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Los lunes, revista de prensa y red

Tres foramontanos en Valladolid 24 Ago 2020 - 07:27 CET
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“El timo de nuestro tiempo”, de José María Carrascal, “¿Por qué España es el líder europeo de contagios si todos llevamos mascarilla?”, de Juan Manuel García, y “Uribe arrestado y Sánchez suelto: algo en el mundo va mal y no es sólo el virus”, de Federico Jiménez Losantos

(Viñeta de Puebla en ABC el pasado día 16)

EL TIMO DE NUESTRO TIEMPO

Artículo de José María Carrascal publicado en el pasado día 16

Mucho apunta que no sólo Iglesias está dispuesto a seguir en el cargo contra viento y marea. Sorprende que medio siglo después de que Kruschev denunciara los crímenes de Stalin, de que Deng Xiaoping renunciara a los métodos de Mao Tse-tung y que el Muro de Berlín se desplomara como si fuera de cartón, en España arme tanto revuelo que un partido comunista sea investigado por delitos económicos y conductas ilegales. Yo no necesité los nueve años que viví en el Berlín dividido para descubrir que el comunismo es un inmenso fraude. Me bastó tomar el S-Bahn o Metro elevado al día siguiente de llegar y darme una vuelta por la parte Oriental -mera curiosidad- para comprobar que aquello era peor que la España que dejaba detrás. Y lo que ha ocurrido desde entonces, no ha hecho más que confirmarlo. El comunismo no trae la igualdad, ni la prosperidad ni la libertad. Bien al contrario: las aleja. Con decir que sus dirigentes, «la nueva clase» según Djilas, gozan de privilegios inaccesibles al común de la población, que escasean los productos básicos y que la libertad «¿para qué?» como contestó Lenin a Fernando de los Ríos, está dicho todo. Sin embargo, en España hay quien les vota e incluso quien les hace sitio en el gobierno. Que Sánchez haya hecho vicepresidente a Iglesias, tras haber dicho que imaginárselo le quitaba el sueño, sólo se justificaría con la intención de alejarle de esa extrema izquierda que busca acabar con la Constitución del 78 que trajo el mayor desarrollo de la historia. Pero resulta justo lo contrario: están tomando más la línea de Podemos que la del PSOE que envió a Marx a las bibliotecas y buscó equiparar España a las democracias occidentales. Es más, en la batalla que se está librando sobre la Monarquía, Sánchez dice defenderla, pero no a sus titulares actuales, que es tanto como declararse cristiano pero dudar de Jesucristo. Sus «noticias perturbadoras e inquietantes» sobre Don Juan Carlos eran una zancadilla más que un respaldo, sobre todo al no ir acompañadas de la obligada presunción de inocencia. Presunción, en cambio, que concede a su vicepresidente segundo en las causas abiertas.

Mucho apunta que no sólo Iglesias está dispuesto a seguir en el cargo contra viento y marea, sino también Sánchez se dispone a mantenerlo. Eso sí que es preocupante cuando su único proyecto de gobierno parece ser mantenerse en él no importa cómo, a qué coste ni con quién. Mientras Iglesias cree en su proyecto, entre otras cosas por no tener otro. Y su proyecto ya sabemos cuál es: el que me encontré en Berlín oriental en 1957. O incluso peor, porque los teóricos podemitas, como Monedero, han añadido al marxismo-leninismo lo que podríamos llamar fanfarria castro-chavista, cuyos resultados vemos en Venezuela. Y nosotros, sin petróleo siquiera. ¿O intenta encubrir que el Covid-19 vuelve a andar suelto por el país? Entonces, confirma que, además de cobarde, es un ignorante. Al virus no se le engaña como a los españoles.

Artículo en: https://www.abc.es/opinion/abci-jose-maria-carrascal-timo-nuestro-tiempo-202008152349_noticia.html

¿POR QUÉ ESPAÑA ES EL LÍDER EUROPEO DE CONTAGIOS SI TODOS LLEVAMOS MASCARILLA?

