El 5 de junio de 2018, Jorge Javier Vázquez metió el dedo en la llaga y utilizó su blog semanal para denunciar algo de lo que no se habla: la plumofobia dentro del mundo gay, una lacra silenciosa e hipócrita que el presentador intenta derrocar contando su propia historia.
Cuarenta años después me doy cuenta de que estamos casi en las mismas, que hemos avanzado nada o muy poco.
Así comienza Jorge Javier Vázquez su post de la revista Lecturas publicado el 5 de junio de 2018 en el que intenta apoyar la campaña contra la nacional contra la plumofobia.
El presentador admite que:
Puedo llegar a soportar -aunque me cueste- que los heteros carguen contra la pluma pero no tolero que entre los mismos gais disparemos contra aquellos que la tengan (o tengamos). Es como si hubiera gais de primera -los que no la tienen- y maricas de segunda -los que sí-.
Vázquez tiene razón. La pluma se castiga, no sólo en el mundo heterosexual si no, sobre todo, en el gay, en el que los modelos tradicionales de masculinidad y feminidad siguen enquistados.
Por ello, Jorge Javier lo tiene claro:
Reivindico la pluma, su uso e incluso su abuso. Me parece síntoma de libertad, de ir contra lo establecido y de pasarse por el forro los convencionalismos sociales más estrictos.
Viva la pluma y sus consecuencias. Y abajo con aquellos gays que, apoyándose en argumentos muy reaccionarios, claman contra los gays con pluma porque no les representan. Porque lo que en realidad quieren esos homosexuales es pertenecer al redil de esa sociedad que fomenta el chalet adosado y la barbacoa dominical. No ser diferentes. Confundirse con la masa. Vivir la vida de una manera inadvertida. Pues chic@, para eso no salgáis de casa.
Añadió.
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