“Sin `Resistiré´”, de Antonio Burgos, “España, más Sur que nunca”. de José T. Raga y “Cómo aprovechar una pandemia para implantar el `paraíso´ comunista”, de Vanessa Vallejo
(Viñeta de Ricardo en El Mundo el pasado día 29 de mayo)
SIN «RESISTIRÉ»
Artículo de Antonio Burgos publicado en ABC el pasado día 22 de mayo
Me di cuenta en uno de los muchos vídeos que usted también estará recibiendo, con la manifestación-cacerolada nuestra de cada día, con las banderas de España y el ruido de «la cubertería de plata» de mamá, que dice el rufián de Rufián. El vídeo recogía la manifestación en la Plaza de San Francisco de Sevilla, donde sobre toda la fachada de un edificio habían desplegado una enorme pancarta con el psicopático rostro de Pedro Sánchez, pidiendo su dimisión. Y de fondo, cacerolas al margen, sonaba una canción. Era «Libre», popularizada por Nino Bravo y escrita en 1972 por José Luis Armenteros y Pablo Herrero. Les sonará bastante la letra, que es de mucho antes que toda la presente hecatombe sanitaria, política, social, laboral y económica que estamos sufriendo: «Libre, como el sol cuando amanece,/yo soy libre como el mar./ Libre, como el ave que escapó de su prisión/ y puede, al fin, volar./ Libre, como el viento que recoge mi lamento y mi pesar,/ camino sin cesar/ detrás de la verdad/ y sabré lo que es al fin, la libertad.»
Caí entonces en la cuenta, como quizá esté usted haciendo ahora mismo, que de pronto se ha dejado de escuchar el «Resistiré«, que allá a comienzos de marzo, cuando no se barruntaba la tragedia política y económica que se nos venía encima, fue adoptada por todos como himno contra el Covid. Aquella canción del Dúo Dinámico con autoría de Manuel de la Calva y Carlos Toro Montoro, que se escuchaba por todas partes y coreaba el heroico personal sanitario que apenas sin protección combatía en los hospitales frente a los casos de la mortal pandemia que nos ha llevado a la presente ruina y, por ejemplo, a la indignidad de que Sánchez pacte con los herederos de la ETA que asesinó a muchos de sus compañeros del PSOE. Escuchando el «Libre» de Nino Bravo evoqué aquella letra del «Resistiré» que tanta fuerza moral nos dio en los más duros momentos del comienzo de este apocalipsis sin caballos: «Resistiré, erguido frente a todo/. Me volveré de hierro para endurecer la piel./ Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte,/ soy como el junco que se dobla, pero siempre sigue en pie./ Resistiré, para seguir viviendo,/ soportaré los golpes y jamás me rendiré./ Y aunque los sueños se me rompan en pedazos,/ resistiré, resistiré».
Del «Resistiré» hemos pasado al «Libre» de Nino Bravo como himno de esta gravísima hora. ¿Qué ha ocurrido? ¿Que hemos dejado de resistir? ¿Que nos hemos «doblado como el junco», pero ya no seguimos en pie? ¿O quizá que ahora no sólo hay que resistir contra el bicho, sino contra la inepcia y maldades de un Gobierno al que se le ha ido de las manos la situación y está tomando medidas que llevan a España directamente a la ruina, si es que ya no estamos instalados en ella, en la crisis económica más profunda? Ahora, ahora es cuando habría que cantarle el «Resistiré» no al virus, sino a este Gobierno que está tomando el Estado de Alarma como pretexto para sacar cada día en el BOE sus decretazos de la destrucción de España, sin tener sin el menor control parlamentario ni la menor consulta con los sectores afectados, en un casi castrense «ordeno y mando» más caprichoso que peligroso y tan peligroso como caprichoso. En el que mientras, por ejemplo, se deja fuera de la Fase 2 a Granada y a Málaga, motores de nuestra economía y especialmente de la industria turística, se concede cuanto quiere a una Cataluña que oculta el número de muertos del Covid. Como Sánchez, gran artista de la mentira, ocultó al Congreso que ya había pactado la supresión de la reforma laboral con los herederos de la ETA, cuando se votaba la prórroga, ¡otra!, del Estado de Alarma que tanto juego le está dando al usarlo como de Excepción. Debe de ser que nos hemos cansado de resistir y hemos tirado la cuchara. Por eso en vez de «Resistiré» el himno de esta hora quizá sea la música de las caceroladas.
