Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

Manel Plana, entre nosotros

Tres foramontanos en Valladolid 25 Abr 2015 - 07:22 CET
Archivado en:

Por José María Arévalo

( Acuarela de Manel Plana en su libro de Parramón “Como pintar el paisaje urbano a la acuarela”) (*)

Una de las actividades más interesantes de nuestra Asociación de Acuarelistas de Castilla y León, sobre todo en estos últimos años en que nuestra presidenta Isabel Menéndez la ha impulsado especialmente, es la de demostraciones de buenos acuarelistas en la sede que tenemos cedida por el Ayuntamiento en el antiguo colegio del poblado de Endasa, próximo a la Esgueva. Para aprender este difícil arte de la acuarela, que tanta técnica requiere –como hemos explicado tantas veces en este blog-, lo mejor es ver pintar a los consagrados y que expliquen cómo lo hace cada uno. Cierto que hay multitud de vídeos tanto en discos a la venta como en la red, pero siempre te dejan insatisfecho bien por las deficiencias en el enfoque de la cámara o porque frecuentemente resumen y, sobre todo porque no puedes preguntar a los maestros. Estos últimos meses hemos tenido unas “demos” –como decimos en nuestro argot- estupendas, de las que aún estamos a tiempo de contarles. Y seguimos la buena racha con una próxima, la semana que viene, de Miguel Torrús, el director de la famosa web “100×81” , y otra posible en junio de Antonio Giacomin.

Fue un privilegio poder contar, estas Navidades, con Manel Plana, uno de los mejores acuarelistas del momento en nuestro país, que pasa a veces esas fiestas con la familia que tiene aquí, en Valladolid. Algunos ya pudieron disfrutar antes de su compañía, como nos contaba Tayete en su blog tayete.blogspot.com.es: “El día de Nochebuena tuve la oportunidad de compartir la cena con uno de las leyendas vivas de la acuarela en España: Manel Plana”. Pues bien, el 27 de diciembre tuvo Manel la amabilidad de venir a hacernos una demostración a la sede, en la que estuvimos a tope, a pesar de las fiestas. Extraordinaria demo de Plana, acompañada de magníficas explicaciones y contestación a todas nuestras preguntas, porque Manel, además de gran maestro, es un hombre sencillo, natural, muy abierto y además dicharachero. O sea que fue un disfrute. Les cuento.

Aunque no hay comparación con verle en vivo y en directo, de Manel Plana hay un buen vídeo demostración en pintaracuarela.blogspot.com.es y varias webs de la red con sus obras, entre ellas la suya manelplana.blogspot.com.es, y la que recoge su estancia entre nosotros, en el portal de nuestra asociación, acuarelistascastillayleon.es. De su libro, con M. Calbo, que editó Parramón, “Como pintar el paisaje urbano a la acuarela”, como ya está agotado, hicimos hace años algunas fotos, también de los textos principales, que tenemos a disposición.

( Manel Plana en la demostración en la sede de la Asociación de Acuarelistas de Castilla León) (*)

Barcelonés, nacido en 1952, estudió pintura, grafismo y dibujo en la escuela Massana y asistió durante dos años más al Círculo Artístico. Nos explicó que trabajó con Huguet en su taller, en grabado gráfico y que salía a pintar con Ceferino Olivé –que lideraba el grupo- y Brunet, y que propiamente inició su participación en muestras y concursos artísticos en 1970; partiendo de un realismo objetivo, pasa por un breve periodo expresionista y finalmente se dedica a un sencillo lenguaje expresivo de formas muy simplificadas donde el color es lo definitorio. Manel ha sido uno de los principales promotores del asociacionismo acuarelista, y de la práctica de las salidas a pintar al campo en grupo. En 2002 obtuvo Medalla d’Or de l’Agrupació d’Aquarellistes de Catalunya, Barcelona.

( Primera acuarela que realizó Manel Plana en nuestra sede) (*)

Como escribiera Juan Manuel Lumbrera, de la Asociación de Acuarelistas Vascos, con la que tanto ha colaborado Plana, “su paleta es elegante, tanto por los colores quebrados, que el artista prodiga, como en los colores cálidos, preñados de voluptuosos cadmios y sensuales naranjas, en los que el artista parece dar rienda suelta a su vena mediterránea”.

