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A Dios, Jiménez Lozano

Tres foramontanos en Valladolid 29 Mar 2020 - 07:26 CET
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Por José María Arévalo Riera

(José Jiménez Lozano, nacido en Langa, Ávila, en 1930)

A los 89 años de edad ha fallecido el pasado 9 de marzo en Valladolid el escritor José Jiménez Lozano, al no superar un infarto. Periodista, ensayista, poeta, escritor infatigable –trabajaba en una nueva novela que pretendía publicar este año–, el ganador del Premio Cervantes (2002) y del Nacional de las Letras (1992) fue despedido en la iglesia Santiago Apóstol de Alcazarén, localidad en la que residía y en cuyo cementerio recibió sepultura. El PP pedirá para el escritor la Medalla de Oro de Valladolid a título póstumo.

Hace ya casi medio siglo publicó su primera novela,  “Historia de un otoño” (1971). Ya llevaba dos lustros colaborando con El Norte de Castilla, donde publicó por primera vez en 1959 cuando Miguel Delibes era director del diario; en aquella redacción coincidiría con Manuel Leguineche, José Luis Martín Descalzo, Francisco Umbral o César Alonso de los Ríos. José Jiménez Lozano llegó a ser director del periódico, desde 1992 hasta su jubilación, tres años más tarde. En aquel 1992 publicó “Tantas devastaciones”, con 62 años.

El escritor, Premio Castilla y León de las Letras y Premio Nacional de la Crítica (1988) por “El grano de maíz rojo”, deja cerca de una decena de poemarios, una docena de libros de relatos, una veintena de novelas con títulos como “El mudejarillo” o “Sara de Ur”, media docena de diarios y numerosos ensayos, desde “Un cristiano en rebeldía” (1963) hasta “Siete parlamentos en voz baja” (2015). Sus obras han sido traducidas al checo, al francés, al islandés, al ruso, al italiano, al alemán o al inglés.

Era hijo de un secretario de Ayuntamiento, en Langa y Arévalo recibió sus primeras lecciones. El bachillerato lo realizó entre Ávila y Valladolid, como alumno en esta última ciudad del Instituto Zorrilla; en su Universidad se licenció en Derecho –también cursó estudios de Filosofía y Letras en las Universidades de Salamanca y Madrid–, en 1956. Abandonó pronto su intención de prepararse las oposiciones de Judicatura para matricularse en la Escuela Oficial de Periodismo.

Humanista y hombre de profunda cultura y religiosidad –en 2017, recibió  la Cruz ‘Pro Ecclesia et Pontifice’, que otorga el Papa–, Jiménez Lozano volcó su mirada sobre aspectos de nuestra historia como los procesos de la Inquisición (“El sambenito”, 1972); la convivencia entre judíos, moros y cristianos en la Península ( “Parábolas y circunloquios de Rabí Isaac Ben Yehuda”, 1985); o la Guerra Civil y el Franquismo, cuyos recuerdos o reflexiones al respecto afloraron en títulos como  “Segundo abecedario”(1992), “Una estancia holandesa” (1998) o “Los cuadernos de letra pequeña” (2003), y le sirvieron de marco para novelas como “La salamandra” (1973) o “Duelo en la Casa Grande” (1982).

Recibió la Cruz de la Santa Sede

En estas páginas, en nuestro artículo “La Cruz de la Santa Sede, a Jiménez Lozano” de 19.11.17,  nos hicimos eco de la concesión al gran escritor de la “Cruz Pro Eclesia et Pontifice” que le concedió la Santa Sede, el día 4 de aquel mes, por una obra fecunda, magistral y sustentada en la tradición humana y cristiana de Europa. Se la impuso el cardenal Ricardo Blázquez, arzobispo de Valladolid, quien había propuesto al papa Francisco esta concesión, y para el que la vida y la obra del narrador, poeta y ensayista «son una lección elocuente de cómo el cultivo de las raíces humanas y cristianas de Europa es fecundo para acertar en la encrucijada del presente». Como un «discípulo de la verdad y la belleza», Jiménez Lozano se ha manifestado a lo largo de una obra que es demostrativa de que «lo auténticamente humano y cristiano no tiene fronteras, es universal». «Es un reconocimiento merecido -dijo también el Presidente de la Conferencia Episcopal en el acto de entrega, en el Palacio Arzobispal de Valladolid -, signo de nuestra gratitud y también de esperanza».