Artículo de Juan Manuel García publicado en La Vanguardia el pasado día 17

Una pregunta sobrevuela desde hace varias semanas los foros de debate y los análisis sobre la situación de la pandemia del coronavirus en España: ¿por qué siguen creciendo las cifras de contagio si somos uno de los países donde el uso de la mascarilla está más extendido y más conciencia ciudadana hay sobre la necesidad de mantener la distancia física y cumplir con las medidas de higiene?

Los pocos españoles que se han ido de vacaciones o residen fuera de nuestras fronteras muestran su perplejidad a través de las redes sociales por la laxitud de las normativas en los territorios de nuestro entorno. “Aquí casi nadie lleva mascarilla por la calle y los números no dejan de bajar. Algo no me cuadra”. Mensajes de este tipo, transmitidos desde el Reino Unido, Francia, Portugal y todas las naciones del norte de Europa, se repiten con insistencia en plataformas digitales y en las crónicas internacionales de los noticiarios.

España es el país europeo con más contagios pese a que son más visibles las medidas de prevención

Sin embargo, son estos mismos países –prácticamente todos los de la zona Schengen, y algunos otros más lejanos- los que establecen restricciones para viajar a determinadas zonas de España. Y son recomendaciones lógicas, porque nuestros datos son los peores de Europa. La cuestión que las autoridades sanitarias no saben responder es qué estamos haciendo mal.

El genetista e investigador Salvador Macip, residente en Leicester (Reino Unido) atribuye los rebrotes a un conjunto de factores de carácter social, económico y político que nos distinguen de nuestros vecinos. “Llevar la mascarilla por la calle es una buena idea porque contribuye a que los ciudadanos se acostumbren a usarla. Pero es en espacios cerrados llenos de gente donde realmente es eficaz. Si la llevamos al aire libre pero nos la quitamos en situaciones de riesgo, al entrar en domicilios o recintos públicos, estamos realizando un esfuerzo bastante inútil”, argumenta.

Nuestras costumbres sociales juegan un papel relevante en la propagación del virus. Las principales fuentes de contagio son las reuniones familiares y de amigos. “Y en España, durante el verano, tendemos a socializar mucho, especialmente los jóvenes, que son los que menos se ponen la mascarilla”, razona Macip, autor del libro ‘Las grandes epidemias modernas’.

Pero si en algo coinciden todos los expertos es en no culpabilizar a los ciudadanos de la actual situación. “El confinamiento se hizo muy bien. España controló más rápidamente que otros países la primera ola de la epidemia porque la gente cumplió escrupulosamente las normas”, destaca el médico.

La errática gestión política de la pandemia da alas a los antimascarillas y otros negacionistas

El problema fue la gestión posterior. “La desescalada fue precipitada. Por temor que se hundiera más la economía se quiso reactivar el turismo enseguida para no perder la temporada, lo que produjo más movilidad. Se habló de la nueva normalidad, trasladando un mensaje de relajación que ha sido contraproducente. En una crisis sanitaria de esta magnitud no se puede nadar y guardar la ropa”, opina Macip.

Tampoco hubo prevención. Se sabía que habría un repunte pero se confió en que éste era un virus estacional y que la situación permanecería tranquila hasta el otoño. No había una respuesta preparada para una oleada de rebrotes: ni suficientes tests, ni rastreadores ni la posibilidad de confinar a la población.

Y es que la organización política del territorio tampoco ayuda. “En el Reino Unido se hizo todo muy mal desde el principio, peor que en España. Pero una vez estabilizada la situación, en Leicester hubo un rebrote que se originó en los talleres textiles, donde las condiciones de los trabajadores son parecidas a las de algunos temporeros en España. A diferencia de Lleida o Aragón se decretó rápidamente el confinamiento porque había mecanismos políticos para hacerlo. En España no ocurre eso”, explica el investigador.

La ineficaz gestión política de la pandemia ha dado alas a los propagadores de otro tipo de virus, los bulos. A finales de julio se presentó en Madrid la plataforma ‘Médicos por la verdad’. En su puesta en escena, defendieron que la mascarilla puede generar enfermedades respiratorias, entre otras muchas falsedades. “Son grupos que difunden mensajes que apelan a nuestras emociones, y por eso se viralizan más”, explica Alexandre López Borrull profesor de comunicación de la UOC. “Como hace calor y la mascarilla agobia, lo que tú quieres oír es que no sirve para nada. Y esa idea es la que circula”, razona.

