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Los lunes, revista de prensa y red

Tres foramontanos en Valladolid 14 Sep 2020 - 07:21 CET
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“Cooptación y veto”, de Ignacio Camacho, “Los Iglesias, como los ricos”, de Emilia Landaluce, y “La vuelta al cole y el desprecio a las familias”, de María Menéndez

 

(El moño de la Bernarda Viñeta de Puebla en ABC el pasado día 7)

COOPTACIÓN Y VETO

Artículo de Ignacio Camacho publicado en ABC el pasado día 8

La autonomía de la Justicia es el dique institucional de esta legislatura. Y soporta más presión política que nunca. Incumplir el mandato de renovación de los órganos constitucionales es un acto de obstruccionismo, si no de desacato o desobediencia, impropio de un partido de Estado. Lo que significa que, en términos weberianos de ética de la responsabilidad, Pablo Casado está en la obligación de acceder a renovarlos, sobre todo esa cúpula del poder judicial que lleva caducada dos años. Su negativa, argumentada sobre pretextos débiles y circunstanciales, es inaceptable en abstracto y en la práctica incurre en el mismo vicio que tantas veces ha reprochado a Sánchez: el filibusterismo pragmático, la subordinación a intereses tácticos de los deberes institucionales implícitos en el ejercicio del liderazgo.

Sin embargo, y pese a la endeblez de sus excusas, el bloqueo aplicado por el Partido Popular es la única herramienta autodefensiva de que dispone en esta legislatura que el presidente ha trufado de anomalías legales y maniobras turbias. Sin salir del ámbito de la Justicia, el nombramiento de una ministra como fiscal general es un gesto que contamina la independencia de poderes y la desafía con arrogancia impúdica. Y Podemos, el socio gubernamental, no se ha recatado nunca de cuestionar las sentencias de la magistratura y de acusar a los jueces de conspirar contra el resultado de las urnas. Es el Ejecutivo el que ha embarrado el terreno con toda clase de artimañas sucias, y en esas condiciones no puede aspirar a un pacto que necesita de una mínima base de lealtades mutuas. Se le nota demasiado el interés por someter con premura al estamento que con mayor autonomía se resiste a su proyecto de ocupación absoluta de la sociedad civil y de la función pública.

Para la mayoría de los ciudadanos, por otro lado, el sistema de elección del CGPJ responde a una fórmula de reparto obsceno, una cooptación partidista que ni siquiera se molesta en disimular la crudeza del procedimiento. Casi todos los partidos -incluido recientemente el PP, aunque durante años se ha prestado sin problemas al juego- llevan en sus programas la reforma de ese método que menoscaba la apariencia de imparcialidad de los nombramientos para plazas vacantes en las Audiencias o el Supremo. Cualquier pacto debería estar condicionado a ese objetivo estratégico que ahora mismo no forma en absoluto parte de los planes de un Gobierno obsesionado con allanar cualquier impedimento a su modelo de desvío constitucional encubierto.

El derecho de veto es un arma de doble filo que Casado debe manejar con tiento porque es obvio que está dilatando adrede el proceso y saboteando un imperativo específico del Parlamento. Pero también constituye su mejor baza para evidenciar el concepto arbitrario, selectivo y ventajista que Sánchez tiene del consenso. Y alguna vez alguien le tendrá que demostrar que la democracia es un sistema de contrapesos y que en política los acuerdos tienen siempre un precio.

Artículo en: https://www.abc.es/opinion/abci-ignacio-camacho-cooptacion-y-veto-202009082322_noticia.html

LOS IGLESIAS, COMO LOS RICOS  

Artículo de Emilia Landaluce publicado en El Mundo el pasado día 9

Uno de los recursos más manidos de la guerra feminista en el lenguaje son los

significados que se les dan a los distintos sexos (al menos hasta el debate queer). Cojonudo es positivo y coñazo, negativo. ¿Lo ves?

Lo menos doloroso para las costumbres de los ciudadanos (a los que en realidad estos debates les suelen traer sin cuidado) quizás sea acuñar un nuevo término. Coñonudo no suena mal. ¿Y qué me dicen de moñazo? Ahora que Pablo Iglesias lo luce como un Siddharta de Bertolucci ha dejado de ser algo proverbialmente femenino. Además, el «me tenéis hasta el moño» es bastante más gráfico que otras aseveraciones más biológicas y de menor altura.

