Por Carlos de Bustamante

( Campo de achicoria en ecocosas.com) (*)
En mi opinión, cuanto más se le da al cuerpo, más pide. Razón por la que, si esto es así, no creo posible conseguir totalmente el tan ansiado estado de bienestar.
Por similar motivo, opino un gran error anatemizar la austeridad. Dicho lo cual, al que fue chaval junto al amo de turno en la Dehesa de Peñalba se le ocurre traer a colación lo que escuchó hace `quisió´ los años al santo de lo ordinario:
“Recuerdo ahora –seguramente alguno de vosotros me habrá oído ya este mismo comentario en otras meditaciones– aquel sueño de un escritor del siglo de oro castellano. Delante de él se abren dos caminos. Uno se presenta ancho y carretero, fácil, pródigo en ventas y mesones y en otros lugares amenos y regalados. Por allí avanzan las gentes a caballo o en carrozas, entre músicas y risas –carcajadas locas–; se contempla una muchedumbre embriagada en un deleite aparente, efímero, porque ese derrotero acaba en un precipicio sin fondo.
Es la senda de los mundanos, de los eternos aburguesados: ostentan una alegría que en realidad no tienen; buscan insaciablemente toda clase de comodidades y de placeres…; les horroriza el dolor, la renuncia, el sacrificio. No quieren saber nada de la Cruz de Cristo, piensan que es cosa de chiflados. Pero son ellos los dementes: esclavos de la envidia, de la gula, de la sensualidad, terminan pasándolo peor, y tarde se dan cuenta de que han malbaratado, por una bagatela insípida, su felicidad terrena y eterna. Nos lo advierte el Señor: quien quisiere salvar su vida, la perderá; mas quien perdiere su vida por amor a mí, la encontrará. Porque ¿de qué le sirve al hombre ganar todo el mundo, si pierde su alma”.
“Por dirección distinta, discurre en ese sueño otro sendero: tan estrecho y empinado, que no es posible recorrerlo a lomo de caballería. Todos los que lo emprenden, adelantan por su propio pie, quizá en zigzag, con rostro sereno, pisando abrojos y sorteando peñascos. En determinados puntos, dejan a jirones sus vestidos, y aun su carne. Pero al final, les espera un vergel, la felicidad para siempre, el Cielo. Es el camino de las almas santas que se humillan, que por amor a Jesucristo se sacrifican gustosamente por los demás; la ruta de los que no temen ir cuesta arriba, cargando amorosamente con su cruz, por mucho que pese, porque conocen que, si el peso les hunde, podrán alzarse y continuar la ascensión: Cristo es la fuerza de estos caminantes.
-¡Pero hombre ,¿` a qué ton´ nos viene otra vez con estas monsergas si para nada hacen referencia a las achicorias que ahora trata!…? `¡Aguarden!´: digo, que en tiempos de la posguerra civil, vivimos estrecheces y austeridades. No obstante, si de un sustituto del café se trataba, nos permitimos el lujo de la elección: achicoria o `malta´.
Creo haber dicho ya en (1) algo sobre esta primera; me pete ampliarlo:
La infusión de achicoria debidamente seca, tostada y molida, tiene inulina, un hidrato de carbono que sigue estando en la raíz así tratada, que favorece la digestión a la vez que es capaz de abrir el apetito tomando una pequeña taza antes de la comida.
Curiosamente su producción y consumo está centrado en la actualidad en la cornisa cantábrica y en dos zonas (de pinares) que no están muy distantes entre sí en el centro de la Península: Cuéllar (Segovia) e Iscar (Valladolid). Es aquí donde se cultiva la práctica totalidad de la achicoria y donde se procesa.
¿Lo ven?, café cuasi de lujo. ¿Que no gustaba…? ¿Taza y media…? ¡Que no!: achicoria (café del pobre), que además beneficia a la salud. Si no, y para elegir, ¡malta!
La malta es una bebida tradicional que se obtiene de la cebada germinada y tostada. Aunque habitualmente se utilizaba y se utiliza para la elaboración de bebidas alcohólicas, como la cerveza o el whisky, en la actualidad tiene cada vez más protagonismo en los libros de recetas. Es una fuente de energía para todas las edades. Además, tiene excelentes propiedades reconstituyentes y, a pesar de no contener componentes excitantes, es una gran fuente de energía. De ahí que muchas personas hipertensas la empleen como sustituto del café; por ello, también es ideal para niños y deportistas.
¿Dónde, pues, la austeridad? Sustituto del café he dicho. Café, café… desde luego no era. Pero por el color se le parecía. Sabor, sabor, a café, café, tampoco; pero se le parecía. Con ambos como que tomábamos café. Y basta.
