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Sorprendente Oscar a “Parásitos”

Tres foramontanos en Valladolid 15 Mar 2020 - 07:22 CET
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Por José María Arévalo

(Cartel de la película Parásitos)

“Algo ha cambiado definitivamente en Hollywood para siempre” decía el crítico José María Aresté, en Decine21, cuando se supieron los premios Oscar 2020. Parásitos, con 4 Oscar, incluido el de mejor película, triunfó en la gala 92 de los Oscar. La estatuilla dorada dejó de hablar inglés y se ha puesto a balbucear el coreano. Sorpresa total que les haya costado menos premiar a una película de Corea que a una de Netflix. Enorme polémica a la que se ha sumado Donald Trump, quejándose de este premio a una película de un país con el que tiene sus problemas. Neon, distribuidora de Parásitos en Estados Unidos, le respondió a través de Twitter: «Es comprensible que no le haya gustado un film en versión original porque… ¡no sabe leer!».

El film ha hecho historia al convertirse en el primer film con diálogos en otro idioma que no sea el inglés, que triunfa en la máxima categoría de los Oscar, pues The Artist era muda. Trump se queja con algo de razón. Lo cierto es que en la última década solo un director norteamericano se ha llevado la estatuilla, Damien Chazelle por La La Land en 2017 (y Kathryn Bigelow en 2010 por En tierra hostil). Y británico, al igual que Mendes, Tom Hooper (ahora recordado por ser el director de Cats) lo consiguió en 2011 por El discurso del rey.

El resto ha sido para mexicanos: Alfonso Cuarón en dos ocasiones, por Roma el año pasado y Gravity en 2014; Guillermo del Toro por La forma del agua en 2018; y Alejandro González-Iñárritu dos años consecutivos, por El renacido en 2016 y Birdman en 2015. El taiwanés Ang Leeen 2013 por La vida de Pi y el francés Michael Hazanavicius por The Artist en 2012.

Triunfo sorpresa, pués, de Parásitos en los Oscar 2020. Como les contaba en vísperas de la entrega de los premios, el 9 de febrero pasado en mi artículo habitual sobre las nominaciones, “Hacia los Oscar 2020”, “Parásitos se estrenó en octubre pasado pero no se me ocurrió entonces que una peli coreana pudiera tener tanto éxito y me la perdí en cines, y ahora la busco en la red pero no la encuentro; ya le arrebató la Palma de Oro en Cannes este al parecer original film de Bong Joon-ho, afilada crítica social de original cuño, dice el ya citado artículo de José María Aresté”. Así que he esperado a verla para comentarla, así como el desenlace de estos premios, sobre el que no tengo mucho más que decir de lo que avancé de las nominaciones, que nos ayudan a dar un repaso a las películas del año, y sirven para no perdernos las mejores, al menos en teoría, “aunque para mi gusto no es oro todo lo que reluce. Este año, más que ningún otro, me temo que me voy a quedar muy insatisfecho, porque ninguna de las favoritas me convence del todo. Otras veces hago apuestas, pero hoy no voy a votar por ninguna, al menos de las nominadas”.

Ahora he encontrado una excepción: me hubiera gustado apostar por Harriet, en que la intérprete negra Cynthia Erivo -les decía- ha protagonizado la principal sorpresa en las nominaciones de los actores en su versión del biopic sobre Harriet Tubman, una esclava que supo luchar por la libertad. Entonces tampoco la había visto, para poder votar por ella, pero después me hice con una versión original subtitulada y me ha parecido una película excelente, épica, toda una epopeya de la esclavitud en USA, justo cuando va a empezar su guerra de secesión, que hubiera encantado fuera la ganadora a Donald Trump. A mí también. Es una película llena de valores morales, además de cinematográficos.

