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Murales y graffiti para embellecer Valladolid

Tres foramontanos en Valladolid 01 May 2020 - 07:24 CET
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Por José María Arévalo

(Mural de Manomatic en la calle Mantería)

Comentaba hace unos días la agencia Ical que “El paisaje urbano de Valladolid está cambiando y lo mejor está aún por llegar”. La ciudad se prepara para acoger, del 13 de abril al 10 de mayo, la primera edición de Distrito Vertical, un proyecto de revitalización urbana con formato de festival de muralismo en diferentes puntos de la ciudad. Los ciudadanos que transitan habitualmente por la calle Mantería, Las Delicias, Los Vadillos o el Barrio España ya han sido testigos de la irrupción de cinco murales que, en los últimos dos meses han transformado medianeras, túneles y complejos deportivos “inundando de arte las calles”. Se trata de cinco acciones –ahora las veremos- ejecutadas por cuatro artistas que conforman la “edición piloto” de Distrito Vertical, un proyecto de revitalización urbana que nace con miras a largo plazo, más ahora que nos tiene paralizados el coronavirus.

Les comentaba en estas páginas –el 30.09.18 en artículo que titulaba “Grafiteros”-, que lo que comenzó como un movimiento revolucionario y rebelde, los grafiti, se ha convertido para muchos en arte urbano o callejero, una nueva forma de expresión para algunos artistas, “pero hay que reconocer que para la mayoría no dejan de ser otra cosa que sucias pintadas, un incordio. Así que no dejan de aparecer noticias de grafiteros detenidos, como la de hace unos días sobre la redada policial en la que han caído nueve grafiteros por cometer 105 delitos en varias provincias, entre ellas Valladolid”.

“Sin embargo –añadía yo- hay iniciativas oficiales que aprovechan a los grafiteros más finos para resolver el problema, evitando que algunos espacios públicos se llenen de pintadas descontroladas o simplemente para resolver un problema decorativo. Precisamente estos días me ha comentado uno de mis hijos, profe de instituto público en Madrid, que va a intentar aplicar ese sistema para mejorar una de las fachadas de su centro, llena de pintadas, atrayendo a grafiteros que conoce. Lo que no siempre da resultado, porque una de las características de este arte callejero es la de tener a gala pintar sobre lo pintado por otro colega, sobre todo superponer su “tag”, que es más que su firma, la manera de expresar un propio estilo mediante un apodo o alias.

(Mural de Escuela de arte en el tunel de Labradores)

Hace unos años tuvo cierto éxito una iniciativa en Granada, donde se pintó un graffiti de más de 120 metros cuadrados como parte de una iniciativa programada por la Plataforma Granada Design Wall, que pretende promocionar y promover el arte urbano. Y así, durante todo un día, se iluminaron los muros de una piscina municipal con la colaboración de artistas de gran proyección en este arte como –citaba la prensa- Chapuone, McapMonsta, Sammy Gonza, Besk, Busco, LSKW, Kalama y Sake.

También en Valladolid se intentó algo parecido, aunque no con grafitis, y no sé como resultó. La Concejalía de Cultura en 2016 destinó 52.000 euros para que creadores locales embellecieran paredes medianeras y fachadas en mal estado que afean la estética urbana. Se trataba de colocar cuadros con personajes, paisajes o dibujos de todo tipo en vez de paños desconchados plagados de lineales de cables; eran los propios artistas los que tenían que delimitar los lugares susceptibles de ser tratados con lienzos a gran escala, con paneles de vinilo anclados a los muros como técnica a la que se daba prioridad, de manera que no hubiera que trabajar pintando desde un andamio. Además, esas láminas se podrían sustituir por otras en el caso de que se quisieran variar los diseños.

Pero, como dice Arturo Pérez-Reverte, en su novela “El francotirador paciente”, que leí hace unos años y me encantó, «si es legal, no es grafiti». Pérez-Reverte se adentra, en su novela, en el bronco mundo del grafiti, que por lo visto conoce bien por razones personales, y recrea el ambiente «marginal, vandálico» de los grafiteros, que «a veces linda con el terrorismo urbano». Dice que es inútil «el intento de las autoridades por domesticar el fenómeno. Nunca van a poder hacerlo, porque siempre habrá disidentes, grupos marginales que se negarán a aceptar ese juego».