Iglesias ya traga con el Íbex, como se pudo apreciar en el gesto reverencial que le dedicaba a Ana Botín durante la reunión para agasajar las políticas de Pedro Sánchez. Quizás se deba a que Iglesias se comporta ya como esa casta a la que tanto desdeñaba cuando no servía como coartada del presidente. La transformación se puede apreciar en una información de El Confidencial en la que se desglosa el nuevo límite salarial de Podemos que solo aplica una retención del 15 % (para el partido) a los ministros y miembros del Gobierno mientras que los diputados rasos nacionales y autonómicos tendrán que donar más del 20 % de su salario. O sea: tanto Pablo como Irene -que además cuentan con complementos salariales como coche oficial, seguridad, dietas …- tienen que donar menos al partido que .otros miembros que ganan menos. A nadie le debería sorprender. Legislan, hacen las normas para ellos como esa consulta que hicieron para que los afiliados validaran la compra de la casa de Galapagar.

¿Y su requerimiento de subir la fiscalidad a los que más tienen? Humo… En realidad, a los ricos de verdad les da igual que les suban los impuestos. El dinero no tiene patria ni fronteras. Por eso a los que lo tienen no les importa irse a Portugal o a Bahamas con sus empresas si les suben los impuestos porque pueden permitírselo. A los que realmente se les aplica una subida es a las clases medias y a las que tienen un duro o un piso en propiedad en el centro de cualquier ciudad.

Si Iglesias y Montero (o Montero e Iglesias, tanto monta, monta menos) aplican desde el Gobierno las recetas con las que mandan en su partido, los de la lista Forbes pueden estar tranquilos. Con razón Pablo se ha dejado el moñazo…

Artículo en: https://www.elmundo.es/opinion/columnistas/2020/09/09/5f575d9a21efa0cd2f8b461c.html

LA VUELTA AL COLE Y EL DESPRECIO A LAS FAMILIAS

Artículo de María Menéndez publicado en Actuall el pasado día 8

A la ciudadanía, a las familias, nos ponen la vacuna que nos salva de pensar y ver que todo es un desastre. Es la vacuna del miedo. Ni han dado ni dan la talla, ni han considerado a las familias ni entonces ni ahora. Solo saben vacunar miedo. Para que obedezcamos y no pensemos.

En situación normal a las familias -y a las numerosas en especial- nos ningunean, nos dejan castigados en el rincón del olvido, no nos consideran y les damos igual. En la situación totalmente excepcional de pandemia mundial tampoco se han acordado de nosotros.

En esta vuelta al colegio de 2020 tan extraña y diferente tampoco nos han preguntado por nuestras circunstancias, situaciones familiares y necesidades a la hora de organizarnos.

A los colegios los han dejado solos y éstos se han medio organizado. Pero a las familias nos han dejado a un lado. Cuando son nuestros hijos los que van a estar en clases con 20 personas, pero en los sitios públicos se entra de uno en uno. Van a tener que ir muchos al colegio en transporte público. Con los peligros que conlleva. Muchos padres van a depender de terceras personas para llevar y traer del colegio y para acompañar y ayudar los días que toquen clases online.

Eso sí, la administración no puede ofrecer atención presencial y los obstáculos para gestionar y tramitar documentos son brutales (https://www.actuall.com/familia/las-familias-numerosas-denuncian-el-bloqueo-administrativo-de-las-ayudas-en-madrid-y-se-plantean-la-via-penal/)

Pero la vuelta al cole es indispensable para evitar colapso económico. Pero sin ayuda logística. A sobrevivir. Cada uno como pueda. Y más y sobre todo las familias y en especial las familias numerosas.

En la asociación de familias numerosas de Madrid hicimos hace unos pocos días una encuesta con varias preguntas sobre esta vuelta al colegio. Las respuestas nos dicen que el 74% de las familias encuestadas sí quieren que sus hijos vuelvan al colegio de manera presencial, pero casi todas obligadas por la imposibilidad de dejarlos en casa y tener que ir a trabajar todos los días. Lo mismo si teletrabajan, pues no pueden otra vez estar a la vez atendiendo a los hijos en sus clases virtuales.