Pero vamos con Parásitos (Parasite / Gisaengchung), que creo es lo único relevante a comentar, además, de esta edición, que ha obtenido por sorpresa los Oscar 2020 a mejor película, dirección, guión original ( ambos a Bong Joon-ho) y película internacional. Se estrenó en Valladolid el 25/10/2019, y ahora se ha repuesto, en el cine Casablanca. En ella –recojo la critica de Decine21- la familia Kim, el matrimonio y dos hijos, malvive en un semisótano de condiciones insalubres. Ninguno tiene trabajo fijo, pero son especialistas en supervivencia y picaresca, desde conseguir wifi gratis a ganarse algo de dinero reciclando envases de cartón para pizzas. Un día asoma a sus puertas una gran oportunidad. Un amigo de Ki-taek le ofrece ser su sustituto en las clases de inglés de una adolescente, la hija mayor de una familia rica, los Park. Poco a poco los miembros del clan consiguen empleo en casa de los Park, sin que éstos conozcan sus lazos de parentesco. La película de tono tragicómico con la que el coreano Bong Joon-ho se ha hecho acreedor de la Palma de Oro en Cannes. Estamos ante un cineasta imaginativo e inclasificable, que se apropia de las reglas de géneros como el policíaco (Memories of Murder) y el fantástico (The Host, Snowpiercer), y que en Okja orquestó una sorprendente sátira social. Un planteamiento que vuelve a asomar en Parásitos, que se diría el reverso cómico y guiñolesco de la ganadora en Cannes el año anterior, la japonesa de intenciones más realistas Un asunto de familia. Coescrita con Han Jin Won, funciona como un tiro, con un ritmo endiablado. Nunca se produce el temido estancamiento, pues cuando Joon-ho parece que ha repartido todas sus cartas, logra sorprender con varios requiebros inesperados. Quizá el clímax resulte excesivo, pero se nota que pese a todo el director se contiene, y sabe entregar un buen final con doble capa. Funciona muy bien la crítica a las clases adineradas, que viven en su particular nube de preocupaciones artificiales, ajenas al mundo real, siendo por ello fácilmente engatusables. Pero tampoco faltan los reproches a quienes no disponen de recursos, pero que los ambicionan en tal medida que son verdaderos parásitos, no tan diferentes de aquellos a quienes envidian y de los que desean aprovecharse en perfecta simbiosis, incluso imitándolos en sus hábitos en lo que les resulta posible, no resulta fácil distinguir quiénes son los parásitos, unos y otros a su modo lo son. De modo que sí, los ricos pueden resultar ridículos, pero los pobres también, porque se mueven por las mismas pulsiones. Además, en una sociedad como la actual, en que nos gusta tener las cosas bajo control, se apunta a la idea de la imposible pretensión de tenerlo planificado y previsto todo, hay que admitir el planteamiento de vivir al día, sin agobiarse por lo que traerá el mañana. Todos los actores están muy bien, incluido por supuesto Song Kang-ho, un habitual en el cine de Joon-ho.

Estos días la prensa vallisoletana se ha hecho eco de cómo el oscarizado cineasta surcoreano recibió en 2014 la Espiga de Honor de la Seminci, que le dedicó un ciclo en su 59 edición. La Semana Internacional de Cine, a la que Bong Joon Ho acudió también como miembro de su jurado internacional, y en la que participó impartiendo una clase magistral en la Universidad de Valladolid, no solo proyectó su filmografía, “ácida, crítica y personal en la confluencia entre lo fantástico y lo real, con títulos como Barking dog never bite o Memories of murder, sino que también mostró los trabajos que el propio realizador escogió por la influencia que habían ejercido en su carrera: Imamura, Clouzot, Kurosawa o Ripstein fueron citados como sus referentes”.

Como por mi parte no había visto nada –no sigo especialmente la Seminci- de Bong Joon Ho, en las fechas siguientes a los Oscar he buscado sus películas, y he encontrado, además de Parásitos, otras tres películas suyas, Memories of Murder, Snowpiercer y Okja. Veo en las críticas de ellas que se relaciona el cine del surcoreano con nuestro Berlanga, cuyas películas al parecer conoció bien, y ello me anima a verlas despacio para formarme un criterio.

Efectivamente estamos ante un cineasta “imaginativo e inclasificable”, como lo califica Decine21, que me ha sorprendido enormemente. Creo que más que por Parásitos se ha merecido el Oscar por el conjunto de su filmografía, por lo original de sus propuestas además de su perfección expositiva. Para mi gusto es una novedad en la Historia del cine. Es verdaderamente sorprendente la riqueza expositiva de sus películas, su singularidad. Solo tengo sobre ellas un pero, que a mitad de recorrido cansan un tato. No estoy de acuerdo con lo que al respecto recoge DeCine21 de Parásitos, que “funciona como un tiro, con un ritmo endiablado. Nunca se produce el temido estancamiento, pues cuando Joon-ho parece que ha repartido todas sus cartas, logra sorprender con varios requiebros inesperados”. Esto último, que recuperamos la atención, sí es cierto, pero quizá un metraje más reducido hubiera sido preferible.