Artículo en: http://www.antonioburgos.com/abc/2020/05/re052420.html
ESPAÑA, MÁS SUR QUE NUNCA
Artículo de José T. Raga publicado en Libertad Digital el pasado día 29
Hoy, siendo honestos, hay que reconocer que es muy difícil creer en España. Tengo muchos años, pero en mi enseñanza primaria –de feliz recuerdo– el término Sur no pasaba de ser un punto cardinal opuesto al del Norte. La situación actual es más confusa, porque al hacernos globales la localización se ha agregado –efecto de la integración–, de modo que hay naciones enteras que son el Norte cuando otras pueden ser el Sur, si bien dentro de cada nación se seguirán dando las cuatro orientaciones, como siempre.
Por mor de las circunstancias, de sobra justificadas según los casos, ya en el siglo XXI, en el continente europeo, ser un país del Sur, lejos de una localización geográfica, se ha convertido en una calificación referida a la solvencia, la honradez, la fidelidad a los compromisos adquiridos y un largo etcétera.
Así, con razón, la Europa central y la nórdica, y muy especialmente la Unión Europea, se refieren a los países del Sur con un tono peyorativo, ganado a pulso por buena parte de ellos –Grecia, Italia, España–, los tres víctimas de un mesianismo trasnochado que, como español, me entristece profundamente.
Mis muchos años me han permitido ver las fazañas de Gobiernos varios en nuestro país, y me atrevo a decir que, considerando sólo los peores, el actual gana por puntos al más de ellos.
Cómo será que, desde finales de los años cincuenta, en que se hace una clasificación de los miembros del Gobierno –una vez arrinconada la Falange– entre técnicos y políticos, éstos últimos con desdoro claramente asumido, no había vuelto a oír semejante clasificación hasta llegados Sánchez y los suyos.
Hoy, siendo honestos, hay que reconocer que es muy difícil creer en España; empezando porque los primeros que no creen son los propios españoles. Hasta lo más técnico –datos, estadísticas…–, incluso comunicaciones científicas, se corrigen según conveniencias políticas, que no son las de la nación, sino las de los políticos en el poder.
El Tribunal de Cuentas ha presentado más de veinte reparos al examinar las cuentas del presidente Sánchez, y detectado 9.000 millones de despilfarro. En Bruselas piden que España sanee sus cuentas públicas, porque el camino en el que estamos –cada día de Sánchez, la deuda española aumenta en cien millones de euros– es insostenible.
Mientras tanto, Sánchez pretende mojar en ese plan 500.000 millones de euros en transferencias directas –a fondo perdido, quizá muy perdido– y 250.000 millones en préstamos, y Sánchez no entiende que haya posiciones contrarias a sus pretensiones, que no son las de España.
Por si faltaba algo, en la Comisión de Reconstrucción se sitúa el todopoderoso vicepresidente segundo: todo ideología. La Comisión Europea asume una gran responsabilidad: dar dinero a quien no sabe utilizarlo.
¿En algún momento histórico ha reconstruido un Gobierno comunista una economía? La Grecia de Tsipras y Varufakis –amigos del reconstructor español– no puede olvidarse.
¿Estamos al principio del fin del euro, o también en Bruselas el dinero público no es de nadie?
CÓMO APROVECHAR UNA PANDEMIA PARA IMPLANTAR EL “PARAÍSO” COMUNISTA
Artículo de Vanessa Vallejo. economista y periodista, editora jefe de PanAm Post, publicado en Actuall el pasado día 29
Socialistas y comunistas han tenido claro desde siempre que las crisis son, en muchos casos, la única oportunidad que tienen para quedarse con el poder. Ni bien llegan al poder, los comunistas trabajan fuertemente en crear una red clientelar que les vote y les apoye en el futuro.
“¡La crisis está madura! ¡Contemporizar se convierte en un crimen! ¡Hay que realizar inmediatamente la revolución y tomar el poder, de lo contrario todo se habrá perdido!”, Vladimir Ilyich Lenin. 1917.