En el Sotillo, tierra ligera pero no arenosa, el más rudimentario de los modos de siembra una sembradora de herrero ¡tirada por un hombre! fue depositando a chorrillo una de las más diminutas semillas conocidas. Con buen tempero la tierra, a los pocos días germinó en hiladas de pequeñas plantas; cordoncillos de verdor de alto en bajo de una tierra mollar. Al tiempo de contemplar las puntadas de hilo verde en el lienzo fértil, el amo de turno movía con preocupación la cabeza, no muy seguro de tenerla sobre los hombros. Y es, que prometía el cacho; pero al tiempo de `espuntar´ achicorias que hacían honor a la madre en tamaño minúsculo, igual, igual, brotaron a millares, cardos, ceñilgos, aulagas… y un sinfín de malas yerbas que asfixiaban a las recién nacidas achicorias. Y cómo no, esto le hizo recordar…
“A veces se piensa que los santos han sido unos seres extraordinarios ya desde niños, con episodios milagrosos en sus vidas. Se dice que “santo se nace, no se hace”, quizá pensando que las personas normales y corrientes, los que no han hecho nada extraordinario, no pueden aspirar a ser santos.
Pero no. Los santos no son superhombres ni personas fuera de lo común. El caso de san Josemaría lo muestra muy bien. Él mismo decía que «Dios Nuestro Señor fue preparando las cosas para que mi vida fuese normal y corriente, sin nada llamativo».
Desde aquella luz especial del 2 de octubre de 1928 enseñó que «la vida ordinaria el verdadero lugar de vuestra existencia cristiana». Explicaba que «allí donde están vuestros hermanos los hombres, allí donde están vuestras aspiraciones, vuestro trabajo, vuestros amores, allí está el sitio de vuestro encuentro cotidiano con Cristo. Es, en medio de las cosas más materiales de la tierra, donde debemos santificarnos, sirviendo a Dios y a todos los hombres».
«Nunca me han gustado esas biografías de santos en las que, con ingenuidad, pero también con falta de doctrina, nos presentan las hazañas de esos hombres como si estuviesen confirmados en gracia desde el seno materno. No. Las verdaderas biografías de los héroes cristianos son como nuestras vidas: luchaban y ganaban, luchaban y perdían. Y entonces, contritos, volvían a la lucha».
-¡Oiga, oiga, ¿no será que las muchas letras `lihan´ hecho perder el juicio!?, porque ¿`Qué demontres tién que ver´ las achicorias diminutas ´arrodeadas´ de yerbas con el sermón `quiha tirado´? ¡Que`o´ le digo´ que, si no deja tanta letra, `pa mí ‘que usted `trastorna´! ¡A ver…!, sentenció el señor Rufo.
Sonrió el amo mientras pensó y no dijo:
“Hacedlo todo por Amor. —Así no hay cosas pequeñas: todo es grande. —La perseverancia en las cosas pequeñas, por Amor, es heroísmo.
Un pequeño acto, hecho por Amor, ¡cuánto vale!
¿Quieres de verdad ser santo? —Cumple el pequeño deber de cada momento: haz lo que debes y está en lo que haces.
Has errado el camino si desprecias las cosas pequeñas.
La santidad «grande» está en cumplir los «deberes pequeños» de cada instante.
Las almas grandes tienen muy en cuenta las cosas pequeñas.
Porque fuiste «in pauca fidelis» —fiel en lo poco—, entra en el gozo de tu Señor. —Son palabras de Cristo. —»In pauca fidelis! …» —¿Desdeñarás ahora las cosas pequeñas si se promete la gloria a quienes las guardan?
No juzgues por la pequeñez de los comienzos: una vez me hicieron notar que no se distinguen por el tamaño las simientes que darán hierbas anuales de las que van a producir árboles centenarios.
No me olvides que en la tierra todo lo grande ha comenzado siendo pequeño. —Lo que nace grande es monstruoso y muere”.
Al siguiente día, una numerosa cuadrilla de mujeres armadas con pequeñas binaderas, arrancaban cuidadosamente infinidad de achicorias sobrantes, y malas yerbas -que sobraban todas- hasta dejar solas y de trecho en trecho las minúsculas plántulas, aún en cotiledones, para el normal desarrollo.
Entonces al chaval -sobrino y amigo- que no perdía ripio hasta de lo que pensaba su tío, el amo, le habló de santidad en lo ordinario de cada día. Evidentemente (¿) el chaval puso cada de haba cuando su tío, el amo de turno, le `mentó‘ lo de santidad.
-Es que tío Paco, como monja no puedo ser, porque digan lo que digan soy hombre, ni cura tampoco porque no tengo vocación tú dirás `como se come´ eso de la santidad. Sonó como un trueno…cariñoso: ¡¡a todos, a todos dijo el Señor!!: “sed santos como vuestro Padre es santo”. – ¡Aaaah!
Y si Dios es servido, la serie finaliza ¡mañaana!
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://live.staticflickr.com/65535/48037210686_10e248d033_b.jpg
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