“El acierto de Inés Arrimadas, el desconcierto del PP y el común error sobre Vox”, de Federico Jiménez Losantos, “Holanda aprobará una «pastilla letal» para los mayores de 70 cansados de vivir”, de Enrique Serbeto y “Pasión por la verdad, el bien y la belleza”, de Juan Meseguer
(El discurso del Rey. Viñeta de Tomás Serrano en El Español el pasado día 4)
EL ACIERTO DE INÉS ARRIMADAS, EL DESCONCIERTO DEL PP Y EL COMÚN ERROR SOBRE VOX
Artículo de Federico Jiménez Losantos publicado en Libertad Digital el pasado día 2
Pero el acierto de Arrimadas, por virtud o necesidad, que tanto da, ha resucitado el error habitual, letal ya desde Rivera, del centrismo ‘guay’, que se deleita despreciando a Vox.
En una guerra de verdad, aunque se libre en las alcantarillas de la corrupción judicial y mediática, como la declarada por el Frente Popular Separatista a la Nación y a la Constitución españolas, uno no elige a sus aliados, sino a sus enemigos. En la Guerra de la Independencia, la España leal a sí misma, no eligió a Wellington como aliado sino a Napoleón como enemigo. Los ingleses no vacilaban en destruir las fábricas que dejaba la gabachada genocida, a la que algún analfabeto todavía llama Ejército de las Luces, la Ilustración y la Enciclopedia, pomposa fatuidad antiespañola. No: los españoles sabían que a Inglaterra le interesaba combatir a Napoleón en suelo extranjero, siempre mejor que el propio, y siendo nuestro el campo de batalla, se aliaron con la armada que destrozó en Trafalgar a la española cuando era aliada de Francia. La guerra es así: enemigo común, aliado fijo. Eso, si se toman en serio la guerra, el peligro y al enemigo. Si no, a morir.
Inés hace de la necesidad virtud
Suele ser el más débil de los amenazados el primero que busca la alianza contra el enemigo común, y de los tres partidos nacionales con dimensión estatal, el más débil ahora es Ciudadanos. Antes lo era el Vox que aspiraba a un escaño; y, antes aún, el PP salido de la fosa de Rajoy. Si no sale la moción contra él y no se queda pasmado, Rivera hubiera ganado las elecciones. Pero, errores aparte, en un proceso revolucionario todo va muy deprisa, y en estos tiempos velocísimamente desinformativos, más.
Ahora, el que necesita el acuerdo que despreciaba es Ciudadanos, el que se hace el interesante es el PP y el que se desentiende del problema es Vox. En menos de dos años, todo ha cambiado, porque España está patas arriba. Pero los tres partidos españoles siguen a lo suyo, con sus directores de comunicación incomunicándolos, sus miniencuestas o focus dejándoles engañarse, y con la guardia de sus líderes convenciéndoles de que todo irá bien si no hacen nada con los demás, porque el futuro, en solitario, es suyo.
La verdad es que ninguno de los tres tiene futuro en un cambio de régimen. Vox les viene estupendamente a socialcomunistas y separatistas, porque su pin, que nadie sabe qué es, salvo que lo usa la Izquierda, presenta como problema esencial un conflicto de costumbres y no la vida o muerte de la integridad nacional y constitucional. Nunca un grupo tan pequeño como el asociado a Hazte Oír tuvo tanto poder en la Derecha ni favoreció tanto a la Izquierda apartándola de lo esencial. Por supuesto, hay gente de buena fe convencida de que Vox está dando la batalla que no dan PP y Cs en el ámbito de los valores y de las libertades españolas y occidentales, con el marchamo histórico español del catolicismo no sólo como fe teológica, sino como argamasa secular y cultural de la nación.
Brillo mediático y eclipse político de Vox
Esto es, en muy buena parte, cierto: PP y Cs se han rendido en parte a la Izquierda. Pero mucho antes de que existiera Vox, otros veníamos ya haciendo la guerra al marxismo cultural. Vox no está haciendo eso, porque no tiene fuerza, ni ideas, ni estrategia. No puede dar batalla alguna, las pierde todas sin llegar a combatir porque así le interesa a la Izquierda que parezca que sucede. Pero no sucede en absoluto. Es pura fantasmagoría.
