“Los socialistas y la inmersión”, de José García Domínguez, “El mundo después de Trump”, de Xavier Vives, y “Los intelectuales de la Iberosfera”, de Amando de Miguel
(Viñeta de Sansón en El Norte de Castilla el pasado día 12)
LOS SOCIALISTAS Y LA INMERSIÓN
Artículo de José García Domínguez publicado en Libertad Digital el pasado día 11
Y la izquierda española aplaudiendo con las orejas a los torturadores… “Se tortura a nuestros niños durante los primeros años de la escuela aprendiendo en una lengua que no es la suya”. La frase está extraída de un librito muy celebrado en su día, allá por 1977, que firmaba Josep Benet, el democristiano de misa y comunión diarias que los eurocomunistas descafeinados del PSUC enfrentaron contra Pujol en las primeras elecciones autonómicas. Ese en concreto lo escribió Benet, pero se podrían encontrar centenares de textos similares suscritos por otros tantos líderes nacionalistas de la época, todos denunciando la horrible tortura que para los escolares locales suponía recibir instrucción en otro idioma distinto de su lengua materna. Un inadmisible martirio que, como es sabido, se transformó al súbito modo, de la noche a la mañana, en una maravillosa y admirable “historia de éxito” cuando los torturados y los torturadores intercambiaron sus papeles en las aulas, esto es, tras la imposición de la inmersión en la otra lengua de los catalanes. Mutación instantánea que si algo vino a certificar fue que los pobres niños y sus pisoteados derechos les importaban en realidad una higa a los catalanistas.
Catalanistas entre los que, huelga decirlo, procede incluir al PSC, cuya particular batería argumental en defensa de la inmersión forzosa se articula en torno al muy peregrino axioma de que resultaría inadmisible que se separara a los escolares dentro de los colegios en función de cuál resultase ser su lengua familiar. Y es que, siendo coherentes con ese principio tan irrenunciable, lo preceptivo sería que en todas las aulas de todos los colegios e institutos de Cataluña las clases se impartieran única y exclusivamente en castellano, ya que, como todo el mundo sabe, ese idioma, el castellano, resulta ser la lengua mayoritaria, y con notable diferencia, de los jóvenes nacidos en Cataluña a partir de la segunda mitad del siglo pasado. Un predominio lingüístico, el del castellano en Cataluña, que se revela todavía mucho más acusado en el caso particular de los electores socialistas. Al punto de que en torno al 82 por ciento de cuantos suelen votar de modo habitual al PSC lo considera su lengua propia. La nada sospechosa fuente de ese dato es la propia Generalitat; más en concreto, el Centro de Estudios de Opinión, un sucedáneo autonómico del CIS. Y la izquierda española aplaudiendo con las orejas a los torturadores.
Artículo en: https://www.libertaddigital.com/opinion/jose-garcia-dominguez/los-socialistas-y-la-inmersion-6679891/
EL MUNDO DESPUÉS DE TRUMP
Artículo de Xavier Vives publicado en La Vanguardia el pasado día 12
El otoño del año pasado en Nueva York pregunté a un profesor norteamericano amigo sobre si los rednecks (que trabajan al aire libre y les queda la marca del sol en la nuca) eran la base de apoyo de Trump. Me contestó que los agricultores y el mundo rural constituían una base importante, pero que los hillbillies , de quienes yo no había oído hablar, lo eran más. Estos son, fundamentalmente, trabajadores manuales blancos sin formación que le dieron la victoria en las elecciones del 2016. A los menos educados y pobres se les ha denominado white trash (basura blanca). Trump dijo que él mismo lo era, excepto que era rico y no pobre como ellos. A estos se ha añadido en estas elecciones, en que Trump ha aumentado el apoyo hasta 71 millones de votos, un estimado 30% de hispanos y casi un 10% de afroamericanos. Como ha dicho el senador republicano de Missouri Josh Hawley, “somos ahora un partido de la clase trabajadora”.