(Mural de Borondo en Mantería)

Ya digo que la Concejalía de Cultura en 2016 destinó 52.000 euros para que creadores locales embellecieran paredes medianeras y fachadas en mal estado que afean la estética urbana. Parece que sin mucho éxito. Vamos a ver ahora si realmente este peculiar arte impregna las calles en Valladolid, como prevé esta primera edición de Distrito Vertical, del 13 de abril al 10 de mayo. Aunque a lo mejor tiene que retrasarse este calendario por el coronavirus. El festival está organizado por el Colectivo Fresas con Nata y patrocinado por el Ayuntamiento de Valladolid, que es quien sufraga los 50.000 euros de presupuesto con que contará cada edición.

Embellecer la ciudad

Tres personas conforman el equipo directivo del proyecto Distrito Vertical: el escultor Juan Pardo como director general, el arquitecto Jonatan Viejo como director técnico y la historiadora del arte Ruth Martín como directora artística. El objetivo de la convocatoria, de acuerdo a las bases, es “embellecer muros, medianeras de edificios y espacios residuales de Valladolid, mediante intervenciones de artistas urbanos para mejorar la ciudad. Con ello se consigue apoyar el arte urbano y a los artistas para que puedan desarrollar sus trabajos, y posicionar a Valladolid como referente de arte urbano en la península, mejorando su atractivo turístico”.

Pardo reconoce que el reto ya no es solo de Distrito Vertical, sino de toda la “lanzadera cultural” en que se está convirtiendo Fresas con Nata, es cambiar una percepción de la ciudad que estaba muy arraigada. “Yo me formé en un ambiente relacionado con las artes, y todo lo que encontraba a mi alrededor eran críticas negativas acerca de Valladolid y voces que decían que era imprescindible marcharse a otros lugares. Frente a esos comentarios, yo siempre respondía: ‘Vale, esta es la ciudad gris del país, ¿y tú que haces para cambiarlo?’. Mientras todo el mundo se iba nosotros nos quedamos aquí, apostando por actividades alternativas. Hace quince años bailábamos en los soportales del Teatro Calderón hasta que la policía nos echaba de allí, y el año pasado actuamos por primera vez en el escenario de ese teatro; eso ya significa que algo ha cambiado”, reflexiona.

(Mural de DosJotas en San Pedro Regalado)

El evento responde a un viejo anhelo de Fresas con Nata, promotores desde hace once años del festival Faro Urbano, que incluye entre sus múltiples propuestas un concurso de graffiti sobre soporte efímero. Con la intención de ir más allá y “lanzar una propuesta más abierta”, empezaron a dar forma a la idea de convocar un “proyecto de intervenciones murales, en el que todos los artistas interesados pudieran participar”, según detalla Pardo a Ical.

Pese al apoyo decidido del Ayuntamiento, los promotores encontraron inicialmente “mucha resistencia” por parte de la ciudadanía, que no terminaba de entender la propuesta cuando se limitaba a meros bocetos. Es por ello que decidieron crear “una edición piloto” que sirviera para presentar el proyecto con intervenciones ya ejecutadas. Para ello, convocaron a cuatro creadores de prestigio para realizar cinco intervenciones que han cobrado vida desde mediados de diciembre.

El primero en lanzarse a la aventura fue Gonzalo Borondo, nacido en Valladolid y criado en Segovia, que desde su estudio en Roma se ha convertido con el paso de los años en uno de los creadores de arte urbano más reputados del viejo continente, con intervenciones en espacios públicos de ciudades como París, Atenas o Berlín. Desde el 14 de diciembre hasta finales del pasado año plasmó al modo de colosal acuarela un llamativo fresco en el cruce de las calles Mantería y Simón Aranda. “La gente desconoce que Borondo es un artista que ya no trabaja en calle; únicamente hace obra en museo y ha accedido a hacernos una pieza en calle porque nació en Valladolid y nunca había intervenido en la ciudad. Realmente que tengamos una pieza suya al aire libre es un regalo a la ciudad con un valor que muchos desconocen”, explica Pardo.

