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Agua en la luna

Tres foramontanos en Valladolid 04 Nov 2020 - 07:24 CET
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Por Javier Pardo de Santayana

(Millet. La pradera del Rebaño, luz de luna)

Pensarán ustedes que estoy obsesionado por las cuestiones del espacio, pero así son las cosas. Y si a usted le parece que me estoy interesando por temas sin importancia al ocuparme de ellos, le diré que, dadas las circunstancias que vivimos, me parece más oportuno que cualquier otra cosa que se tercie.

Me explicaré, y estoy seguro de que acabaré convenciendo a mi improbable lector de que la situación no puede ser más adecuada para mostrar interés por el futuro de nuestras investigaciones del espacio exterior cuando en el interior el monotema es la existencia de un virus misterioso e inmisericorde que no se sabe en qué lugar se esconde y que amenaza de muerte a todos y cada uno de los seres humanos. Un virus que por el momento no se acierta a contener y menos a extirpar del panorama diario.

Digo que el virus es un monotema que hace difícil incluso pensar o hablar acerca de otra cosa. Pero también hacer planes en cualquier aspecto, así que vivimos una situación como de locos, en la que es inútil pensar en un futuro al que es imposible poner fecha.

O sea que no se sabe ni cómo pensar ni cómo organizarse con vistas a la próxima mañana, ni, por supuesto, a dónde dirigir nuestros esfuerzos. La sociedad que se afanaba ayer con cierto orden y sentido, anda confusa ahora sin saber qué, cómo y dónde hacer incluso lo inmediato. Hasta los partidos de fútbol se han convertido en un empeño inútil: lamentable tesitura en la que todo parece inconsecuente y hasta rayano en el absurdo.

Y sin embargo no más tarde de ayer nos llegó la interesante información de que se acaba de rizar el rizo en la conquista del espacio al arrancar una interesante muestra de un lejano asteroide en una operación inverosímil, para, acto seguido, confirmarnos que hay una constancia fidedigna de que contra toda suposición previa de nuestros científicos, en la Luna sí que existe el agua: noticia merecedora si las hay de los más grandes titulares, ya que parece extraño que hayamos sido capaces de poner un artefacto creado por el hombre más allá del sistema solar, o de fotografiar un agujero negro, y sin embargo no hayamos detectado la existencia del agua en un satélite que vemos ahí arriba cada noche y al que incluso hemos pisado varias veces. Sí, efectivamente, hay que reconocer que no somos tan listos como suponíamos, o que por el contrario nos pasamos de serlo.

Por eso lo primero que hace al oírlo el ciudadano medio es asegurarse de que no estamos a 28 de diciembre, es decir, que no se trata de una simple broma de inocentes.+ Pues aunque no esté perfectamente al tanto del estado de la ciencia, sí que, a partir de lo que le enseñaron en la escuela y a tenor de las noticias que ha recibido a través de la televisión, la radio y los periódicos, y pese a haberla contemplado repetidamente hollada por el hombre, no puede sino imaginar la luna totalmente seca, con ese rostro triste y ojeroso que de siempre nos muestra.

O sea que lo más seguro es que le cueste creerse la noticia y se ponga a la espera de que fuentes autorizadas le confirmen la posibilidad de que nuestros nietos o biznietos lleguen a ser inquilinos del satélite una vez vista la manera de aprovechar la nueva oferta. Y quizá, salvarse así del exterminio.

“Pues menos mal” dirán quizás algunos. Y es que, en las actuales circunstancias, la noticia de que se ha descubierto que hay agua al parecer abundante allá en la Luna no puede dejar de parecernos una sutil ironía o un sarcasmo.

 

Tres foramontanos en Valladolid

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