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Los lunes, revista de prensa y red

Tres foramontanos en Valladolid 22 Jun 2020 - 07:24 CET
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“Sánchez y sus muertos”, de Pablo Planas, “De la rebequita a la manga corta”, de Antonio Burgos, y “Tres formas para acabar con la pesadilla de Sánchez e Iglesias”, de Alfonso Basallo

(Guiñol bolivariano. Viñeta de Nieto en ABC el pasado día 18)

SÁNCHEZ Y SUS MUERTOS

Artículo de Pablo Planas publicado en Libertad Digital el pasado día 17

Contrasta la satisfacción de Sánchez, ese inflamado glugluteo, con el hecho de que España es el país con más víctimas mortales por número de habitantes. En un alarde inaudito de ego, suficiencia y narcisismo, Pedro Sánchez se ha jactado en el Congreso de haber salvado 450.000 vidas. Se desconoce de dónde saca tal cifra o qué clase de cálculos ha realizado para llegar a ella. Sólo se sabe que atribuye semejante dato a los efectos de su gestión en general y al estado de alarma en particular.

El presidente del Gobierno ha debido de perder todo contacto con la realidad, pues no de otro modo se puede explicar que se impute el superlativo mérito de que a día de hoy haya 450.000 vivos que si no fuera por él estarían muertos. Y más cuando el estado de alarma, la restricción de movimientos y la reclusión domiciliaria de la población no fueron medidas originales de su Gobierno, sino que llevaban semanas primero en China, luego en Italia y se aplicaron en Portugal dos días antes que aquí, con un número mucho menor de fallecidos y contagiados.

Contrasta la satisfacción de Sánchez, ese inflamado glugluteo, con el hecho de que España es el país con más víctimas mortales por número de habitantes, dato que se sustancia en los más de treinta mil muertos que tirando por lo bajo se ha cobrado el coronavirus. Hace más de una semana que las autoridades sanitarias que dependen de ese autoproclamado salvavidas no actualizan las cifras de fallecidos, de modo que el contador se ha quedado en los 27.000 muertos, pero nadie se cree fuera de nuestro país que esa sea una cantidad que responda ni remotamente a la realidad.

El Gobierno de Sánchez actuó tarde frente a la epidemia. Las declaraciones de Salvador Illa y de Fernando Simón durante enero, febrero y buena parte del mes de marzo demuestran que se despreció la gravedad de la enfermedad, que se relativizaron sus efectos. Simón, por ejemplo, llegó a decir que España no tendría «más allá de algún caso diagnosticado». E Illa declaró que no habría problemas de suministro de material sanitario. Un repaso a la hemeroteca es suficiente para determinar que el ministro de Sanidad y el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias fallaron en sus previsiones, en la planificación y en la respuesta ante la epidemia.

Se cometieron errores muy graves. La celebración de actos multitudinarios pocos días antes del estado de alarma se debió en buena medida a los mensajes tranquilizadores de Simón, que fueron amplificados por los comunicadores afectos al Gobierno. Algunos incluso hicieron bromas y chistes contra quienes alertaban de la gravedad de la epidemia procedente de China. Proponer el uso de mascarilla era de cobardes alarmistas y no hacía ninguna falta adoptar medidas respecto a los actos públicos o al control de pasajeros en los aeropuertos.

Se falló en la adquisición de material, se lanzó al personal sanitario a combatir la epidemia sin equipos de protección, se mintió sobre la eficacia de las mascarillas, se dieron órdenes para perseguir a los discrepantes en vez de poner todos los medios contra la epidemia y se incurrió en todos los errores posibles.

Sánchez ha hecho grandes cosas, sin duda. El hombre fue despedido de su partido, volvió y lo ha dejado reducido a cenizas. Tras lograr por dos veces consecutivas los peores resultados electorales de la historia del PSOE, planteó una moción de censura contra Rajoy y salió vencedor. Después ganó las elecciones y su repetición y ahí está, hecho un brazo de mar, volando voy, volando vengo, Superpuma para arriba, Falcon para abajo.