Socialistas y comunistas han tenido claro desde siempre que las crisis son, en muchos casos, la única oportunidad que tienen para quedarse con el poder. Es en esas “excepcionalidades” -como las llama Pablo Iglesias-, cuando un gran número de personas se sienten abandonadas, angustiadas ante un futuro incierto o atrapadas en una situación económica difícil, que más tiene efecto el discurso izquierdista.
Ahora bien, fijémonos en que no es solo que estemos viviendo una crisis sino que además -aunque con otra forma y otros motivos- el coronavirus ha empujado a muchos Gobiernos alrededor del mundo a dar, en tiempo récord, los primeros y muy importantes pasos que dan los izquierdistas en cuanto tienen cierto grado de poder.
El coronavirus ha empujado a muchos Gobiernos alrededor del mundo a dar, en tiempo récord, los primeros y muy importantes pasos que dan los izquierdistas en cuanto tienen cierto grado de poder
Ni bien llegan al poder, los comunistas trabajan fuertemente en crear una red clientelar que les vote y les apoye en el futuro. De modo que en vez de buscar soluciones reales para que la gente salga de la pobreza de manera definitiva, les ofrecen subsidios o trabajos inútiles en los que dependan de los políticos. Al mismo tiempo, se dedican a hacerle la vida imposible a los empresarios, consiguiendo que cada vez haya más desempleados y con eso más gente a la que puedan enganchar a su red clientelar. A muchos no podrán darles subsidios, pero sumirlos en la pobreza los convertirá en presa fácil para convencer en tanto se les ofrezca ayudas y se culpe de su miseria a empresarios y políticos de derecha.
Ese proceso en una situación de normalidad le toma a la izquierda años de trabajo, organización y mucho dinero. Por cuenta del coronavirus, en cuestión de semanas, los países han “avanzado” varios peldaños en ese camino hacia el comunismo. Mejor dicho: han descendido varios metros por el abismo del comunismo. Las empresas han sido obligadas a cerrar, la gente no puede salir de sus casas de modo que no se pueden “rebuscar” el ingreso por su propia cuenta, muchos están enfermos o tienen familiares enfermos y en medio de la crisis no tienen cómo pagar los gastos que la calamidad trae. En tan solo semanas se ha aumentado brutalmente el gasto estatal y la gente que necesita ayuda porque ha quedado sin empleo.
A esto se suma un asunto aterrador: el Gobierno puede prohibir a la gente salir. Entonces, en la mayoría de los países, está prohibido protestar. Parar, hacer cuarentena mientras el sistema de salud se prepara y se establecen protocolos para disminuir el contagio, así como dar subsidios mientras tanto, son asuntos necesarios, pero deben ser cuestiones temporales, se debe abrir la economía -por lo menos de manera parciallo antes posible y compensar las pérdidas liberalizando rápidamente.
Lo único que puede ayudar realmente a que la economía se recupere de este golpe es eliminar impuestos para que se pueda mantener la mayor cantidad posible de empresas, liberalizar el mercado laboral para que empleador y empleado puedan pactar las condiciones de trabajo libremente y se produzca la menor cantidad posible de despidos, al tiempo hay que reducir al máximo las normas y regulaciones al sector empresarial, hay que avanzar rápidamente en todos esos puntos que hacen que un país proporcione un buen clima para crear empresas y generar valor.
Ahora bien, claramente eso no es lo que va a ocurrir en países con Gobiernos izquierdistas y ni remotamente es lo que sucederá en un país como España donde unos comunistas, socios de narcotraficantes internacionales, luchan por implantar su “paraíso”.
Entonces, ¿qué harán? ¿Cómo aprovechar una pandemia para lograr el “paraíso” comunista?
Lo primero es no permitir, de ninguna manera, que la actividad económica se reanude en una proporción importante. Hay que mantener a una buena cantidad de gente sin ingresos, que necesiten el auxilio del Gobierno y que apoyen a los políticos que ofrecen subsidios y salud estatal.
Habrá que cuidar en cierto grado las apariencias y permitir alguna actividad. Dar instrucciones confusas es un buen punto, que por miedo muchos no abran sus negocios, muchos no salgan.
