dactiloscópica, fotografías, apertura del expediente personal donde se documenta su situación procesal y penitenciaria, además asignación un número identificativo único (NIS) compuesto por diez dígitos; las cuatro primeras cifras corresponden al año 2025, cuando ingresaron.

Aquella noche cenaron arroz acompañado con embutido y ambos pasaron una noche tranquila según fuentes consultadas; no obstante, cada uno vivió esa experiencia desde perspectivas distintas.

Koldo García compareció ante la Audiencia Nacional al día siguiente en relación con otros aspectos vinculados al caso que están siendo investigados allí; decidió acogerse a su derecho a no declarar. Mientras tanto, la vida en Soto del Real comenzaba a establecer rutinas muy diferentes a las acostumbradas por ambos. La cárcel ofrece mayores posibilidades para comunicarse mediante locutorios o visitas íntimas; sin embargo, es un entorno poblado por preventivos y delincuentes comunes con perfiles variados e impredecibles.

Según diversas fuentes consultadas, todo parecía indicar que acabarían ubicándose en un módulo similar al ocupado anteriormente por Santos Cerdán, exsecretario de Organización del PSOE quien pasó casi cinco meses tras las rejas antes ser excarcelado hace apenas una semana.

La vida tras los barrotes seguía un horario estricto conocido coloquialmente como «horario inglés». Recuento diario cada mañana limitando movimientos y restringiendo comunicaciones. Ábalos había dejado atrás su despacho ministerial y los corredores del Congreso; ahora estaba confinado a una celda aproximada a diez metros cuadrados.

A diferencia otros internos que podrían perder su condición parlamentaria debido a condenas firmes, él mantendría su acta mientras no existiera sentencia definitiva que lo inhabilitara; sin embargo quedaba suspendido en sus funciones como diputado.

El calendario judicial acelerado

Lo peculiar sobre este caso es la rapidez con que avanza dentro del Tribunal Supremo. En contraste con otros juzgados donde los procesos penales pueden prolongarse durante años, aquí los juicios contra aforados avanzan sin dilaciones excesivas. La fase instructora ya estaba cerrada; se preveía juicio oral antes incluso de llegar primavera 2026 y posiblemente sentencia antes del verano siguiente. Esto implicaría que Ábalos llegara al juicio trasladado desde Soto del Real probablemente esposado debido al riesgo elevado que motivó su encarcelamiento.

La defensa liderada por la abogada Leticia de la Hoz presentó un recurso cuestionando la competencia argumentando que parte del caso contra Koldo seguía siendo investigado por la Audiencia Nacional lo cual podría «romper la continencia» al tener al exministro imputado ante dos tribunales distintos. No obstante eso fue desestimado por Puente; lo cierto es que existe fragmentación en este caso: hay piezas relacionadas con las mascarillas en el Supremo mientras otras derivadas están siendo tratadas por la Audiencia Nacional además otra pieza sobre presunta manipulación relacionada con obras públicas también está bajo investigación en el Supremo donde Cerdán está imputado también . Esta situación crea confusión respecto al alcance verdadero sobre lo investigado.

Recurso y revisión: el 4 de diciembre como fecha clave

La prisión provisional no es irreversible; estaba fijado para el 4 diciembre como fecha clave cuando Sala Segunda Tribunal Supremo deliberaría sobre recurso apelación presentado por defensas ambos acusados . Si este fuera aceptado podrían quedar libres bajo medidas control tales como firmas periódicas , retiradas pasaporte , posibles controles telemáticos o fianzas elevadas . Si fuera rechazado seguirían detenidos hasta nueva revisión o apertura juicio oral posterior . Precedente Santos Cerdán mostraba posibilidad reversión decisión tribunal si circunstancias cambiaban .

Sin embargo analistas jurídicos consultados consideraban improbable salida rápida cárcel para Ábalos . Volumen pruebas existentes , proximidad juicio , magnitud penas solicitadas mantenían percepción continua riesgo fuga como extremo . Además , Ábalos no era Cerdán : exsecretario Organización salió prisión tras casi cinco meses porque juez consideró variación circunstancias ; pero cada día transcurrido acercaba más juicio lo cual paradójicamente intensificaba aún más riesgo fuga justificada encarcelamiento .

Una caída sin precedentes

Lo realmente sorprendente es cómo ha caído este personaje quien hace unos años parecía prácticamente intocable dentro círculos poderosos . Ábalos ocupó cargo ministro Transportes entre 2018-2021 , periodo donde acumuló influencia considerable . Su vínculo con Koldo García , descrito como su «inseparable sombra» según medios , simbolizaba red influencias operando entre bambalinas . Ahora ambos comparten celda Soto Real , sometidos régimen penitenciario ajeno completamente .

El costo económico asociado mantenerles encarcelados también resulta significativo : especialistas abogados calculan mantenimiento promedio preso ronda 2.050 euros mensuales , cifra asumida contribuyentes españoles mientras esperan juicio . Vida ordenada bajo control estricto , limitaciones comunicaciones , pérdida libertad movimientos ; todo ello conforma nueva realidad quienes antes disfrutaban acceso directo despachos ministeriales .

La trama mascarillas comenzó siendo investigación irregularidades compras materiales sanitarios durante pandemia ; ahora se ha transformado epicentro batalla judicial exponiendo vulnerabilidades sistema político español frente corrupción . Y así , entre rejas esperando desarrollo proceso judicial capaz definir sus vidas décadas venideras , están Ábalos Koldo García confinados sus celdas diez metros cuadrados.

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