Vox ni siquiera utiliza a los intelectuales que hace un año se unieron a su aventura patriótica. Ni Francisco José Contreras, ni Barbadillo, ni el otro Iván, ni Marco: en la televisión sólo salen cuatro, que son tres y, en realidad, dos. Con Abascal propenso al eclipse, compensado con el baño episódico de masas, la felicísima pareja de Iván y Rocío acapara más del 90% de la presencia mediática del partido. El otro 10% es para Ortega Smith, siempre bien orientado, pero a menudo desacertado. No es que lo que digan esté mal, pero siempre lo dicen los mismos, y siempre parecen encantados de haberse conocido y de ser los malos para los malos. ¿Piensan que, si realmente les dañaran, los medios de Izquierdas les darían el espacio que ahora les brindan y que antes les negaban?
De Vox como partido sólo sale lo estridente, anecdótico o impopular por minoritario, nunca lo que tiene de causa común con los partidos que también defienden lo que quiere destruir la Izquierda: el régimen nacional y constitucional. Pese a todo, sigue siendo, por tiempo limitado, el banderín de enganche limpio al que se aferra una parte alarmada de la sociedad, un tanto a la desesperada, porque no confía en los partidos que conoce y que no le sirvieron. ¿Les sirve Vox? Moral y personalmente, sí. Políticamente, no.
Matizo: en la batalla cultural cotidiana, en el menudeo diario, Vox suele decir lo que otros no se atreven a decir o dicen a medias. Pero, en conjunto, favorecen la imagen que quiere la Izquierda: la de una Derecha sin unión posible. Algo, por desgracia, que es absolutamente real. Y algo peor: una situación en la que los tres partidos se sienten cómodos. No sus bases sociales, que ven que se nos lleva la riada, pero sí el aparato de cada partido, que vive de ver la paja en el ojo ajeno y nunca la viga en el propio.
La ocasión de agruparse de las fuerzas nacionales
Tan bien le va al Frente Popular Separatista, pese al mayor desastre de gestión que recuerda nuestra Historia desde la II República, que han ido más allá de sus fuerzas y, viendo a la Moncloa esclavizada, han entrado en la clásica guerra civil catalana para ver quién es el catanazi que manda. Eso brinda a los partidos del centro-derecha la oportunidad de reorganizarse y hacer un frente común para defenderse ellos mismos y a lo que representan. Y en Cataluña, como le correspondía, Ciudadanos ha dado el primer paso.
La reacción del PP ha sido lamentable, al menos al principio. Casado respondió que ellos, o sea, él, llevaban un año pidiéndolo, que les habían negado grupo en el parlamento catalán y que, por fin, recapacitaban. Luego rectificó la forma y el fondo, dejó de recrearse en la mezquina suerte del rencor y pareció dispuesto a pactar, ayudado porque el liderazgo del PP catalán, con Alejandro Fernández al frente, está sensatamente encantado con el pacto. Ellos viven diariamente y juntos su condición de maltratados por las bestias salvajes, ellas sí, de ese separatismo callejero, mediático y parlamentario que busca su exterminio. Y sigue sin abordarse el caso del PP vasco, en el que siguen mandando los sorayos, por una sola razón: porque Casado no se anima a refundar lo que fue una entidad fuerte, mártir y admirada por todos. ¿Hay alguien que admire hoy a Alfonso Alonso? ¿Cree Casado que semejante liderazgo puede alimentar nuevas vocaciones?
Mucho peor, aunque también rectificable, ha sido la respuesta de Feijóo. Hace un mes daba por hecho que, si había tres candidaturas, perdía. Ahora le han dado una encuesta en la que gana solo, porque buena parte del PSOE le votaría. Y él se la ha creído. Y desprecia a Ciudadanos, como si cada voto en Galicia no contase, como de costumbre, para alcanzar una mayoría que estará cerca o no, pero nunca tendrá segura. Y en una campaña en la que la acorazada mediática golpista buscará su aplastamiento a toda costa, para abrir un tercer frente separatista, con el vasco y el catalán, que haría casi imposible la defensa de España. No sería la primera vez que un líder del PP se suicida por una encuesta amable. Esta podría ser la última.