Oros aspectos comunes a sus películas son, de un lado, la crítica social, en la que se muestra brillante caricaturizando tanto a los pudientes como a los menos favorecidos en la sociedad, y de otro un cierto enfoque ecologista pero en el buen sentido de la palabra, positivo. Además, usa un “humor bizarro” –el calificativo es de DeCine21- que es su personal marca de fábrica, que a veces puede chocar a la mentalidad occidental. En todo caso, una sorpresa.

Más aún que Parásitos, me ha gustado Snowpiercer (Rompenieves), de 2013, en cuya producción cooperan Corea del Sur, EE.UU., Francia y la República Checa, en la que, en un mundo que camina hacia el desastre, un intento por evitar el calentamiento global ha convertido la Tierra en un planeta congelado, y tras 17 años los únicos supervivientes ocupan un tren que nunca se detiene y recorre el mundo entero, una especie de apocalíptico «arca de Noé». En el interior –resumo a DeCine21- impera un tiránico sistema clasista, donde la chusma ocupa el furgón de cola, comiendo verdadera porquería, mientras que los vagones de delante los ocupa la clase dirigente, y los niños que constituyen el futuro de la humanidad. El injusto estado de cosas podría romperse si Curtis, el protagonista, decide asumir al fin el liderazgo de una revolución contra el tirano Wilson, el dueño del tren. Pero la hora de la rebelión se diría que nunca acaba de llegar. “Primera película en inglés del coreano Bong Joon-ho, director y guionista, que se inscribe en la moda contemporánea del cine con tintes apocalípticos al que él mismo no es ajeno, como demostró en The Host, sobre una criatura nacida de la contaminación radioactiva. El cineasta de ojos rasgados entrega una película dinámica, atravesada del humor bizarro que es su personal marca de fábrica, que a veces puede chocar a la mentalidad occidental […]Las escenas de acción están bien rodadas, los espacios claustrofóbicos bien aprovechados, y los distintos «universos» del tren conceden algo de variedad. La escena final tiene su encanto y concede al espectador espacio para la esperanza”.

(Cartel de la película Okja)

También de ciencia ficción es Okja de 2017en la que Lucy Mirando, CEO de la megacorporación USA Mirando, anuncia que su compañía creará genéticamente en unos años una especie de cerdo gigantesco, y una década más tarde, la pequeña huérfana Mija, que vive en las montañas en Corea del Sur con su abuelo, pasa todo el día en compañía de un ejemplar de estos nuevos animales, Okja, un préstamo temporal, así que cuando los representantes de la compañía se lo lleven, pues tienen planes poco ortodoxos para su futuro, la niña decide viajar a Seúl para recuperarlo. Logra un frenético ritmo narrativo, filma eficaces secuencias de acción, y añade toques de humor bizarro, aquí a veces un poco tontorrón. Sigue el esquema de E.T., el extraterrestre y otras cintas de amistad entre infante y monstruo, con elementos del cine de aventuras. Pero el realizador se distingue sobre todo por incluir crítica social, y en esta ocasión, con un tono cercano a la sátira, pone en solfa los excesos de la industria alimentaria, que lanza alimentos transgénicos movida únicamente por el afán de aumentar sus beneficios. Contra lo que se puede suponer, Joon Ho no se muestra complaciente con los animalistas en contra de este tipo de prácticas, pero que parecen más ingenuos que idealistas, y pese a su amor por las bestias, no dudan en golpear a humanos, sin consideración alguna. Amena, visualmente brillante, con una utilización inteligente de los efectos especiales, sobre todo a la hora de crear al expresivo marrano.

Memories of Murder de 2003, es la que menos me ha gustado. Concha de Plata al mejor director en el Festival de San Sebastián de ese año, describe las indagaciones de Tres detectives para buscar lo que parece un asesino en serie, al estilo “C.S.I” pero de forma chapucera por falta de medios. Bong Joon-ho mezcla intriga, humor, drama y sobre todo, crítica política y análisis sociológico de su país, que quizá para captarla habría que conocer mejor.

En fin, un cine, el de este director, verdaderamente sorprendente, como lo fueron en su momento Berlanga o Alfred Hitchcock. Habrá que seguirlo en lo sucesivo. Estoy de acuerdo con Aresté en que la Academia de Hollywood ha demostrado capacidad de riesgo y generosidad al premiar a alguien que no es de los suyos.

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