Todo eso tiene una gran mérito. Pero Sánchez no ha salvado ninguna vida, no ha descubierto vacuna alguna y tampoco se ha lanzado en pos de ningún ahogado. De hecho, tiene mucho más que ver con el número de muertos por no haber actuado a tiempo que con los vivos que médicos, enfermeras y auxiliares lograron arrancar de las garras del coronavirus a pesar de la incompetencia de este Gobierno de fatuos y fatuas.

Artículo en: https://www.libertaddigital.com/opinion/pablo-planas/pedro-sanchez-y-sus-muertos-coronavirus-pedro-simon-covid-19-91046/

DE LA REBEQUITA A LA MANGA CORTA

Artículo de Antonio Burgos publicado en ABC el pasado día 17

La duración del Estado de Alarma me ha recordado aquella anécdota cofradiera del hermano del poeta Rafael de León. Su hermandad del Silencio había sufrido un enorme parón en aquella Madrugada sevillana y discutían en un cabildo la duración de esa obligada detención de la cofradía. No se ponían de acuerdo en los minutos. Hasta que el ingenio familiar del hermano del poeta saltó, y con toda la gracia del mundo precisó:

— Señores: yo les voy a decir cuánto duró exactamente el parón. A mi pareja le cayó junto a un puesto de calentitos. Y con el olor de la masa frita y el hambre que llevaba, pude saber perfectamente lo que duró el parón. Tardó exactamente, hermanos, lo que se tarda en freír… ¡catorce ruedas de calentitos! Que fueron las que conté hasta que la cofradía pudo volver a echar a andar.

Usando un sistema de medición práctico y parecido, yo les puedo decir lo que ha durado el Estado de Alarma, que dicen que acaba el próximo lunes día 21. Ojalá no se compliquen los contagios y volvamos atrás después de tantas fatiguitas, se abran las fronteras y la economía se reactive. ¿Quieren saber lo que de verdad y en términos prácticos ha durado el Estado de Alarma? Pues el Estado de Alarma ha durado desde la invernal rebequita de punto con pelotillas de Fernando Simón a su veraniega camisita blanca de mangas cortas. Pasando por aquella camisa negra, tan de Mussolini o de los palmeros de Peret, que se puso como signo de condolencia en los días del luto oficial, porque la rebequita a media asta aún no se ha inventado y la corbata no la conoce.

Que acabe el Estado de Alarma es una gran alegría y un signo de esperanza y de confianza en que al menos lo peor de la epidemia ha pasado. Pero la mayor alegría de la situación de «nueva normalidad» es que me imagino que ya no tendremos que seguir viendo y oyendo todos los días por televisión el parte de guerra de Don Simón y su tetrabrick de mentiras. ¡Qué alivio tendrá que ser poner la tele y que no te salga Don Simón con sus ridículas manguitas cortas de la camisita blanca diciendo que el número de muertos sigue igual! Lo más descorazonador y menos confianza nos ha dado del Gobierno en estos meses terribles es que este señor fuese director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias. Así han ido las alertas y las emergencias sanitarias. ¿Pero no podían haber encontrado a alguien que se expresara con mayor claridad y contundencia, que transmitiera confianza y esperanza, aunque no fuera director de nada ni experto en dejarnos con el alma en un puño con sus cifras diarias de hospitalizaciones, contagios y muertes?

Lo mejor del fin del Estado de Alarma será comprobar que termina el Telediario de la Mentira de Don Simón, al que han hecho un personaje popular, del que hasta venden camisetas con su imagen. Imagen penosa. La menos convincente posible. ¿Y el atuendo? Cualquier presentador de telediario no digo ya de las cadenas adictas, terminales de las mentiras del Régimen social-comunista, sino de una televisión local aparece mucho mejor vestido que Don Simón con su barba de dos días, sus cejas dejadas crecer, sus pelos alborotados como la chica ye-yé que este año no cantarán los mozos en los tendidos de Pamplona por San Fermín. ¿No podían haberle buscado un traje en condiciones y una corbata a este hombre? En los primeros días era una pura contradicción: los altos mandos del Ejército, de la Guardia Civil y de la Policía con sus uniformes y sus condecoraciones, dando imagen de Estado, y Don Simón con su rebequita y su incapacidad de comunicación. A ver si el día 21 acaba el Telediario de la Mentira de este señor, que empezó con las tres ya históricas que recogía ayer Nieto en su antológica viñeta: no habrá contagios, no hay peligro en manifestarse y las mascarillas no son necesarias.