Centrar a Vox, no derechizarlo
Pero el acierto de Arrimadas, por virtud o necesidad, que tanto da, ha resucitado el error habitual, letal ya desde Rivera, del centrismo ‘guay’, que se deleita despreciando a Vox. Mi muy querido Jorge Bustos, cegado en vez de inspirado por la cercanía centrista, ha dicho que ese pacto PP-Cs está muy bien… siempre que empiece por romper con Vox. Le ha faltado pedir su ilegalización, parte ineluctable del programa Sánchez-Iglesias. Es justo al revés. Cuanto más legitimen el PP y Cs a Vox, su aliado forzoso ante el enemigo común, más fácil será recuperar ese millón de votos de Cs que prefirió abstenerse, o sea, votar contra la inoperancia de Rivera, antes que preferir otro partido. Y, ojo, el menos preferido fue el PSOE, no Vox.
Copiar en el centro-derecha la superioridad moral de la izquierda, que parte de la satanización de Vox, no perjudica al partido de Abascal, pero sí a la causa nacional y constitucional que comparte con PP y Cs. Lo que debería repetir más a menudo la gente del PP y de Cs es que Vox es un partido nacional y constitucional, mientras que el PSC y el PSOE no lo son, y sus aliados, mucho menos. Basta repetir: estamos con Abascal antes que con Otegui; las izquierdas prefieren a Otegui en vez de a sus víctimas, pero nosotros sabemos quiénes son nuestros enemigos y buscamos aliados para derrotar el golpe de Estado. Tan fácil como eso. Si hubiera costumbre.
HOLANDA APROBARÁ UNA «PASTILLA LETAL» PARA LOS MAYORES DE 70 CANSADOS DE VIVIR
Artículo de Enrique Serbeto publicado en ABC el pasado día 5
La coalición de Gobierno quiere aprobar la ley antes de fin de año. No necesitará prescripción médica, ni justificar un problema de salud
Huib Drion fue un juez del Tribunal Supremo holandés, profesor de derecho, ensayista y académico. Hace cuarenta años lanzó la idea de que el Estado debería poner a disposición de los ciudadanos que han cumplido los 70 años una píldora venenosa, para que pudieran decidir en qué momento quieren acabar de vivir. Drion murió plácidamente por causas naturales mientras dormía en su casa de Leiden en 2004, a los 86 años. Pero su propuesta ha resucitado al albur de la vida política holandesa y en este momento se encuentra sobre la mesa del actual Gobierno que ha empezado a tramitar su puesta en marcha.
El Gobierno holandés acaba de publicar un primer estudio sobre la definición del espectro de población a las que se dirigiría esta pastilla del suicidio, o «píldora Drion» que podría ser una realidad este mismo año. Los datos que se desprenden de la investigación revelan que, en efecto, existe una parte de la población de más de 55 años que a pesar de estar en buena salud, «tienen un deseo de morir consistente y activo», pero su proporción, un 0,18% de esa franja de edad, no permite deducir que constituya un grupo significativo. De hecho, el ministro de Sanidad, el democristiano Hugo de Jonge, cree que lo que habría que hacer es «intentar devolverles el gusto por la vida» a este grupo de holandeses que sumaría alrededor de 10.000 personas.
Holanda es –junto a Bélgica– probablemente el país más afectado por esta terrible banalización social de la muerte asistida de los enfermos. El año 2002, cuando se aprobó la primera ley de eutanasia, fue utilizada en 1880 casos; cinco años más tarde se ampliaron las condiciones para poder aplicarla y en la actualidad ya ascienden casi a siete mil las personas que cada año son acompañadas a la muerte por el propio sistema de sanidad. Unos 20 casos diarios.
Gran influencia
El libro de Drion, titulado «Het Zelfgewilde Einde Van Oudere Mensen», que se puede traducir como «La elección del final de la vida para los ancianos» tuvo una gran influencia en el debate que llevó a la aprobación de la ley de eutanasia. Ahora la influencia viene por parte del partido liberal D66 que forma parte de la compleja constelación política que sostiene a la mayoría gubernamental en La Haya y que es el que había incluido en su programa el tema de la pastilla venenosa para los mayores. Los portavoces de este partido afirman incluso que el Gobierno va demasiado despacio en la tramitación de la idea y que por ello han decidido presentar ya en febrero su propia legislación para que no queden dudas de su voluntad de sacarla adelante.