Tras ese mural, el madrileño DosJotas intervino en una de las paredes del complejo deportivo de San Pedro Regalado, en el Barrio España, aprovechando la iconografía futbolística para reflexionar con una mirada crítica sobre el devenir de una sociedad donde las confrontaciones están a la orden del día.

Las dos acciones siguientes fueron obra del vallisoletano Javier Carrera, conocido artísticamente como “Cuco”. En primer lugar coordinó un taller tutorizado con los alumnos de la Escuela de Arte de Valladolid, que realizaron una práctica real en el túnel de Las Delicias, y posteriormente ejecutó ‘El bailarín y la bailarina’ en la fachada del Centro Cívico Bailarín Vicente Escudero, en Los Vadillos, que no tardó en despertar las críticas de los arquitectos que diseñaron el edificio. Las actuaciones de esa experiencia piloto se completaron a finales de enero con el colorido mural de un rostro femenino que realizó el onubense Adrián Pérez, más conocido como “Man-o-Matic”, en otra medianera de la calle Mantería, visible desde la Plaza de España.

Convocatoria triple

Con esa carta de presentación, el 1 de febrero se lanzó la convocatoria de artistas, y en los cinco primeros días el número de solicitudes de muralistas interesados en participar ya ascendía a 28, entre ellos dos de fuera de España. Según explica Pardo, la convocatoria para el festival es triple, ya que tras captar a los creadores interesados en formar parte del proyecto se abrió el plazo para que los vallisoletanos comunicaran de qué quieren que hablen los murales de su entorno, enviando propuestas sobre las temáticas o técnicas. La tercera convocatoria está dirigida a los propietarios y administradores de fincas que puedan tener una medianera, una fachada o un espacio residual y que quieran que se intervenga para mejorar la estética o la percepción que se tenga de ese espacio.

(Grafitero en plena actuación)

La comisión artística del festival será la encargada de decidir los seis artistas que participarán en la primera edición del festival, los espacios donde realizarán sus intervenciones y los temas que abordarán, a partir de las propuestas lanzadas por los propios ciudadanos. Los criterios de selección de los artistas, según recogen las bases del certamen, tendrán en cuenta factores como la creatividad, la innovación, el manejo de la técnica, la experiencia en trabajos previos o la durabilidad y características técnicas de la obra.

Pardo explica que Distrito Vertical es, a la vez, un proyecto de revitalización urbana y un festival. “Es un proyecto porque pretendemos que no sea una acción puntual, y engloba muchas acciones que se van a desarrollar durante un recorrido largo. Se tiene la percepción de que Valladolid es una ciudad muy conservadora, gris y sin color, que no hace nada novedoso, y este tipo de propuestas va contra esa idea”, relata.

La convocatoria agrupará todas las intervenciones durante un periodo de un mes, en el cual se desarrollarán de forma paralela talleres prácticos (con alumnos de escuelas de arte e institutos pintando) o teóricos (charlas de la historia del muralismo y su evolución). “Traeremos a seis artistas para que intervengan la ciudad, que impartirán conferencias sobre el porqué de sus obras, y habrá un safari urbano, en el cual Ruth Martín explicará las propuestas que se han recibido en cada zona, por qué se ha escogido a ese tipo de artista o los estilos o motivaciones de la obra”, explica. Más adelante la web del festival (www.distritovertical.org, que he comprobado ya existe) acogerá un mapa interactivo donde figurará toda la obra catalogada.

Cada artista elegido recibirá un caché fijo de 1.500 euros y el certamen correrá con los gastos de desplazamiento, alojamiento y comida durante su estancia en la ciudad. Además, los participantes podrán conseguir uno de los cuatro premios que establecen las bases, otorgados por un jurado especializado, por los organizadores, por el Ayuntamiento y por la propia ciudadanía, respectivamente.

En fin, esperemos que esta convocatoria tenga mejor resultado que la de 2016, aunque cuenta con dos mil euros menos de presupuesto que la anterior, pero un equipo decidido a sacarla adelante, esta vez sí. Y que los resultados sean positivos, no meros manchones que afeen más que embellezcan, nuestra ciudad. Ya les contaremos.

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