De todo ello hablábamos en la sede, en la introducción que nos hizo y después también mientras pintaba. Realizó una primera acuarela de una rambla con árboles, delimitada por una calle transversal y otra perpendicular en cuyo fondo una plaza con fuente da una perspectiva de luces y sombras muy interesante. Tras un dibujo mínimo, pero esencial, empezó a dar pigmento sobre este este fondo, con amplias e insistentes pinceladas en el papel seco, sobre las que añadía en húmedo algunos detalles, y fue bajando hasta el paseo con árboles. Realizados éstos sobre las reservas que dejó al pintar los edificios, extendió después una sombra amplia sobre el paseo, y sobre ella, con rapidísimas pinceladas, pintó la gente en movimiento que es lo que da vida al cuadro. No podía salir de mi asombro mientras lanzaba el pincel con esos trazos muy sueltos y casi “a zorrombulón” –como decimos copiando a Forges- con los que definía las siluetas de las seis o siete figuras de la gente, unas veces con mucho pigmento y otras con poco, sobre la sombra todavía húmeda o en seco más allá de ella, con resultado –sin dibujarlo expresamente- de más detalle en unas y quedando casi difuminadas otras. Esta fue la mejor demostración de su habilidad para dibujar con el pincel, y sin trazos previos a lápiz ni reservas, las figuras humanas que daban movimiento y vida al cuadro.

(Bodegón. Segunda acuarela que realizó Manel Plana en nuestra sede ) (*)

Todo ello era el resultado de un esquema bien pensado, pero sobre todo de una mano increíblemente hábil para interpretar el juego de luces y sombras y, sobre todo, el movimiento. Pero es que en el segundo tema que abordó, el bodegón de arenques, sin movimiento ni sombras, demostró la misma facilidad para la composición y la pincelada suelta, en un ejercicio admirable de síntesis, ahora en un plano pequeño e intermedio, con formas contadas. Genial.

Muy interesantes fueron también sus incursiones esporádicas, entre pinceladas, en su filosofía de la acuarela y de la pintura en general. De ellas no pude tomar más notas, embebecido como estaba en el tan rápido avance de la construcción de la acuarela, pero he encontrado en otro de sus blogs, manuelplana.es, un magnífico texto que no me resisto a reproducir, porque explica mucho de su arte:

“Se ha dicho que la pintura ha muerto, y algo hay de cierto en eso si consideramos los cambios que ha sufrido su función original en tanto medio de elaboración y de transmisión por excelencia de las imágenes cultuales; en ese sentido, la proliferación de medios mecánicos y de nuevos códigos iconográficos ha substituido gran parte de esa función, quedando relegada a un ámbito prácticamente hedonista. Y también porque no está demasiado representada en los círculos más comerciales y promocionales del arte oficial actual, más interesados en las nuevas tecnologías y en las propuestas más “innovadoras” del arte moderno.

( Manel Plana en la demostración en la sede de la Asociación de Acuarelistas de Castilla y León) (*)

Sin embargo y a pesar de vivir en un medio saturado de imágenes comerciales constantes, repetitivas, mecánicas y aburridas, pero efímeras al fin y al cabo, la presencia estática, fija y a veces misteriosa del cuadro en la pared, parece desafiar la dispersión febril de lo visual, convirtiendo el mirar en ver y el ver en contemplar. Ciertamente, la mayor parte de expresiones visuales del arte moderno, incluida la pintura, apenas se distinguen de ese magma imaginal colectivo, amorfo e insignificante, sólo orientado al impacto y al consumo. Después del inefable Andy Warhol las fronteras entre arte, comercialidad publicitaria y consumo de masas, se han borrado, como también entre ellos la basura y los desechos desde el art “brut” y los informalismos.

En este sentido, no me considero en absoluto un pintor moderno, es decir, adicto a las modas, sino solo “contemporáneo” en cierto aspecto. Además, estamos convencidos de que el arte verdadero es atemporal, o cuanto menos ahistórico. Mis influencias más profundas provienen del arte sagrado tradicional, tanto de Oriente como de Occidente, las vanguardias modernas solo me han interesado como revulsivo contracultural, no como verdadero arte, y ya sabemos que el revulsivo más feroz queda integrado, etiquetado y embalsamado en los museos al poco tiempo, devorado por la fiera a la que pretendieron desafiar.

Realmente, para ser original y tener maestría en cualquier oficio artístico, no se necesita ser moderno y menos anacrónico, extremos que de algún modo se tocan, pues es característico de lo moderno imitar, fusionar y mezclar todo, estilos arcaicos con vanguardia, formas y ritmos exóticos con racionalismo cartesiano y «máquina», etc… lo cual puede observarse en la plástica (desde los impresionistas), como en la música y en el vestir. De manera más o menos consciente, todo el mundo sabe que estamos al final de un ciclo, de un tipo de sociedad y de mundo; que los modelos se han agotado y que nada realmente «nuevo» puede surgir, como es el caso evidente de los estilos o ismos artísticos, su total desaparición como referentes desde la emergencia de las últimas vanguardias. Las cosas pueden cambiar y cambian inexorablemente, pero hoy por hoy no manifiestan una dirección o “evolución” positiva, ni demuestran ningún «progreso», especialmente en las artes plásticas.