Drion escribió el libro después de un encuentro fortuito con un anciano al que horrorizaba la perspectiva de terminar sus días en una residencia. «Me parece –escribió entonces– que muchas personas mayores encontrarían una gran tranquilidad si pudieran tener un medio para poner fin a sus vidas de una manera aceptable en el momento en que para ellos sea el más adecuado».
La parlamentaria de D66, Pia Dijkstra, ha dicho que a pesar del informe presentado por De Jonge, ella mantiene sus planes de presentar un proyecto de ley. «El ministro obviamente siente menos la urgencia que yo», asegura la parlamentaria, quien defiende que «las personas ancianas que ya han vivido lo suficiente, deberían poder morir cuando lo decidan».
En medio de este debate, en junio pasado, el actual Gobierno holandés lanzó una nueva campaña para alentar a las personas a pensar más sobre el final de sus vidas, a raíz de la cual han aparecido varias páginas de internet sobre cuidados paliativos en los que aparecen instrucciones para no cuestionar las voluntades que hayan podido expresar las personas que se vean afectados por síntomas de demencia senil.
La más importante es la Asociación Holandesa por un Final Voluntario de la Vida (NVVE) que tiene entre sus objetivos la ampliación de los límites de la ley de eutanasia. El caso de la adolescente Noa Pothoven que el verano pasado se dejó morir de inanición ante la mirada complaciente de sus padres y de algunos médicos porque no se le había permitido ser eutanasiada, demostró hasta qué punto la sociedad holandesa ha asumido con terrible naturalidad esa relación con la muerte «a la carta». Da la impresión de que en los Países Bajos trabajan con la idea de racionalizar la muerte hasta límites inhumanos. Una vez publicado el nuevo informe de los expertos, el Gobierno volverá a lanzar el debate a la sociedad holandesa y no espera tener preparado un proyecto de ley antes del fin del verano, según un portavoz del ministerio de Sanidad.
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El problema para el primer ministro Mark Rute (del Partido Popular por la Libertad y la Democracia VVD, también del grupo liberal) es que en la combinación para formar la actual mayoría necesitó apoyarse también en la Unión Cristiana, un partido minoritario y de raíz religiosa, que no está de acuerdo con la idea de que el estado proponga la distribución de una pastilla para el suicidio de las personas mayores.
«No se valora la vejez»
Carla Dik-Faber, una de las diputadas más activas de la Unión Cristiana explica que el debate sobre la pastilla de la «vida acabada» ya empezó en 2014 cuando se expuso la propuesta de que si alguien que cree que ya ha hecho todo lo que tenía que hacer en la vida puede decidir sencillamente morir cuando disponga. «El problema es que se trata de personas saludables que no están gravemente enfermas» destaca esta joven diputada, que se queja de que lo único que cambia respecto a la eutanasia es que en lugar de que esas pastillas las administre un médico se ha previsto que esté en manos de una especie de de «consultores del fin de la vida».
Para Dik-Faber «este no es un problema individual, sino que afecta a la sociedad en su conjunto. Los primeros comités de expertos que han analizado este tema han dicho unánimemente que no debe hacerse, los médicos también piensan lo mismo y nosotros también». Su principal argumento es que «la misión del Gobierno es proteger a las personas, especialmente las más vulnerables o las más ancianas y no puede ayudar al mismo tiempo con el suicidio».
La diputada de la Unión Cristiana cree que una vez que el suicidio asistido es legal, muchos ancianos pueden sentirse alentados por su entorno a pensar en quitarse de en medio. «Las personas mayores pueden sentirse innecesarias en una sociedad que no valora la vejez. Es verdad que hay gente que se siente sola, otros pueden tener una vida de sufrimiento y eso son cosas que no son fáciles de resolver, pero el Gobierno y toda la sociedad deben asumir la responsabilidad de asumirlo. No queremos ‘consultores del fin de la vida’, queremos ‘guías de vida’. Para nosotros toda vida es valiosa», asegura.