Los creadores de fake news sanitarias se aprovechan además de las contradicciones de las instituciones. Si el peor momento de la emergencia sanitaria no eran obligatorias -por una pura cuestión logística, no habían para todos-, ¿por qué llevarlas ahora? “Son colectivos libertarios que por defecto se posicionan en contra de la información oficial y científica y se presentan como una alternativa al sistema público de salud. Y en épocas de incertidumbre, sus mensajes calan más. Cuando haya una vacuna intentarán seguir creando desconfianza, porque su discurso parte de la idea que nos hemos vendido a las farmacéuticas”, augura el experto en el estudio de la desinformación.

Los médicos de familia son víctimas de la norma ambigua que regula quién está exento de usarla

Esta propensión a crear suspicacias entre la población tiene algunas consecuencias perversas. El Colegio de Médicos de Bizkaia denunció hace unas semanas la existencia de una campaña “perfectamente orquestada” para saturar el sistema sanitario con reclamaciones contra ellos por no autorizar la exención del uso de la mascarilla a personas que no tienen ninguna patología que lo justifique. No es un caso único en España. Varios médicos de atención primaria han sufrido acoso por parte de pacientes que exigen este tipo de certificados.

Los médicos de familia lamentan que son víctimas de la ambigüedad de la norma. El artículo 6.2 del Real Decreto de medidas urgentes ante la pandemia explicita que la obligación de la mascarilla “no será exigible para las personas que presenten algún tipo de enfermedad o dificultad respiratoria que pueda verse agravada por el uso de la mascarilla”. “La redacción nos deja vendidos”, se queja una doctora de un centro de atención primaria del distrito de Nou Barris, en Barcelona. “¿Qué hacemos si viene un paciente con una enfermedad pulmonar obstructiva crónica? Suelen ser personas de edad avanzada, los que más se han de proteger del virus ¿Les eximimos de llevar mascarilla? Si lo hacemos y se contagian, ¿de quién es la responsabilidad?”, se pregunta.

Aunque reconoce que las consultas sobre esta cuestión son escasas –“y van a la baja, eran más frecuentes los días posteriores a que saliera el BOE”- ella es una de las que ha sufrido insultos por negarse a facilitar un certificado a una paciente. “Vino varias veces a pedírmelo. Decía que la mascarilla le creaba ansiedad y mareos, que se ahogaba. Pero no tenía ninguna patología, así que denegué su petición. La última vez se comportó de manera muy agresiva, saltándose todos los protocolos, insultando. Tuvo que intervenir la dirección del centro”, narra.

Una vez más, no ayudan los mensajes contradictorios. En algunas comunidades como Castilla y León no hace falta ningún justificante médico para prescindir de la mascarilla. Basta con una declaración responsable firmada por la propia persona o por sus tutores legales. “No dudo que el uso de la mascarilla sea angustioso para algunas personas. Yo también la llevo todo el día, y me incomoda. Pero nuestro trabajo es mejorar la salud de las personas, no decidir quién ha de llevar mascarilla y quién no. Y mucho menos soportar amenazas”, concluye la médico de familia.

Artículo en: https://www.lavanguardia.com/vivo/lifestyle/20200817/482802327287/por-que-espana-lidera-contagios-coronavirus-mascarilla.html

URIBE ARRESTADO Y SÁNCHEZ SUELTO: ALGO EN EL MUNDO VA MAL Y NO ES SÓLO EL VIRUS

Artículo de Federico Jiménez Losantos publicado en Libertad Digital el pasado día 16

La Corte Suprema ha perpetrado la suprema ignominia de poner bajo arresto a Uribe, el hombre al que debe Colombia cuanto se pueda deber a un hombre. Pocos políticos en el mundo merecen tanto el título de héroe de la Libertad como Álvaro Uribe Vélez. Como Presidente de Colombia logró acabar con la hegemonía que estaba consiguiendo la narcoguerrilla de las FARC en muchos ámbitos de la sociedad colombiana, el más grave, sin duda, el militar. Contaba con el respaldo de La Habana y con el dinero del narco, con abogados que eran políticos y políticos que eran abogados, amén de la protección de la izquierda política internacional que nunca falta a los asesinos si son comunistas y matan en sitios alejados de Europa o los USA.