Artículo en: http://www.antonioburgos.com/abc/2020/06/re061720.html

TRES FORMAS PARA ACABAR CON LA PESADILLA DE SÁNCHEZ E IGLESIAS

Artículo de Alfonso Basallo publicado en Actuall el pasado día 15

La masacre de 43.000 españoles, la destrucción de millones de puestos de trabajo o el negro porvenir que no espera no es fruto de la mala suerte o del virus que vino en avión. Pero hay tres vías posibles para desalojar al tándem que nos desgobierna: la política, la judicial y la de la UE.

Está claro que Sánchez e Iglesias ha sido lo peor que le ha ocurrido a España desde la posguerra. Tendrían el dudoso honor de figurar en una galería de gobernantes ominosos: Fernando VII, Juan Negrín, Zapatero…

El récord de desafueros y calamidades es de pelos de punta: una masacre de más de 43.000 personas, una catástrofe sanitaria, una catástrofe económica con la mayor caída del PIB  de Europa -solo superado por Grecia e Italia-, la destrucción de casi 4 millones de puestos de trabajo, el hundimiento de la clase media… etc. A lo que hay que sumar las arbitrariedades del estado de alarma, las presuntas prevaricaciones en la gestión de la pandemia, el sesgo liberticida de muchas de las medidas del Gobierno, el intento de cargarse la separación de poderes, el desprecio por la libertad de expresión… etc.

Y los responsables del desaguisado -por acción o por omisión- no son ni los chinos, ni un virus maligno, ni la coyuntura internacional. Sino que tienen nombres y apellidos. Pedro y Pablo, en primer lugar, y todos los ministros del Gobierno después. Basta poner antena para captar comentarios recurrentes de la calle: “¡En manos de quien estamos!”… o “esto es nada para lo que nos espera”.

¿Qué hacer? que diría Lenin -como sabrá Pablo Iglesias, profesor de Políticas-. En una democracia existen opciones para que no queden impunes las responsabilidades penales y para que el gobernante haga frente a sus responsabilidades políticas y abandone el poder.

Tenemos tres posibles vías para desalojar a Sánchez e Iglesias.

1.- La vía política: Hoy por hoy, inservible

Dado la férrea entente PSOE-Podemos-separatistas y el apoyo circunstancial e interesado de Ciudadanos. La oposición no tiene ni mucho margen de maniobra, ni tampoco demasiado fuelle. Ni está preparado, ni es el momento -el clímax del drama que estamos viviendo llegará cuando la situación económica se deteriore todavía más y entonces haga falta que el 7º de Caballería pepero regrese quizá en forma de adelanto de las elecciones-.

Descartada de momento.

2.- La vía judicial: complicada, con Montesquieu amordazado

Asociaciones de afectados por Covid-19, familiares de las víctimas, médicos y enfermeros, asociaciones de guardias civiles, sindicatos policiales etc han presentado hasta 60 querellas.

En sus escritos demuestran que hay indicios de sobra para que la Justicia investigue a quienes han puesto en peligro la integridad física de 47 millones de españoles y tienen sobre su historial más de 43.000 víctimas mortales. Dos de los más recientes, ofrecen sólidos argumentos para que el juez actúe.

Se trata, por un lado, de la macroquerella criminal contra el Gobierno, de HazteOir.org, presentada como acusación popular, que pide que se investigue al Ejecutivo de Sánchez por haber cometido presuntamente seis delitos: homicidio imprudente, prevaricación, imprudencia grave con resultado de muerte y lesiones, omisión del deber de socorro, delitos contra la seguridad de los trabajadores y delito contra los sentimientos religiosos.