«Produce asombro la amplitud de su obra escrita», galardonada con los principales premios de las letras hispanas, y que ha compatibilizado con una labor periodística que tuvo en la cobertura del Concilio Vaticano II, en tres periodos, uno de sus puntos culminantes. El pasado como fuente de inspiración -dijo también Blázquez-, el estudio de personajes como San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús y Fray Luis de León, y su protagonismo determinante en la génesis y configuración de las exposiciones de Las Edades del Hombre, configuran un verdadero intelectual que siempre ha actuado como discípulo de la verdad, del bien y la belleza». La Cruz Pro Eclesia et Pontifice fue instituida en 1888 por el papa León XIII para premiar la fidelidad a la Iglesia y servicios a la comunidad eclesial por parte de clérigos y seglares.

Jiménez Lozano –decíamos en aquel artículo- dedicó su contestación a recordar la génesis de Las Edades del Hombre, con un recuerdo muy especial al sacerdote José Velicia, con quien urdió y puso en marcha este proyecto cultural y religioso, y a glosar o rechazar el calificativo de escritor o novelista católico, discurso que por su gran interés reproducíamos. “Recuerdo –añadía yo- una conversación que tuve con él a principios de los setenta sobre la santificación del trabajo, a raíz de un artículo suyo en El Norte, en la que me comentó su atracción por el calvinismo que con su doctrina sobre la predestinación fomentó el interés por el éxito profesional. Era una época aquella en que ya se había moderado su fama de “enfant terrible” por sus críticas en la época del Vaticano II. Su primer libro, “Un cristiano en rebeldía”, publicado en 1963, es precisamente una selección de sus artículos periodísticos como corresponsal en el Concilio Vaticano II de El Norte de Castilla y también de la revista Destino, en la que aparecieron sus crónicas y artículos en una sección titulada “Cartas de un cristiano impaciente”.

Su libro “Buscando un amo”

De Jiménez Lozano publicamos también en estas páginas un artículo de Joserra Ayllón publicado en su blog joserraayllon.blogspot.com.es el 19.03.2017, en el que comentaba su libro “Buscando un amo” (Rialp, 2017), una antología de sesenta textos publicados desde el año 2000 en periódicos españoles. “Es probablemente, entre los escritores españoles en activo, el intelectual con más enjundia.” Recogía después una serie de textos del libro que creo nos sirven ahora de homenaje al gran escritor.

“La enseñanza antigua daba una gran importancia a la poesía porque aportaba el conocimiento necesario, a través del fulgor de la belleza, sobre la realidad del mundo y la frágil y perversa consistencia de la condición humana”. Pág. 58

“Dramática necedad de las pedagogías y las campañas de lectura, que proclaman que lo importante es leer, sin que importe lo que se lea. Porque lo cierto es que siempre somos hijos de una palabra oída o leída, e importa absolutamente todo qué clase de palabra sea.” Pág. 138

“Diderot dijo con todas las letras que Rousseau era “un bandido”, y Voltaire aseguró que no solo debían ser quemadas sus obras, sino que él mismo debía desaparecer con un castigo capital. Así que, en realidad, solo la posteridad, y especialmente nuestro mundo, parecen haber comprendido a este señor como resumen de bondades y maestro y espejo de educadores, aunque él llevó a sus hijos a una inclusa para que se los educasen los demás.” Pág. 140

“La liquidación de la civilización occidental podemos simbolizarla en la honorabilidad artística que adquiere cualquier cosa, enseguida valorada por encima de una virgencita del Duccio, con tal de que magnifique la instintividad contra la cultura, e inaugure como gran estilo el pisoteamiento de lo hermoso, lo verdadero, y desde luego de la bondad humana, que sería igualmente una consideración subjetiva.” Pág. 172

“Por atroz que haya sido y siga siendo la Historia humana, lo cierto es que ha dado bastantes muestras de individuos absolutamente extraordinarios, y bastantes miles o millones muy aceptables, que han hecho, y hacen, que el planeta no sea un puro corral de vacas, si las vacas me perdonan la comparación.” Pág. 188

“Ya estamos, y parece que se va a estar más plenamente, en un régimen de enseñanza de baja intensidad, igual para todos; en la que se acabaría con las excelencias y los méritos que se nos asegura que son algo sumamente perjudicial para los menos económicamente favorecidos, porque parece partirse del supuesto de que todos los pobres son idiotas.” Pág. 199

“En la China del señor Mao, gentes perfectamente analfabetas enseñaban historia o medicina, y hasta hacían intervenciones quirúrgicas a su manera, con la única guía de los pensamientos y poemas del Presidente Mao, aunque este llamaba a un médico occidental en cuanto le dolía alguna cosa, claro está.” Pág. 200

“Este tiempo nuevo es una visión del mundo, según la cual deben ser destruidos treinta siglos de cultura, y, desde luego, el sentido ético y religioso, la tradición familiar y la noción misma de belleza, y toda esa destrucción debe ser considerada una conquista frente al pasado.” Pág. 212

Lo que vemos y tocamos cada día es que las cosas ya no son lo que son, sino lo que se decide que sean en cada momento; la verdad es diseñada, cada vez, por un supuesto consenso de opiniones, aunque en realidad sea una decisión por parte de quienes tienen el poder para ello. No podemos saber, entonces, lo que es justo o injusto, verdadero o falso, hermoso o espantoso, humano o inhumano, hasta que eso no se nos señala en cada caso, autoritariamente; y eso, comenzando por el mismo lenguaje.

