Por José María Arévalo
(Que no falten las mascarillas en las reuniones)
Se cumplen sesenta días de confinamiento cuando escribo estas líneas y oigo por la radio a un comentarista que subraya algunos absurdos que se están produciendo con las normas de confinamiento y otros de las propias normas en sí. Algunos ya se me habían ocurrido a mí, a la vista de situaciones próximas que veo, y más de uno lo he comentado ya en estas páginas. Pero hay muchos más que no me resisto a comentar aunque solo sea por desfogarme,
Empiezo por la situación familiar de uno de mis hijos, que me ha dado siete nietos. Resulta que para sacarlos al aire libre se le está complicando muchísimo la vida: como no se permite salir más que con tres niños, tiene que hacer cada día tres salidas, en todas ellas llevando en el cochecito al bebé y a otros dos. Le comenté que una interpretación lógica de la norma – como los jurídicos estamos acostumbrados a aplicar- el bebé no cuenta, ya que no puede moverse en la calle, pero tiene razón mi hija al contestarme que no se está aplicando el confinamiento racionalmente, sino al pié de la letra, y que no va a exponerse a que le multen.
Ahora sale la norma de que los familiares que conviven pueden viajar en un solo coche todos juntos y sin ponerse mascarilla para hacerlo. Es evidente que, si no hay contagiados ya o sintomáticos, no van a estar en casa juntos todo el día con mascarilla –aunque el marido de mi hija sí lo hace, y toma otras muchas precauciones, pero porque es médico y expone todos los días al contagio a su familia-, y que el coche familiar es como una prolongación de su casa. Pero por la misma razón esto hubiera debido ser posible desde el principio del confinamiento, no ahora. Y si así se hubiera previsto, que el coche es como la casa, mi hija podría haber sacado a los niños en coche una vez al día, llevárselos al pinar más cercano y que allí jugasen libremente.
Pero es que hasta ahora tampoco se podía mover el coche salvo para echarle gasolina o hacer lo mismo que se puede hacer andando, como ir al trabajo o hacer la compra o ir a la farmacia si no tienes un supermercado cerca. Lo que para mí también ha sido un absurdo, digo obligar a ir al super o la farmacia más próximos, no pudiendo desplazarse en coche, cuando es éste una prolongación de la propia casa y un lugar seguro. ¿Por qué se restringe desde el principio el pasear al perro solo en el entorno a la propia casa y no se permitió llevárselo en coche al campo más próximo, que hubiera sido más seguro? Entiendo la limitación de la movilidad a la zona provincial, pero no la prohibición de darse una vuelta en coche, si quiere usted con las ventanas cerradas.
Tengo un amigo que se ha pasado la cuarentena –ya sesentena- viajando todos los días a su chalet par dar de comer a su perro, y la guardia civil se lo ha permitido viendo los papeles que aportaba de que el perro era suyo. ¿Por qué no he podido yo salir a hacer un pis al campo en mi coche, o llevar a a mi perro -si lo hubiera tenido- en coche a hacer lo propio en el campo? Hasta hace poco no podíamos salir a pasear ni a hacer deporte, y tampoco lo entiendo, si podíamos hacerlo en el campo con más seguridad que ahora, lejos de todo el mundo. Y lo mismo digo de las limitaciones horarias del paseo, que obedecen a evitar aglomeraciones y simples contactos, pero no tendrían sentido si se nos permitiera ir en coche a un descampado.
Sobre el tema de los coches hay un galimatías en la normativa de la desescalada de mucho cuidado. Cuando aparecieron las normas para la fase I, animé al grupo de acuarelistas que antes salíamos al campo a pintar en un solo coche porque parece íbamos a poder salir otra vez. Pero ellos dudaron porque había una contradicción, ya que la Orden SND/386/2020, de 3 de mayo sobre “Uso de vehículos privados” dice en su “Artículo 4. Se permite el uso compartido de vehículos privados limitado a un conductor y a un ocupante, que deberá ir en la parte trasera del vehículo. No obstante, las personas que residan la misma vivienda podrán compartir un mismo vehículo con la única limitación del número de plazas autorizadas para el mismo.”
En cambio la Orden TMA/384/2020, de 3 de mayo disponía: “Artículo 2.Condiciones de ocupación de los vehículos en el transporte terrestre. 1. En los transportes privados particulares y privados complementarios de personas en vehículos de hasta nueve plazas, incluido el conductor, podrán desplazarse dos personas por cada fila de asientos, siempre que utilicen mascarillas y respeten la máxima distancia posible entre los ocupantes”.
Este distinto tratamiento hizo suponer a mis compañeros que esta última autorización de dos por fila se debía a que esta previsión es para los taxis, que serían los “transportes privados particulares”, lo que no me parecía correcto porque todos los taxis llevan la placa SP de servicio público, pero me quedaban dudas sobre si podía referirse transporte de pago alternativo a los taxis, que no sé si lleva la placa SP. Pues bien, a los pocos días, sale una nueva Orden que modifica esta última y que creo me da la razón: Orden TMA/400/2020, de 9 de mayo, por la que se establecen las condiciones a aplicar en la fase I Modificación de la Orden TMA/384/2020, “Disposición final primera. 2. «Artículo 3. Condiciones de ocupación de los vehículos en el transporte terrestre.
En los transportes privados particulares y privados complementarios de personas en vehículos de hasta nueve plazas, incluido el conductor, cuando no todas convivan en el mismo domicilio, podrán desplazarse dos personas por cada fila de asientos, siempre que utilicen mascarilla y respeten la máxima distancia posible entre los ocupantes.”
