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El Prado prorroga «Reencuentro»

Tres foramontanos en Valladolid 18 Oct 2020 - 07:25 CET
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Por José María Arévalo

(La Galería Central, a la entrada de “Reencuentro”, con “El descendimiento” de Van der Weyden a la izquierda)

Tras el confinamiento, el Museo Nacional del Prado reabrió el pasado 6 de junio con una impresionante exposición que ahora se ha prorrogado hasta el 29 de noviembre, y que ha titulado ‘Reencuentro’, en la que las mejores 249 obras de su excepcional colección han sido alineadas en su Galería Central, de forma que en un solo recorrido de principio a fin puede contemplarse lo mejor de la Historia de la pintura, Lo explica muy bien su web, que ha tomado Hoyesarte,com y nosotros de ésta.

“El Museo Nacional del Prado prorroga hasta el 29 de noviembre la exposición Reencuentro, que desde su apertura ya han visitado cerca de 150.000 ciudadanos, con el fin de ampliar la posibilidad de disfrutar de este montaje excepcional que reúne a buena parte de las obras más destacadas de su colección a lo largo de la Galería Central, un amplio espacio arquitectónico bañado con luz natural, y sus salas adyacentes”.

El montaje, compuesto por 249 obras, sigue una ordenación preferentemente cronológica, desde el siglo XV a los albores del siglo XX, pero diluye la tradicional distribución por escuelas nacionales y plantea diálogos entre autores y pinturas separados por la geografía y el tiempo; asociaciones que nos hablan de influencias, admiraciones y rivalidades y señalan el carácter autorreferencial de las colecciones del Prado.

(Carlos V y el Furor.  Bronce de Pompeo y Leone Leoni. 1551 – 1555 a la entrada de “Reencuentro”)

Carlos V y el Furor de Leone y Pompeo Leoni, excepcionalmente desprovisto de su armadura y representado desnudo como un héroe clásico, da la bienvenida al visitante conduciéndole a la Galería Central, en cuya antesala (sala 24) le esperan dos de las obras más importantes de la pinacoteca: El descendimiento de Van der Weyden y La Anunciación de Fra Angélico.

Inmejorable comienzo: Fra Angélico

Del Descendimiento de Van der Weyden les contábamos en detalle en nuestro reciente artículo, del 2 de septiembre, “El Prado muestra sus obras con rayos X”; y de la Anunciación de Fra Angélico escribimos también ampliamente el 6 de agosto del año pasado en “El Prado: “Fra Angelico y los inicios del Renacimiento en Florencia”, a raiz de la exposición que con este título nos ofeció en torno a esta obra propiamente titulada “La Anunciación y la expulsión de Adán y Eva del jardín del Edén”, de hacia 1425-26, que se exhibía en toda su plenitud tras su reciente restauración, y ahora encabeza este “Reencuentro”.

En aquel artículo les contaba que me dio un vuelco el corazón cuando me llegó la noticia de la restauración, porque en los años sesenta yo me pasaba horas estudiando frente a esta maravillosa obra, sentado en El Prado, a donde me iba a preparar exámenes cuando ya no aguantaba más en la biblioteca del Colegio Mayor donde vivía, el Moncloa, en el mes de mayo en el que todas las horas eran pocas para memorizar los esquemas que ya tenía hechos del programa de Derecho Civil de Federico de Castro, el coco de la carrera, cuyo famoso Compendio había que saberse casi de memoria. Así que yo creo que aprobé a la primera gracias a Fra Angélico y el fresquito que hacía en la sala de El Prado. “Si entonces la belleza del cuadro me daba ánimos para seguir estudiando, no les cuento mi impresión ahora que ha recuperado todo su colorido y fuerza expresiva”. Así que también me ha encantado este inicio de “Reencuentro” con esta joya única de El Prado. Inmejorable comienzo.

Se accede a continuación a un primer tramo de la gran galería (salas 25 y 26), con obras del Bosco, Patinir, Tiziano, Correggio, Rafael, Juan de Flandes, Veronés, Tintoretto y Guido Reni, entre otros grandes artistas italianos y flamencos de los siglos XVI y XVII. Los retratos de Tiziano de los primeros Habsburgo, presididos por Carlos V, a caballo, en Mülhberg, permanecen en el corazón de la Galería Central (sala 27) frente a dos de la Furias que flanquean el acceso a la Sala XII.

(Inauguración de “Reencuentro”)

Uno de los momentos más emocionantes

Pocas veces este espacio del Prado ha merecido con tanta justicia el título de sanctasanctórum. La reunión por primera vez, desde al menos 1929, de Las Meninas y Las Hilanderas, junto a un “retablo” integrado por los bufones de Velázquez y retratos, escenas religiosas y grandes filósofos procuran uno de los momentos más emocionantes de la visita.

La parte final de la Galería (salas 28 y 29) acoge la pintura religiosa y mitológica de Rubens, esta última con un guiño a Tiziano a través de su Dánae y un vibrante diálogo entre los Saturno de Rubens y Goya, y dota a Las Lanzas de Velázquez de un nuevo contexto mediante su inclusión entre los retratos ecuestres de El duque de Lerma y El cardenal infante don Fernando.

(Ticio. Óleo sobre lienzo de José de Ribera. 1632. 227 x 301)

En las salas del ala norte que flanquean la Galería (salas 8B, 9B y 10B), Ribera y el naturalismo español -con Maíno y Zurbarán- conviven con el europeo (Caravaggio y Latour), como lo hacen Clara Peeters y los bodegonistas españoles coetáneos. El Greco, por su parte, lo hace con Artemisia Gentileschi y puede apreciarse reunida la labor de retratistas como Sánchez Coello, Sofonisba Anguissola y Antonio Moro.

La zona sur (sala 16B) acoge la obra de los maestros españoles dela segunda mitad del siglo XVII, con Murillo y Cano como principales protagonistas, junto a artistas contemporáneos de la escuela francesa, como Claudio de Lorena, y flamenca, como Van Dyck.

Final con Goya

El punto de fuga de la Galería Central converge en la sala 32 con La familia de Carlos IV y el 2 y el 3 de mayo de Goya, que se exponen en paredes enfrentadas. El maestro aragonés, tras mostrar su actividad como retratista (salas 35 y 36) abre sus brazos con El perro semihundido a los artistas del siglo XIX.

“Es mucho –concluye la web del Prado- lo que incluye el nuevo montaje del museo, pero es aún más lo que queda fuera. Algunas de las obras maestras excluidas pueden verse en salas adyacentes, como las Bacanales de Tiziano, o la Inmaculada de Tiépolo que despide al espectador; para la contemplación de otras, como El jardín de las Delicias del Bosco o la Judit de Rembrandt, deberemos esperar a mediados de septiembre y a la definitiva vuelta, confiemos, a la normalidad”.

Me temo que habrá que esperar bastante más.

 

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