Y no hay posibilidad de referencia a algún tipo de verdad, porque la realidad es una realidad construida (…), donde las palabras se sostienen con su mera enunciación, y siempre significan lo que se nos ordene (212), y componen un argot ininteligible y polisémico, que parece decir todo de manera intelectualmente inapelable, y no quiere decir nada.” Pág. 240

“La dictadura de lo “políticamente correcto” lleva cabo un acondicionamiento continuo de las mentes, en un mundo en que solo resuenan la política y la comercialidad, donde resulta arduo que pueda brotar un discurso sobre otra realidad, porque esa realidad es desconocida para la mayoría, o ha sido estigmatizada y suscita temor a ser rechazada en un océano de unanimidad. ” Pág. 236

“Porque pensar por cuenta propia es un signo de un individualismo insolidario, verdaderamente intolerable a estas alturas tan sociales.” Pág. 241

“El adagio en latín que nos pinta la soledad transfiguradora y feliz, tal y como la imaginaban los antiguos, dice: “In angulo cum libro”, esto es, “con un libro en un rincón”; pero no el Día del Libro o en la Feria del Libro, sino siempre.” Pág. 251

Y también en estas páginas publiqué una interesante cita que de él hizo López de Uribe en la conferencia que pronunció en la Real Academia De Bellas Artes de La Purísima Concepción de Valladolid sobre “La integración de las artes”: José Jiménez Lozano, Premio Cervantes de Literatura 2002, explica que el disfrute íntimo de esta belleza de lo realmente artístico, es un elemento más para combatir la deshumanización de nuestras vidas. Decía en una reciente conferencia que “en las actuales circunstancias culturales, ese patrimonio y su exhibición en los museos cumple un papel de restauración de lo que en cada uno de nosotros destruyen cada día las imágenes banales o monstruosas que recibimos. La belleza es necesaria al hombre incluso para su supervivencia en cuanto tal”.

Un Artículo de Jiménez Lozano

Vamos a reproducir ahra un Artículo de José Jiménez Lozano publicado en La Razón el  4.06.2011, titulado “ORGANIZAR LAS CABEZAS”, que publicamos por nuestra parte en estas páginas el lunes siguiente en “Revista de prensa y red”:

“Lo que hacen los totalitarismos, por su naturaleza misma de constructores de una granja humana, es sustituir el saber con el rebajamiento del nivel de instrucción tal y como en «Los demonios» de Dostoievski lo había formulado el siniestro sistema de Chigaliov: «Cicerón tendrá la lengua cortada, Copérnico los ojos saltados, Shakespeare será lapidado ¡He aquí el chigaliovismo! Los esclavos deben ser iguales, y todos los esclavos son iguales en la esclavitud… La primera cosa que hay que hacer es rebajar el nivel de instrucción de ciencias y de talentos». Esto es, conseguir la nivelación general obligatoria. Y ya fueron terribles las consecuencias de estos manejos de unos y de otros, al convertir aquello tan hermoso y esperanzador para nuestros abuelos ilustrados, que era la enseñanza primaria universal, «en el instrumento más eficaz del dominio del Estado, (que) ha servido para la militarización de las masas, y ha expuesto a millares de personas a la influencia facilísima de la mentira organizada, y a la seducción de distracciones continuas, imbéciles, y degradantes», como explica Aldous Huxley.

Pero las cosas son aún más fáciles cuanto que en este sistema «chigaliovista», antes de haber saltado los ojos a Copérnico y haber cortado la lengua a Cicerón, se ha ordenado tomar la cicuta a Sócrates, y, desde luego, se ha desacreditado hasta la irrisión a Descartes, y a Spinoza, y a los otros, como viejos títeres que se hubieran descabalgado de una representación teatral ya caduca y risible. Y lógicamente, se prescinde en absoluto de la apelación a la razón discursiva, y se la sustituye por la implantación de una ideología o cualquiera otra razón instrumental, perfectamente adaptable, y hasta seductora. Pero esto ocurre, y sólo puede ocurrir, si antes se ha impedido el encuentro con la historia del pensamiento, con la razón metódica que gobierna y es la última instancia del conocimiento, y si no se han hecho las cuentas con aquellos rostros pálidos pensantes, y con esa razón implacable.

