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Sexo entre humanos y robots

La Robofilia ya está aquí

Mueve al año más de 15 mil millones de dólares

28 Nov 2016 - 10:17 CET
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Entre los que sostienen que faltan apenas 10 años para que las personas elijan a los cyborgs antes que a un par de carne y hueso se encuentra Ian Pearson, un futurologista británico, quien aseguró que este proceso nació hace casi un siglo, aunque recién ahora tome relevancia por la velocidad de los avances y su complejidad, según informa Juan Batalla desde Infobae.

Para Pearson los juguetes sexuales con algún tipo de tecnología, como los vibradores, fueron el primer paso. Si bien existen registros de que este tipo de artilugio existe desde el antiguo Egipto fue recién durante la época victoriana cuando comenzaron a ser piezas tecnológicas. La famosa pieza -hoy de museo- conocida como el Pulsocon Hand Crank del doctor Macaura (1890) era utilizada como herramienta terapéutica para combatir la histeria femenina, pero su popularidad trascendió los consultorios y se fue perfeccionando con el tiempo. Aunque el primer consolador para el uso hogareño fue The Manipulator (1891) y así, de los engranajes al vapor, llegó la electricidad y los nuevos diseños y tamaños se adaptaron a los tiempos históricos. Pero esta es solo una parte, la primera, de la relación de los humanos con la tecnología del placer.

Justamente estos avances, nuevos desarrollos, permitieron que esta industria del hedonismo tuviera un renacimiento inaudito en los últimos tiempos y, según las últimas estadísticas, mueve al año más de 15 mil millones de dólares según la Society for the Scientific Study of Sexuality.

El sexo es algo tanto biológico, como cultural-social. Si bien todavía no se llegó a un nivel de sofisticación para que los cyborgs reemplacen a las personas, en algún momento lo harán y pasarán de ser meros objetos sexuales para empezar a abrazar, besar o hasta mostrar una «respuesta humana» ante un comentario. Hasta ese momento, lo mejor -dicen los especialistas- es ir plantando las bases para que la robofilia no termine por destruir las relaciones de humanos con su pares.

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