Ese añadido “cuando no todas convivan en el mismo domicilio” que antes no figuraba en la Orden 384 de 3 de Mayo, parece deja claro que pueden convivir y en tal caso se aplica la otra regla, luego el precepto no puede referirse a taxis o medio alternativo, sino a vehículo de uso familiar, o sea privado/privado, no de pago. En todo caso ya podían haberlo dejado más claro.
Ya puestos a medir distancias en los coches, tampoco encuentro ningún sentido a que al principio no pudieran ir en el coche más que el conductor y otro viajero detrás, porque en coches con fila de atrás de tres asientos, que es lo normal, la misma distancia hay entre el conductor y un asiento de atrás que entre sí los asientos de atrás que dan a las ventanillas.
Cambiando de tercio, ya comenté en artículo anterior mi esperanza de poder volver a comulgar cuando llegara la fase I. Ahora que se ha retrasado ésta, pienso que lo absurdo es que desde el principio se autorizara la compra de alimentos y no se tomara ninguna medida para poder facilitar el alimento del alma, mucho más necesario, si se mira bien. La persecución que se ha producido para evitar incluso la asistencia a Misa con escasos asistentes creo da para otro artículo.
Otra enorme falta de claridad encuentro en la previsión legal de que puedan reunirse hasta 10 personas en la fase I, y no aclare si ello está condicionado a respetar los horarios para pasear, porque es evidente que la reunión de amigos puede ser nada cerca de las casas de cada uno, y requerir un buen paseo para llegar a la casa de reunión. Como el desconcierto de los matrimonios en los que uno de los miembros es más joven que el otro y tiene una franja de paseo autorizado distinta del otro (una hermana mía está en el caso, por solo dos años de diferencia con su marido, así que me pedía opinión y yo se la daba por lo razonable, que es que pueden salir juntos en un horario u otro, pero tampoco le servía, como a mi hija).
Ya el colmo del absurdo es prever las reuniones de hasta diez en la terraza de un bar y exigir solo la separación entre mesas, con lo que estamos viendo terrazas con pocas mesas pero en cada una apelotonados los amigos, sin distancia ninguna de seguridad entre los de la misma mesa.
Lo de las mascarillas ha sido otro continuo contrasentido. En principio, Sanidad no las recomendaba, las tachaba de “innecesarias”, incluso de “contraproducentes”, pero unas semanas después empezó a recomendarlas, hasta que el pasado 4 de mayo se convirtieron en obligatorias en el transporte público. Quizá el problema era –y sigue siendo- que no hay suficientes para todos. Me quejé a mi farmacéutica de que no pudiera proporcionarme mascarillas de las que protegen no solo a los demás sino a uno también; me contestó que si todos la llevamos nadie se contagia, pero eso no ocurre casi nunca, siempre aparece algún desenmascarado. Yo, la verdad, para pasear llevo la mascarilla que me dieron –la quirúrgica, que solo protege a los demás del que la lleva pero no protege a éste de los demás, y debe ser la que se usa en quirófanos, por ser más ligera, cuando se opera a enfermos no contagiosos, pero es evidente que eso no ocurre con el coronavirus- colgada en el cuello por si acaso, porque no me acerco a nadie a menos de metro y medio o más, ni estornudo o toso, y solo me la pongo bien cuando compro en el supermercado o la farmacia; pero veo que la mayor parte de la gente la lleva puesta por la calle tapando boca y nariz, aunque no tenga o vaya a tener a nadie a poca distancia. Absurdo. Encima, ahora resulta que los médicos y sanitarios en general se oponen a que la Comunidad de Madrid haya previsto dar mascarillas de doble protección a todo el público, porque dicen que eso les va a llevar a confiarse demasiado. No lo entiendo.
Y ya no digamos el problema de los test, de los que nunca ha habido suficientes y que primero estaban reservados al Gobierno central y no dejaban que los compraran las autonomías, después se descentralizó la gestión a las autonomías pero no a las empresas particulares, de forma que las empresas no han podido buscarse la vida para hacer test a sus empleados porque los incautaba el Gobierno. Y no digo nada de los chanchullos que se han producido con las compras oficiales, con comisiones millonarias, de lo que todos los días hay noticias que parecen increibles pero dan muchos detalles que apuntan a lo contrario.
Con los test ya el colmo es que los datos oficiales de nuevos contagios se calculaban con todos los tipos de test usados, pero en un momento determinado se pasó a computar solo los derivados de test PCR, los más seguros, y ahora el Gobierno sigue un criterio y las autonomías otro. Y qué decir de la falta de información sobre sanitarios muertos por el coronavirus, de fallecimientos en las residencias de ancianos y, finalmente sobre quienes son los expertos que deciden el paso a nueva fase de desescalada.
Yo tenía las carnes abiertas por las noticias de que más del 20 % de los contagiados eran personal sanitario, hasta que oí por la radio al presidente de los Colegios de Médicos que aseguraba solo habían muerto unos 40 médicos, y en cuanto a enfermeras tres o cuatro, y farmacéuticos diez o doce. Menos mal. Y estos datos, graves pero no tanto como los de contagios, ¿porqué no se han difundido desde el principio?
Como dijo en su día un destacado político de la izquierda, los españoles no nos merecemos que nos mienta el Gobierno, y cada día es mayor la sensación de que nos toman por pardillos y legislan confuso a propósito, no vaya a ser que protestemos.
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