Hasta en un plano empírico y político es entonces perfectamente verificable que ese nuestro hablar nos miente, según Montesquieu nos avisa, cuando comenta el reinado de Augusto y escribe: «La tiranía se fortifica, no hablamos más que de libertad». Porque a este socaire retórico, nadie piensa, nadie pone en cuestión, nadie sospecha que este hablar unidimensional, y tal palabrería es puro dormitivo del pensamiento y del contraste real de los pensares por lo tanto; y la tiranía triunfará.

Es una obviedad la condición semi-vergonzante o de desdeñosa secundariedad de los estudios llamados equívoca y nada significativa «humanísticos», en la enseñanza media. Es aquí en el tiempo de estos estudios donde se organizan las cabezas con el ejercicio de un método del discurso y de unas «reglas para la dirección del espíritu»; o, por el contrario, sobreviene el caos racional producido por su ausencia, un hecho tan atroz en nuestro tiempo que permite a Michael Burleigh establecer una espantosa relación entre la superabundancia de estudiantes italianos universitarios y el terrorismo de las Brigadas Rojas, que inocentemente había sido entendido por buena parte de sus componentes como un «happening» o carnaval de protesta contra lo establecido, simplemente por estar establecido.

Y porque no se había entrado a formar parte del mundo del espíritu y la santidad de la inteligencia que Werner Jaeger había llamado la «apostura interior», que permite simbolizar lo real, y ser y comportarse de un cierto modo, aprendido y conformado, que es lo propiamente humano. Y era algo que ya quedaba incluido en la «Lógica de Port-Royal», el primer discurso de la cual subraya la obligación de «ser justos, equitativos, juiciosos, en todos los discursos, en todas las acciones y en todos los asuntos que se manejan, (y) por tanto, en ella todos han de ejercitarse y formarse». E incluye desde luego el saber distinguir, como decía don Antonio Machado, entre Julio César y Julián Cerezas, porque no son iguales, pero luego descubrirse ante ambos porque los dos son hombres y exigen un mismo respeto.

No son asuntos tan fáciles.”

En el Colegio Mayor Peñafiel

Finalmente quiero mencionar la clase magistral con que Jiménez Lozano inaugurò el curso 2009 en el vallisoletano Colegio Mayor Peñafiel, y que reseñamos en estas páginas en nuestro artículo “Agonía universitaria”, de 17.11.2009. “El Peñafiel -escribía yo entonces- es de los pocos colegios mayores que nos quedan con el espíritu universitario que antes se llevaba, de formación humanista, cultural, integral en definitiva, de los universitarios, complemento indispensable de la académica. Fui colegial del San Bartolomé de Salamanca, donde presumíamos de que había sido el primer Colegio Mayor de la Historia, y después en varios del Opus Dei, como el Peñafiel, a los que reconozco, agradecido, mi formación cultural universitaria. Veo en El Norte de Castilla que Jiménez Lozano, gloria de las letras de Castilla y León, nuestro más profundo pensador y ensayista, y premio Cervantes, dibujó un panorama apocalíptico del futuro educativo, y que concluyó apelando a la necesidad de regresar a los tiempos socráticos. No sé exactamente a qué se refería el maestro, pero queda claro en el contexto de la reseña de su intervención, en la que lamentó el actual relativismo, y cómo se prescinde del pensamiento y se pone la más alta inteligencia al servicio de la política. De que el mal, en nuestros días, puede ser el bien, y viceversa, y sólo les separa un contenido semántico. “Dedicó buena parte de su intervención en dotar de ‘GPS ético’ a los jóvenes presentes para que sepan en qué mundo empiezan a navegar. Un tiempo marcado por el terrorismo intelectual y moral de nuestra cultura”.

J.J., como firmaba en El Norte de Castilla, de donde tomo la reseña, dio, para mi gusto, suficientes pistas a los que seguimos preocupados por lo que se continúa llamando la crisis universitaria, problema ancestral pero no tan imposible de resolver como para irse a buscar soluciones a la Grecia clásica, referencia metafórica, entiendo. Según la crónica, denunció cómo “el mundo de la enseñanza está entrando en el `vulgar mercadeo´ de la política, preñado de `utilitarismo e instrumentación´. Por eso, clamó por el regreso del cartesianismo, para continuar esa lucha contra el derribo de la enseñanza de las humanidades que ya empezó en el siglo XIX. Y recordó, antes de terminar, que el totalitarismo asoma la patita cuando se impone `el rebaje de la instrucción´. Incluso reinventó el organigrama educativo, en el que se impone la Nivelación General Básica: `Todos iguales por la bajeza.”

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