Porvenir incierto
Los votos del Partido Cristiano no son necesarios para una eventual mayoría en el debate parlamentario sobre esta nueva ley, porque hay otros partidos que no están en el Gobierno y que están dispuestos a apoyarla. Lo que no se sabe es si esta discrepancia política puede acabar con la coalición y hacer caer el Gobierno. En todo caso, teniendo en cuenta la tradición de este país es más que probable que los legisladores darán este paso hacia un porvenir tan incierto para los ancianos.
PASIÓN POR LA VERDAD, EL BIEN Y LA BELLEZA
Artículo de Juan Meseguer publicado en Aceprensa el pasado día 5
En su libro The Beer Option, Jared Staudt emplea la imagen de la cerveza –un producto típico de la cultura católica– para explicar cómo las realidades materiales son una vía de acceso a Dios. La bebida, elaborada por los monjes benedictinos como medio de subsistencia y de caridad hacia los pobres y los peregrinos, también evoca la alegría y la amistad, dos rasgos distintivos de la nueva evangelización.
Tras publicar el libro en 2018 –a modo de spin-off de La opción benedictina, de Rod Dreher–, Staudt puso en marcha la web Building Catholic Culture. Se trata de un proyecto de alfabetización para suscitar el aprecio por la “rica cultura sacramental” del catolicismo, que es una fe encarnada en el mundo. Como recordó san Juan Pablo II en un famoso discurso de 1982, “una fe que no se hace cultura es una fe no plenamente acogida, no totalmente pensada, no fielmente vivida”.
La cultura católica empieza en el hogar y, desde ahí, irradia todos los ámbitos de la sociedad. De ello es consciente Staudt, casado y padre de seis hijos, profesor del Augustine Institute y director académico de la oficina de formación de la archidiócesis de Denver. Por eso, en su web dedica un apartado a la cultura familiar. Entre sus pilares sitúa la oración en familia; la educación de los hijos en el aprecio por la verdad, el bien y la belleza; las prácticas compartidas de trabajo y ocio; y los planes con otras familias.
Otra pata de su proyecto de alfabetización cultural son los talleres de formación humanística para jóvenes y adultos, los retiros y las peregrinaciones, concebidas estas últimas como genuinas experiencias de inmersión en la cultura católica. Lo que incluye visitas a lugares representativos del arte cristiano, momentos de oración, conciertos de canto gregoriano, catas de cerveza trapense…
Pero, seguramente, la joya de la corona de su web son las reflexiones que hace al hilo de un poema de Gerard Manley Hopkins o de John Henry Newman, de un cuadro de Monet o de Turner, del Réquiem de Mozart, de un oratorio de Edward Elgar, de una escultura de Donatello, de la basílica de Saint-Denis… El conjunto forma “una profunda visión sacramental” del mundo, como dice a propósito del poema La grandeza de Dios, de Hopkins.
“Sin belleza, perdemos un poderoso resorte hacia la fe”
El mundo como sacramento
Para Staudt, un laico que adapta la Regla de san Benito a su ambiente familiar y social, la cultura no es algo puramente ornamental. “El arte –explicaba hace tiempo en un artículo– nos inicia en la tradición viva de la cultura católica y de la civilización occidental”; nos ayuda a modelar nuestra sensibilidad; dispone la mente y el corazón para adorar a Dios; y “nos sumerge en la belleza”.
“La pobreza de nuestra cultura es en gran parte una pobreza de belleza. Ya no vemos el mundo como un sacramental que revela y manifiesta profundas verdades y misterios espirituales. Sin belleza, es menos probable que miremos hacia arriba, y perdemos un poderoso resorte hacia la fe”.
Si nuestra vida discurre alejada del arte y de la cultura, concluye Staudt, se irá empobreciendo. “Necesitamos experimentar una epifanía de la belleza para inspirarnos en la búsqueda de las cosas más elevadas y para refrescarnos en nuestros esfuerzos y nuestras pruebas”. Necesitamos esa manifestación en nuestra vida para percibir mejor Dios en lo ordinario.
Artículo en: https://www.aceprensa.com/cultura/pasion-por-la-verdad-el-bien-y-la-belleza/
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