¿Mila Ximénez es una buena concursante de ‘GH VIP 7’ o va a arruinar su imagen pública para siempre? Ambas cosas a la vez. Pero lo que está claro es que Mila debería ser expulsada pero por su propio bien. De todo esto hablamos en nuestro programa en Periodista Digital, ‘Mátame camión’.
En el arranque de la segunda temporada de ‘Mátame Camión’- programa de Periodista Digital presentado por José Pablo González, Carla Calvo y Sergio Espí- analizamos, cómo no podía ser de otra manera, los primeros días de ‘Gran Hermano VIP 7’.
Los concursantes que más dinero cobran son Mila Ximénez y Antonio David Flores (a razón de 30.000 euros semanales). La periodista se ha vendido como la gran estrella del reality y es lógico. Mila es un animal televisivo, el alma de ‘Sálvame’, un personaje tan querido como temido e imprevisible.
Pero Ximénez no está haciendo un buen concurso. Para empezar no tendría que haber entrado en el reality. Vendió una exclusiva asegurando que estaba atravesando una depresión y que se había colocado un balón gástrico para adelgazar (lo que puede suponer problemas de salud).
Mila no necesita dinero, no tiene nada que perder. ¿Por qué ha entrado? Seguramente le ha pasado lo mismo que le ocurrió a Belén Esteban en su momento; Es posible que desde las altas esferas de Telecinco le hayan obligado a concursar.
La ‘estafa’, pues, tiene dos culpables. Ella por entrar en un reality sin estar preparada y la cadena por ‘obligar’ a alguien que no debería estar ahí. Que nadie se sorprenda, pues, de lo que etsá sucediendo,
Mila lleva una semana amargada, exagerando la situación. Entendemos que se pueda sentir mal por no cambiarse de ropa o por no lavarse pero por 30.000 euros a la semana, sus quejas son un insulto.
La periodista da vídeos, eso es innegable, pero porque tiene a Hugo Castejón detrás machándola, no porque haga algo por sí misma. Mila está mal, amargada, débil. Es una bomba de relojería. Ella es así, es cierto. No está fingiendo nada (al contrario que Castejón).
Y luego, lo peor: el trato de favor a Mila es innegable. Lo vimos desde la primera gala, cuando le permitieron no entrar en la casa por la gatera. Y lo corroboramos en la segunda cuando s ele permitió que se duchara. No nos hemos caído de un guindo, sabemos que en los realities todo es falso, hay favoritos o ‘mimados’, esos que dan más audiencias que el otro. Todo esto estaría muy bien si el público no se gastara el dinero en votar. Es, al final, una estafa consentida por todas las partes.
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