Cuando Uribe llegó al Poder, Colombia estaba a punto de ser lo que la URSS quería que fuera México: «un cáncer en el vientre de la Fiera». Al acabar su mandato presidencial, Colombia había derrotado militarmente al narcoterrorismo comunista, salía del marasmo económico que, salvo el dinero negro del polvo blanco, acompaña a la terrible inestabilidad política. Colombia pasó de ser el país a punto de convertirse en narco-Estado, lo que finalmente han conseguido los comunistas con Venezuela, a un Estado que recuperaba poco a poco las instituciones básicas de una sociedad libre.

La derrota de Santoshenko, Timoshenko y el Papa

Pero el veneno totalitario y la corrupción política y mediática están muy interiorizados en Colombia, como en casi todas partes, y el sucesor de la milagrosa obra uribiana se convirtió en su Judas: el presidente Santos decidió hacerse una figurita mundial, o sea, un progre exótico más, y urdió con el Timoshenko de las FARC y con el apoyo de Obama, el Papa y el Grupo PRISA en España un referéndum para crear un nuevo régimen, híbrido de la banda narco-comunista y el Estado de Derecho, en la práctica haciendo que el Estado de Derecho protegiera los derechos del terrorismo de tantas décadas. En las conversaciones de La Habana, sitio neutral, el abogado de las FARC era el comunista Enrique Santiago, número dos de hecho de Podemos y vicepresidente de la Comisión de Reconstrucción tras la pandemia, que, como es lógico en un comunista, nada ha reconstruido.

Contra el referéndum se alzó Uribe con su iPad y su cuenta de Twitter, apoyado por su antiguo rival y ex-presidente Pastrana. Y contra todo pronóstico y pese a una multimillonaria inversión publicitaria, perdieron Santos, las FARC, Obama, el Papa y Cebrián. Se produjo una situación extraña, porque Santos no tuvo el decoro de dimitir y al final dejaron el acuerdo en medio acuerdo, pero garantizando puestos en el Senado para las FARC y jueces para los Tribunales del proceso de Paz, diseñados para hacer impune a la guerrilla y cargar contra paramilitares o simplemente militares que supuestamente se extralimitaron en su tarea.

Recuerdo que mi amigo Plinio Apuleyo Mendoza me contó cómo conseguían, mediante elementos izquierdistas dentro del Congreso USA y los medios progres de costumbre, paralizar la ayuda del Paquete Colombia mientras no se eliminara a determinados oficiales, los que más daño hacían a las FARC. Y en nombre de los Derechos Humanos ayudaban a esa banda de narcotraficantes, secuestradores y esclavizadores sexuales de niñas que, con Santiago como abogado, sientan hoy sus cerebros en el Senado. Salvo que, reclamados en los USA por narcotráfico, decidan huir y montar de nuevo el negocio narco-comunista, rojo por fuera y blanco por dentro. No hay que dejar a Maduro solo en el mercado.

Corte Suprema de Injusticia

Es lo que con la protección de una parte de la casta política y de la Corte Suprema de Justicia hizo hace pocos meses un narcoterrorista, al que dejaron salir de la cárcel, sin arresto domiciliario, huyó y volvió al crimen. Pues bien, esa Corte Suprema ha perpetrado la suprema ignominia de poner bajo arresto domiciliario a Uribe, el hombre al que debe Colombia cuanto se pueda deber a un hombre, por peligro de huir, cuando no ha huido nunca de nada, y menos, de la Justicia que ese tribunal deshonra gravísimamente.