Un denominador común de estos grupos es el resentimiento por resultar perjudicados en el proceso de globalización y ser tildados por las élites progresistas de poco considerados con el medio ambiente, sexistas y racistas. Hillary Clinton etiquetó de “ cesta de deplorables” a la mitad de los partidarios de Trump. Muchos estadounidenses se sienten ahogados por la corrección política y no responden verazmente las encuestas, que han infravalorado el apoyo a Trump. El hecho es que en el periodo 2017-2019 la economía ha ido bien, los salarios más bajos han aumentado, así como la media de los ingresos. El empleo mejoró tanto en la manufactura como en algunos estados que votaron a Trump. Pero la política proteccionista de Trump puede tener efectos negativos retardados, algunos ya se han manifestado. Hay que tener también en cuenta que el estímulo económico trumpiano tensionó el mercado de trabajo e hizo subir los salarios.
Sea como sea, de no haber sido por la pandemia, es muy probable que Trump hubiera ganado. A la pregunta crucial de si a principios del 2020, “¿está usted mejor que en el 2016?”, muchos norteamericanos habrían respondido que sí. Pero Trump ha mostrado una gran incompetencia en su falta de respuesta a la Covid-19, y los 230.000 muertos acumulados hasta la elección han pesado en el electorado, seguramente más que su demagogia, comportamiento extemporáneo y corrosivo de la democracia. Sin embargo, 71 millones de ciudadanos le han dado apoyo, emocional, por haber sabido canalizar su resentimiento, o cínico por mantener las rebajas de impuestos. El resultado electoral plantea muchas cuestiones.
La primera y fundamental es que se ha ganado una batalla por la democracia liberal en el mundo, pero no la guerra. Su destrucción desde la Casa Blanca se ha detenido por el momento, así como Trump como referente internacional del populismo. Los famosos contrapesos ( checks and balances no han funcionado muy bien al permitir todo tipo de excesos en la Administración Trump y al no dar opción real a un proceso de impeachment para el que había razones de sobra. Veremos qué pasa cuando Trump sea desalojado del poder. Trump 2024 aún puede ser una realidad, y en eso parece estar trabajando ya el Partido Republicano con su actitud obstruccionista. Las semillas del populismo, alimentadas por la crisis financiera global del 2007-2009, se han reavivado con la pandemia y sus devastadoras consecuencias.
La segunda es que el sistema electoral de EE.UU. clama por tener un sufragio directo para elegir al presidente y para modernizar los métodos de recuento de votos, más propios del siglo XVIII. El sistema actual, en vez de unir, separa, y puede dar incentivos a la secesión de estados. La otra asignatura pendiente es controlar la financiación desmesurada de las campañas electorales.
La tercera es que Biden no podrá desplegar su programa con una mengua demócrata en la Cámara de Representantes y un Senado en manos de los republicanos (sujeto a lo que pase en la segunda vuelta en Georgia en enero). La bolsa ha interpretado que el gobierno dividido resultado de las elecciones impedirá a Biden grandes proyectos como el green new deal o subidas importantes de impuestos. Eso sí, EE.UU. volverá al multilateralismo, al acuerdo del clima de París y a la OMS. La pugna tecnológica entre China y EE.UU. continuará, quizá con formas más suaves. Habrá un cierto consenso en la política antimonopolio en relación con las grandes plataformas tecnológicas. Biden es un hábil negociador y podría resultar un presidente efectivo al impulsar programas sociales como lo fue Lyndon B. Johnson. La clave demócrata tendrá que ser mejorar la educación a todos los niveles. Esta parece la única forma, aunque lenta, de reducir la actual fractura social.
Finalmente, Europa tendría que sacar como lección del periodo trumpiano la necesidad de construir una política tecnológica y de defensa independiente de EE.UU. No solo el peso de Europa en el mundo depende de ello, sino su futuro económico. Aquí la inteligencia artificial y el procesamiento de datos masivos ejercen un papel crucial. Europa no se puede dejar intimidar por Rusia y no puede quedar de comparsa en la pugna entre EE.UU. y China solo reclamando el humanismo tecnológico como propio.