Aunque no esté demasiado de «moda», la pintura tradicional, es decir, la imagen elaborada manualmente por procedimientos artesanales, por su propia naturaleza personal e inmediata, no puede morir mientras el hombre disponga de ojos y manos y tenga algo que decir. Las innumerables posibilidades que ofrecen ahora las tecnologías más avanzadas de la imagen, no han añadido ni un milímetro más a la estatura creativa del ser humano, tan solo le han proporcionado más juguetes para jugar y más soportes para expresar lo que tiene dentro. Si dentro no tiene nada, o lo que tiene no vale la pena que lo exprese, de poco y mal le sirven toda esas sofisticadas prótesis de su mano y de sus ojos, que no de su talento. La tecnología no es creativa sino puramente funcional, instrumental, el arte reside ante todo en el artista. En relación a la imagen, esas tecnologías siempre son esclavas también de las limitaciones de las máquinas, de la fotografía, el cine y el diseño por ordenador, cuyo propio sistema binario y la complejidad de sus códigos condicionan el resultado tanto como la elaboración directa de la imagen tal como la concibe el artista en su intelecto. Ningún ordenador puede substituir la mano del artista, ya sea por la evidencia de que cualquier máquina es una producción industrial del hombre, un arte-facto ingeniado y diseñado por él. Además y por medios simples y no mecánicos, la creación manual puede llegar a grados de perfección extrema, como bien puede observarse en los mejores periodos del arte de todos los tiempos. Los procedimientos mecánicos, más que nada, posibilitan la multiplicación indefinida, como la repetición variada de imágenes u operaciones. Pero la mano, el lápiz y el papel están en el origen y en la base de todos los más grandes proyectos y obras maestras, todas las ideas se plasman y empiezan a tener forma a partir de esos simples elementos. La tecnología está bien cuando está supeditada al genio y no viceversa; los medios técnicos actuales no son buenos ni malos, tan solo están reclamando un talento que los anime para obras espléndidas, y no para recreación de la mediocridad y el absurdo más abyectos.

En lo que sí estoy de acuerdo con bastantes artistas modernos, es que la finalidad de la pintura no es decorativa, aunque toda buena o mala pintura acaba colgada siempre de una pared, valga la paradoja. Lo decorativo, ya se sabe, no se basta a sí mismo, es el provincianismo estético; pero si el arte no sirve sólo para decorar, menos aún sirve para provocar groseramente al espectador, ni para expresar los estados neuróticos y narcisistas del ego del «artista». El arte verdadero es una alquimia que transmuta lo denso en sutil y no viceversa, debe transmutar el estado inmediato del espectador en otro superior, debe elevar y no hundir. La expresión que ensucia el alma o la dignidad humana, o provoca pasiones groseras y primarias, o aburre mortalmente, u ofende la inteligencia, no es arte; el arte sirve para mejorar al hombre y la naturaleza, para perfeccionarlos conforme valores espirituales, de ahí su carácter ritual y sagrado en todas las culturas no modernas”.

Genial Manel Plana. Un maestro para nosotros. Algunos compañeros ya venían siguiendo su estilo, antes de conocerle personalmente, sobre todo Juan Luis Mozo, y en parte Jesús Acebes, ambos con gran éxito. Disfrutaron de lo lindo. Yo me imbuí en la necesidad de la simplificación de las formas, en pensar bien y construir mentalmente lo que se quiere realizar en vez de tratar de reproducir la realidad. Una lección para no olvidar.

—
(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://farm8.staticflickr.com/7688/17120324265_6d716182ba_c.jpg
https://farm9.staticflickr.com/8762/17118776952_38480d2260_o.jpg
https://farm8.staticflickr.com/7665/17094364306_ecd078551e_b.jpg
https://farm9.staticflickr.com/8735/17119678531_c600dfe1a5_b.jpg
https://farm9.staticflickr.com/8708/17120320815_71752620ee_b.jpg

Tres foramontanos en Valladolid

Los autores nos cuentan… Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Aunque de raíces castellanas, nuestra formación, como se indica en los resúmenes biográficos que siguen, tiene lugar más allá de las […]

Más en Tres foramontanos en Valladolid

Mobile Version Powered by