Todo nace de la ingenuidad del propio Uribe, que denunció a un tal Iván Cepeda, un demagogo pro-FARC a cuyo lado Pablo Iglesias resulta elegante, que buscaba cornear a Uribe recorriendo las cárceles en busca de testimonios de paramilitares condenados que pudieran incriminarlo. Pero un juez famoso por su odio a Uribe, del mismo tribunal que acaba de soltar al narco sin cautela alguna, decidió reconvertir la causa contra Cepeda en causa contra el denunciante, y desde hace años arrastra ese caso que ahora ha retratado a la justicia colombiana a la altura de Cepeda y de sus cuates. La última de este demagogo rojo es denunciar a Iván Duque por defender la inocencia de Uribe. Y el mismo juez, por la misma causa, le daría la razón. A Uribe se le priva legaloidemente hasta de la presunción de inocencia. Así paga Colombia a sus héroes y así venga su derrota la gentuza de las FARC.

Néstor Laso publicó recientemente en El Español -y reprodujo El Bogotano- un artículo sobre los disparates legales del caso contra Uribe. Pero el texto más aplastante y estremecedor, por el inmenso dolor que revela y que politicastros y politijueces pretenden enterrar es de Estefanía Flórez en El Nodo de Colombia: «Matarifes de la verdad y verdugos de la verdadera memoria histórica». Lo citaría entero, pero prefiero animarles a que lo lean y, en el caso de los españoles, descubran una brillante escritora.

En España, la ETA, como las FARC

No es muy distinto, salvo en tamaño, porque todo en América es más grande que en Europa, lo que pasa en Colombia de lo que está pasando en España con la ETA, socia del Gobierno y con un ministro del Interior está dedicado a cuidar etarras y humillar a sus víctimas, con el resultado de que hoy, gracias al PSOE, el País Vasco y Navarra son «zonas liberadas», como las que negociaron las FARC con Santos en la Colombia que dominaban para mantener el negocio a salvo de bombardeos o ataques militares. Y esclavizando, de paso, a los desgraciados que allí tenían que vivir. No hay Ley cuando los que legislan son los socios políticos de los pistoleros. Y no es muy distinta la situación en Cataluña, de la que huyen jueces y fiscales, ni en Valencia ni en Baleares, dónde se persigue el español y al español.

El responsable mayor –los menores, sobre todo mediáticos, son casi todos- está tomando el sol desde hace días y piensa tirarse el mes entero, en La Mareta, residencia que Hussein II de Jordania regaló a Juan Carlos I y él regaló a Patrimonio Nacional, porque mantener ese tronío sale carísimo. A Falconetti eso le da igual. Ha mandado levantar tapias y parasoles para que nadie del vulgo se solace con su solaz o le arroje algún plátano macoco. Lo último que hizo, aparte de propiciar el esperpento de Campechano, fue la inolvidable campaña de su Gobierno cuyo lema era «¡Salimos más fuertes!».

«¡Salimos más fuertes!», decía Falconetti

No quiero entrar en detalles de lo mucho más fuertes que salimos. A diario los suministran Libertad Digital y esRadio, consuelo de los que no se resignan a no enterarse de nada. Pero socialistas y comunistas, sin duda, sí salen más fuertes. Tal vez porque en esta pobre España la Oposición aspira a heredar sin trabajar, salvo en el teatro de las Cortes, y está cerrado por vacaciones. La verdad es que no se sabe cómo resulta más dañino. Después de aplaudirse y de hacerse aplaudir por su banda, y tras enterrar pomposamente el ataúd de los 25.000 muertos sin contar, Cum Fraude, Falconetti o el nauta Mareota, medita un golpe de efecto para su vuelta en Septiembre. Se habla de Illa para la Generalidad y Simón para Sanidad, lo cual sería totalmente lógico.

Se dirá que aunque lógico es cruel para los que nada han hecho para merecer esa injusticia. Miren hacia el Oeste, a la altura de Colombia, y piensen en ese hombre sometido a arresto domiciliario, cuya culpa ha sido romper las cadenas que, años después, los miserables quieren imponerle.

Artículo en: https://www.libertaddigital.com/opinion/federico-jimenez-losantos/uribe-arrestado-sanchez-suelto-algo-en-el-mundo-va-mal-no-es-solo-virus-91465/

 

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