La otra se centra específicamente en el 8-M: es la denuncia presentada por el abogado y exdiputado del PP, Jaime Ignacio del Burgo, contra el Gobierno por autorizar y animar a participar masivamente en las manifestaciones de aquel día, cuando España ya tenía 17 muertos por coronavirus.

Otra cosa es que el tren judicial quede en vía muerta. Acabamos de ver como la juez Rodríguez Medel ha sobreseído provisionalmente la investigación del 8-M. Ha descartado la imputación de Fernando Simón, director de Emergencias sanitarias, el hombre que minimizó el riesgo de la pandemia y que no desaconsejaba ir al 8-M, del que había numeroso material probatorio en contra; y se centró, en cambio, en el delegado del Gobierno de Madrid, sobre el que no había indicios de prevaricación. Total, nada.

Como dice Jiménez Losantos, “nuestros jueces no se atreven a defendernos del Gobierno”. Ya sabemos lo politizada que está la Justicia y el escaso respeto que el PSOE tiene por la división de poderes, ya desde la época de Felipe González. El último episodio ha sido la destitución del coronel de la Guardia Civil Pérez de los Cobos, por colaborar con la Justicia investigando presuntos delitos del Gobierno durante la crisis del coronavirus.

Esperemos que con el 8-M no pase lo mismo que con la famosa X de los GAL, que todo el mundo sabía quién era, pero que fue imposible que se despejara, porque el PSOE tenía amordazado y maniatado al pobre Montesquieu. 

3.- La vía de la UE o el choque inevitable Sánchez-Iglesias

Cuanto peor, mejor. Bruselas no puede permitir que se despeñe una de las más grandes economías de la Unión Europea, porque arrastraría a la demás. Así que nos lanzarán el salvavidas, pero no gratis et amore, sino en forma de créditos condicionados, de suerte que mirarán con lupa cómo los gasta el Gobierno socialpodemita y en qué los gasta.

El dinero de la UE está para lo que está. Para pagar las pensiones, los sueldos de los funcionarios, los ERTES, o ayudar a la pequeña y mediana empresa. No para despilfarrarlo en fuegos artificiales ideológicos, o para que Podemos pretenda convertir Madrid en Caracas.

La UE presionará a Sánchez, y éste a Iglesias, que se encontrará ante el dilema de perder su pureza comunista o pelearse con su socio. Claro que entre la pureza y el marquesado de Galapagar ¿qué creen ustedes que elegirá?

¿Como acabará un duelo Sánchez-Iglesias? En este caso es donde el PP tendría alguna posibilidad. Como ocurrió con Aznar en 1996, o con Rajoy en 2011, la clave vuelven a ser el paro y la economía. El bolsillo del ciudadano volverá a ser el catalizador del voto útil, y el mejor pegamento para tapar las grietas de la fragmentación de la derecha que se produjo en 2019.

Todo ello favorecerá, sin duda, al PP y su pragmatismo económico -e irá en detrimento de Vox-.

Posdata.- La izquierda se reserva la baza de un nuevo PER

Claro que la izquierda puede contraatacar con la demagogia bolivariana.

Fíjense como Pablo Iglesias está comprando voluntades y tejiendo redes clientelares entre jubilados, pensionistas y parados, a través del Ministerio de Empleo. Con el Ingreso Mínimo Vital, que supone multiplicar casi por tres los 290.000 perceptores que actualmente cobran la renta mínima de inserción; en segundo lugar, reformulando el subsidio de desempleo para aumentar  su cuantía y el número de beneficiarios; y en tercer lugar, reformando las prestaciones de paro para incrementar su cobro y duración.

¿Justicia social? No, amigos, un remake del PER de Andalucía extendido por Podemos a más de 7 millones de españoles, que son otros tantos votantes. Es una de las bazas políticas que Iglesias se reserva y que encajan perfectamente en el proyecto bolivariano: en lugar de incentivar la creación de empleo, repartir limosna para tener asegurado un granero de votos. 

Artículo en: https://www.actuall.com/democracia/tres-formas-para-acabar-con-la-pesadilla-de-sanchez-e-iglesias/

 

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