A pesar del miedo y del peligro de que digan que aumentan los contagios y haya que quedarse otra vez en casa, aunque los confinamientos sean más locales y la logística sea de supervivencia… muchos padres parecen estar de acuerdo con la idea de iniciar el curso escolar.

Eso sí, a la administración, al gobierno -nacional o regional- le importa poco lo que piensen los padres, lo que necesiten los padres, cómo organicen la familia. No nos han preguntado, no nos han llamado.

Y eso provoca que el malestar lo paguemos contra el colegio, que es lo que tenemos cerca, que es donde vamos cada mañana. Y dejamos a un lado el protestar, reclamar, exigir, denunciar a la administración, a la Consejería, a la Inspección. Porque ellos tienen el poder y salen en la televisión diciendo que lo tienen todo pensado, preparado y organizado. Que hay suficiente dinero presupuestado para las contingencias por el covid, que si hay que desdoblar clases se contratan más profesores, que si hay que tener más aulas pues se hacen obras, que si hay clases online pues se regalan ipads y tablets, …

En marzo lo primero fue cerrar colegios. En septiembre lo primero es abrir colegios

Y ellos, los que tienen el poder, salen ganando porque a la ciudadanía, a las familias, nos ponen la vacuna que nos salva de pensar y ver que todo es un desastre. Es la vacuna del miedo. Y con miedo la gente se vuelve vulnerable, cobarde, timorata y se queda paralizada.

Y si además se mezcla el miedo con las mentiras o medias verdades, el resultado es la victoria sobre la libertad. Y se logra la grandeza de prohibir. La vacuna contra la libertad es una mezcla de miedo y mentira.

Esta semana empiezan las clases para muchísimos alumnos. Llevan 24 semanas sin clase. Eso son seis meses, la mitad de un año. No son tontos, las familias tampoco somos tontas. Porque lo mismo que nos pidieron en la pandemia, cuando todo era excepcional y sorpresivo, urgente y apremiante, nos lo piden ahora igual, igual, igual.

Ni han dado ni dan la talla, ni han considerado a las familias ni entonces ni ahora. Solo saben vacunar miedo. Para que obedezcamos y no pensemos. Lo sensato, prudente y razonable se cambia por creer todo, por extraño que parezca. Porque tener a 20 niños en una clase y que el profesor tenga que ocuparse de las 20 mascarillas y de que se laven frecuentemente las manos… ¡¡No da tiempo a dar clase!!

¿No han podido pensar en estos meses algo más imaginativo, novedoso? ¿Tantos días, semanas y meses para pensar en que las familias y sus hijos solo están para obedecer?

Primero nos cerraron los colegios, sin más. Coge los libros y la mochila y a casa. Luego clases online, deberes y trabajos virtuales. En muchos casos sin preguntar si se podía acceder a esta vía telemática para terminar el curso.

Luego con horarios restrictivos para salir de casa y la tontería más grande: que los niños pueden salir con su padre o madre, pero solo al supermercado o al banco.

Y al llegar el verano todos fuera, que hay que salir. Pero sin saber si los que salen de casa están contagiados o están sanos del virus.

Guantes sí, mascarilla no. Siempre gel. Luego fue al revés, guantes no y mascarilla sí. Distancia sí, para no necesitar mascarilla. Al final mascarilla siempre, hasta para los muertos.

En marzo lo primero fue cerrar colegios. En septiembre lo primero es abrir colegios.

Independientemente de la importancia de educar y enseñar presencialmente, de socializar con otros niños, de obedecer a profesores además de a los padres, de vivir un montón de experiencias en la etapa escolar, las dos decisiones, la de cerrar y la de abrir, se han tomado sin justificaciones sanitarias, ni educativas. Sin tomar en consideración la organización de las familias.

Las dos decisiones de cerrar y abrir colegios han sido producto del miedo, de la imprudencia, de la locura de no pensar ni razonar con sensatez. Y, sobre todo, de obedecer a quien solo le ha interesado aprovechar el miedo para paralizar y acobardar, no para gestionar, organizar y procurar el bien común de todos. Sobre todo de los niños, futuros ciudadanos. Nuestros hijos.

Artículo en: https://www.actuall.com/educacion/la-vuelta-al-cole-y-el-desprecio-a-las-familias/

 

Tres foramontanos en Valladolid

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