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Una gala con sorpresas, pero en la que la representación española no estuvo a la altura

Queda penúltima en Eurovisión, pero llega a Barajas hecha una diva y dejando a la prensa con un palmo de narices

Besos lésbicos, bodas gays, vikingos gigantes, clones y mucho ridículo en una gala que ganó finalmente Dinamarca

Sergio Espí 20 May 2013 - 13:23 CET
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Festival de Eurovisión: ‘La Pesadilla de Morfeo’

La pesadilla de España Eurovisión: ridículos sin límite y ahora, ¿un posible plagio?

Las previsiones se cumplieron y el festival de Eurovisión 2013 confirmó no sólo que el certamen es rancio y hortera y sólo apto para nostálgicos, sino que España se gasta el dinero para, una vez más, hacer el ridículo. ‘El Sueño de Morfeo’ no lo hizo mal, lo hizo peor y encima, Raquel del Rosario se lo ha tomado muy mal.

Día 20 de mayo de 2013, lunes, once y cuarto de la mañana. Han pasado dos días desde que ‘El Sueño de Morfeo’ se la pegó en Eurovisión 2013 y en ‘El programa de Ana Rosa’ se ve a Raquel del Rosario, recién llegada de Malmöe (Suecia) paseándose por Barajas con aires de digna. No doy crédito. ¿A qué viene tanta prepotencia, tanta mala educación y tanto «éste no es lugar para entrevistas»? Tan fuerte el comportamiento de la cantante, que un compañero suyo corre encantador hacia la prensa para excusar a su ‘líder’ .

Querida Raquel del Rosario, ¿qué pensabas que te ibas a encontrar en el aeropuerto? ¿un ramo de rosas por tu ridícula actuación? Da gracias que que no anduviese por allí una manada de eurofans con ansias de venganza. Lo mínimo con lo que te podrías topar era con un puñado de periodistas haciendo guarda de noche para ver cómo estabas tras el fracaso.

España quedó en el puesto 25, es decir, penúltima, sólo por encima de Irlanda. ¿Nos lo merecíamos? Pues he de confesar que en contra de la opinión popular, a un servidor, la canción elegida no me disgustaba en absoluto, pero sí, nos merecíamos el hundimiento e incluso más.

Durante la gala, en Twitter pude leer como una ex representante española en Eurovisión, Soraya Arnelas, se quejaba del linchamiento popular contra el ‘Sueño de Morfeo’ diciendo:

Os pensáis que ir a ‘Eurovisión’ es algo fácil. Cuánto listo e hipócrita hay suelto»

Vamos a ver, otra que necesita que le expliquen un par de cosillas. Primero, nadie dice que ir allí y tener esa ‘responsabilidad’ sea como echarse una siesta, pero un poco de sentido común, señores. Ningún trabajo es fácil. Yo no digo que el que concurse tenga que ganar por narices (eso depende de muchas cosas) pero al menos que lo haga bien, que no desafine y que, encima, no se ponga chulo con la prensa si el resultado no es óptimo.

No voy a negar que a ‘El Sueño de Morfeo’ se le tenía ganas mucho antes de aquel 18 de mayo de 2013. Ni gustaba la canción, ni las previsiones eran buenas. Estilismos con pies descalzos aparte (no entiendo qué quería decirnos del Rosario con ese look), hasta a los que tenemos un oído musical atrofiado se nos pusieron los pelos de punta con los berridos y gallos que la cantante soltó al comienzo de la actuación. Por lo tanto, que se entere Soraya Arnelas que sí que podemos criticar porque hablamos de malos profesionales.

Tras la vergüenza, nosotros nos preguntamos si no es hora ya de que veamos Eurovisión como un recuerdo, como una reliquia Kitsch que queda muy bien en la repisa de la chimenea. ¿Debería la pública dejar de gastarse dinero en organizar, seleccionar y mandar a candidatos que nos hacen ir con la cabeza baja? Sí y no. Según RTVE, el festival cuesta «entre cinco y diez veces menos que cualquier serie y el presupuesto se divide entre los 24 países presentados. Dicen que es rentable porque obtiene una gran audiencia, pero claro, sin anuncios, tampoco es que se cubran costes.

No podemos tampoco despreciar a los eurofans. Son miles, millones, los devotos de este dinosaurio cariñoso vestido de lentejuelas que siempre fue el evento (y lo digo con todo el cariño del mundo, ojo). Además, se supone que es cultura, que promociona a nuestros músicos y que, por supuesto, es un concurso encargado de ilusionarnos y de hacer creer a los habitantes del país ganador que son ‘superiores’ al resto…En fin…

Y el circo (porque fue un circo en toda regla) que vimos en Malmöe fue más contestatario que en años anteriores. Con 281 puntos, Emmelie de Forest y su «Only teardrops», se llevaron el premio gordo con un tema que, como me pasó con el ‘Euphoria’ del 2012, a mí me gusta. A secas, pero entiendo el triunfo.

Azerbaiyán quedó segundo con Farid Mammadov y la canción «Hold Me», tema que aborrecí y que es polémico puesto que el lunes 20 de mayo de 2013 saltó la noticia de que los lituanos han acusado a Azerbaiyán de haber comprado los votos. Es la única explicación que puedo aceptar para que ese tema estuviese tan arriba, la verdad, pero bueno.

La medalla de bronce se la llevó Ucrania con la canción «Gravity» interpretada por Zlata Ognevich (era mi favorita) y con una escenografía que incluía a un gigante vikingo que hizo gracia.

La pobre Bonnie Tyler se dio un tortazo musical en toda regla representando a Reino Unido (quedó en un merecido puesto 19). Yo no digo que haga como Barbra Streisand y se ponga mística ‘a la vejez, viruelas’ pero no puede pretender seguir siendo la que era hace 30 años, pero en plan light. Bonnie, amor, madura, que no es nada malo.

Otras cosas que me llamaron la atención fue, primero que el 50% de las cantantes me parecían todas clones de Jessica Simpson (rubias y pechugonas), si te distraías podías pensar que estabas viendo una canción muy larga.

La reivindicación del matrimonio gay (tristemente oportuna a tenor de las últimas manifestaciones francesas) que hicieron los finlandeses -con beso lésbico incluido- me hicieron gracia y, por supuesto, la pesadilla no fue la de Morfeo si no la del estilismo del cantante rumano que, como leí en Twitter, se parecía a los tres villanos de ‘Superman 2’ fusionados.

 

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