Por Carlos de Bustamante
(Carmen, Polvorilla)
Profesor de automóviles durante catorce años de destino en estas unidades, convencí a mi muy joven esposa de la conveniencia de sacar el carnet de conducir. Con más pavor que miedo, debido a un accidente con su padre del que, g.a D., resultó ilesa, a duras penas accedió.
Tenía por entonces dos vehículos en uso: un Land-Rover de la labranza familiar de la que por entonces era director-gerente y un Renault R-12 ranchera (familiar) para uso privado con que transportar a la numerosa familia con idéntico y preferido destino- por lo general- como era para todos la ¡cómo no! Dehesa de Peñalba.
Mientras nuestros hijos corrían similares aventuras que su padre, tíos y los padres y abuelos de sus tíos, aprovechamos para iniciar el que suponía complicado aprendizaje. Con solo 6-7 años de matrimonio ¡qué poco conocía las cualidades de mi Carmen!, comenzó la aventura…
Para mayor seguridad fue coche autoescuela el Land Rover. Primero varias sesiones de clases teóricas: frenos, acelerador, embrague, caja de cambios…. Pronto le resultaron tan familiares como cambiar de pañales a los niños (cinco hijos, cinco ya). ¡Que era mucha Carmen la mi Carmen!
El 2º día de clase, circulaba por caminos de herradura en la Dehesa como `Pedro por su casa´. Al `desotro´ día hube de suspender la clase por agujetas en brazos y piernas de la alumna, producto de la dirección `desasistida´ y para camioneros del rústico Land-Rover.
-Si apruebas hoy mi examen, le dije un día, mañana salimos a carretera.
Como si a un andaluz le nombraras `la bicha´, así se puso mi Carmen: como un flan.
Por los caminos peñalberos más complicados comenzó el examen: arrancar cuesta arriba; sortear obstáculos del camino arenoso del pinar; salir de un atasco con la tracción a las cuatro ruedas; hacer doble embrague al cambiar de velocidades cuesta abajo y sin frenar; cambios de luces; adelantamientos y cruces con tractores… Todo perfecto, como para carnet máximo `E´. Así, hasta llegar a las eras.
Bien por exceso de confianza, por distraerla hablando, bien por cansancio en los brazos, lo cierto fue, que se salió del camino en derechura a un montón de paja. El llamado `pajiguero´ de paja fina procedente de la trilladora.
– ¡¿Qué hago…!? Fue el grito angustioso. Y el `profe´, impertérrito, tirano:
– ¡Ah, tú verás! A sabiendas de que en la paja no había peligro. Azorada, aceleró en vez de frenar. Y… ¡¡zás!!, en el liviano `pajiguero´ de tamo, conductora, profe y Land Rover quedaron atrapados por los restos que otrora cubrieran el grano y formado las barbas de las espigas…
– ¿Y ahora…? Y Nuevamente tirano:
– ¡Ah, tú verás! Con la sonrisa primero en los labios y en un fenomenal ataque de risa luego, en cuanto vimos la luz logró decirme:
-He aprendido hoy más que en todos los días de `clase´.
-Lo único, me reprochó, es que el niño pudiera haberse hecho daño con el choque. Y es, que, con más de seis meses de embarazo, el ¡ah tú verás!, podría haber sido, sí, muy didáctico, pero peligroso para ¡otra! criatura en el seno de mi queridísima alumna.
Sobresaliente` cum laude´.
Desde el teléfono recién estrenado en la Dehesa, llamé a la Guardia Civil de Tudela de Duero. Les pedí permiso para circular sin carnet y en prácticas por la apenas transitada por automóviles, carretera de Renedo por el páramo. Con la vigilancia de una `pareja´ motorizada, accedieron. Escoltada y a la velocidad impuesta por el guardia motorista de tráfico, circulaba mi Reina -o sea, mi Carmen-, como una Reina: sonriente, segura.
Intrépida mi polvorilla, pero prudente, decidió no presentarse al examen dado su avanzado estado de gestación y peligro en la conducción para la criatura esperada y deseada.
Con el `examen y maletas´ preparadas a conciencia, mi Polvorilla ha aprobado con nota el más importante con pasaporte A, B, C, D y E. , para el Cielo.
Home