Al tiempo hay que trabajar en comprar o a quienes puedan ser un impedimento para perpetuarse en el poder. Hay que controlar -por lo menos en cierta medida- a la Justicia, hay que establecer lazos con militares y policías, hay que amedrentar y perseguir a aquellos partidos que sean una real oposición, y hay que tomar el control de medios de comunicación y buscar censurar y perseguir a personajes molestos en redes sociales.
Mientras todo eso pasa ahí donde la izquierda tiene el poder, la gente estará encerrada en sus casas.
Por cuenta de la pandemia tienen prohibido protestar, igual no se quieren contagiar, y muchos ni siquiera tienen tiempo para reflexionar sobre estos asuntos políticos, están preocupados intentando sobrellevar la crisis económica o ayudando a algún familiar enfermo.
Entonces, mientras tienen a todos encerrados, destruyen la economía usando como excusa el coronavirus y hacen que millones de personas se vuelvan dependientes de los subsidios porque no les dejan otra opción. Prohibido protestar, prohibido trabajar y ganar su propio dinero. Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado.
Mientras tienen a todos encerrados, destruyen la economía usando como excusa el coronavirus y hacen que millones de personas se vuelvan dependientes de los subsidios estatales
Lo que ocurre en Estados Unidos es una particularidad que, una vez más, nos demuestra cuán fuertes e importantes son los valores y las ideas sobre las que se forjó este gran país. En diferentes partes de EE. UU. se han llevado a cabo protestas donde los manifestantes incluso están armados.
En Michigan manifestantes entraron con sus armas en el Capitolio exigiendo el fin del confinamiento firmado por la gobernadora demócrata.
En ese estado es legal el porte de armas siempre y cuando se lleven de manera visible. Los policías, conociendo el derecho que tienen los estadounidenses a protestar y tener armas, permitieron la manifestación incluso dentro del Capitolio.
También en diferentes lugares de EE. UU. policías han anunciado que no cumplirán las órdenes de mantener a la gente completamente confinada impidiendo actividades que no representan ningún peligro y que son necesarias para subsistencia de muchos. Las declaraciones que por estos días se ven en Estados Unidos al respecto nos dejan impactados a los que venimos de países en los que la gente simplemente se ha acostumbrado a obedecer cualquier disparate del gobernante de turno. Ver a un policía diciendo en medios que siempre “pondrá por delante los derechos constitucionales antes que opiniones políticas” y que por eso no acatará medidas draconianas que vayan en contra del sentido común, es realmente alentador para quienes defendemos la libertad.
Pero estas maravillas solo ocurren por ahora en Estados Unidos. En España, por ejemplo, el Gobierno de coalición entre socialistas y comunistas ha prohibido una manifestación que se realizaría a modo de caravana: cada persona desde su carro, ningún peligro de contagio. Pero el Gobierno lo prohibe y no hay ni declaraciones como las de los policías estadounidenses, ni manifestaciones con ciudadanos armados dejando claro que en el momento en el que quieran arrebatarles su libertad van a pelear.
El coronavirus ha dejado el plato servido para los comunistas, en general es un momento de oportunidades para la izquierda, pero sobre todo lo es para aquellos que ya manejan cierto poder y quieren perpetuarse e implantar de una vez por todas su paraíso totalitario. Dependerá fundamentalmente de dos cosas que logren su cometido: primero, de la reacción de la sociedad, y segundo, la reacción de policías y militares.
Es un momento de oportunidades para la izquierda, pero sobre todo lo es para aquellos que ya manejan cierto poder y quieren perpetuarse e implantar de una vez por todas su paraíso totalitario
Es fundamental que ahí donde avanzan los comunistas, la sociedad entienda esto como un asunto de vida o muerte, en Venezuela la gente muere de hambre y de cualquier enfermedad fácilmente curable en un país normal, en Cuba viven como perros desde hace décadas.
Para muchos aún hay tiempo de reaccionar, lo primero es no permitir que nos encierren y acaben por completo con la economía, una vez nos hayan arruinado, ya no tendremos ni las fuerzas ni los recursos para enfrentarlos. Ellos no están jugando.
Artículo en: https://www.actuall.com/democracia/pandemonium-como-aprovechar-una-pandemia-para-implantar-el-paraiso-comunista/
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