Artículo en: https://www.lavanguardia.com/opinion/20201111/49412671108/el-mundo-despues-de-trump.html#r-opinion
LOS INTELECTUALES DE LA IBEROSFERA
Artículo de Amando de Miguel publicado en La Gaceta el pasado día 10
Quedamos en que una divisa particular del mundo de los hispanos o latinos (también de Francia y de Italia) es la presencia pública de los “intelectuales” propiamente dichos. Como es sabido, el sustantivo “intelectual” lo lanzó Zola en Francia a finales del siglo XIX. Por esas mismas fechas, lo importaron a España Miguel de Unamuno (1864-1936) y Emilia Pardo Bazán (1859-1921). Fueron, cronológicamente, los dos primeros intelectuales españoles. Deben distinguirse los “pensadores”, más académicos o filosóficos, quedando más los intelectuales para un papel periodístico, divulgador y político.
Naturalmente, los intelectuales y pensadores de la Iberosfera son de su padre y de su madre, esto es, de variadas afiliaciones ideológicas. No obstante, lo peculiar (respecto a otras culturas) es su faceta elitista. En su día, se etiquetó como “arielista”, por el influyente libro, Ariel, del uruguayo Jose Enrique Rodó (1871-1917). A lo largo del siglo XX, sus representantes más conspicuos pueden ser el portugués Fernando Pessoa (1888-1935), el español José Ortega y Gasset (1883-1955) y el colombiano Nicolás Gómez Dávila (1913-1994). Se podrían agregar otros muchos. El factor común de todos ellos es un cierto regusto esteticista, un estilo conceptista o aticista, una actitud de espectadores. En definitiva, son espíritus cultivados, exquisitos y agudos. Es natural que adopten una estudiada distancia respecto del vulgo ignaro, aunque sea el que protagonice el poder político o social. Son cumplidores del célebre apóstrofe del español Juan Ramón Jiménez (1881-1958): “A la minoría siempre”. Otro exquisito.
El más original, elitista y valioso es Gómez Dávila […] el intelectual puro, desprendido de los perifollos del poder político y social.
De todos los citados, el menos conocido (por su carácter reservado y ágrafo), pero el más original, elitista y valioso, es Gómez Dávila. Representa lo más personal de la cultura hispana o latina, el intelectual puro, desprendido de los perifollos del poder político y social. Viene a ser, en lo estilístico, una especie de Baltasar Gracián (1601-1658) redivivo, con el látigo de sus aforismos. Sorprenden por su frescura, en su manifestación de una persona tranquila, que no se inmuta, practicante de la ataraxia. Véanse algunos de sus aforismos o “escolios” del egregio colombiano: “Pagaría con gusto para no hacer la mayoría de las cosas que los demás pagan por hacerlas”. (p 1.180 de su “biblia”, Escolios a un texto implícito. Girona: Atalaya, 2005). “Con mis actuales compatriotas solo comparto el pasaporte” (p. 1.182). “Las auténticas recompensas tienen el privilegio de no ser codiciadas sino por diminutas minorías” (p. 1.204).
Se demuestra que, muchos de los actuales comentaristas del periodismo digital o de otras versiones, en el mundo de la Iberosfera, siguen las trazas de la exquisita minoría intelectual dicha. No es una calificación desdeñosa. Menos aún, si se identifica a esta pléyade como “reaccionarios” o con el sonsonete de “fascistas”. Esos son ya, flatus vocis (ventosidades del habla), proyectiles para el cultivo del resentimiento. Equivalen a los voquibles escatológicos, que suelen emitir los mozalbetes de toda condición. Porque estos intelectuales exquisitos sufren el desdén de la turba de letraheridos, sedicentemente, progresistas.
Habría que explicar el hecho estadístico de que, en el dominio de la Iberosfera, tenga tanta preeminencia la minoría exquisita, a la que me refiero. La interpretación más cabal la atribuyo a un rasgo estructural de las sociedades en las que se mueve. Se podría concretar en un artículo no escrito de las respectivas Constituciones: “En caso de tener que otorgar algún reconocimiento público, se seleccionará a una persona mediocre, complaciente con los que mandan en todos los órdenes”. Equivale al “hombre masa”, según Ortega y Gasset. Representa el objeto de desprecio por parte de la intelectualidad exquisita. Al menos en España (el país de mis padecimientos), ese precepto constitucional no escrito se cumple con manifiesta aplicación. Es lo que explica la llamativa ausencia del menester científico, el auge de la progresía adocenada.
Artículo en: https://gaceta.es/opinion/los-intelectuales-de-la-iberosfera-20201110-0942/
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