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250 aniversario del nacimiento de  Beethoven

Tres foramontanos en Valladolid 05 Feb 2021 - 07:21 CET
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Por José María Arévalo

(Retrato realizado por Joseph Karl Stieler en 1820)

El pasado 16 de diciembre se cumplían los 250 años del nacimiento de Ludwig van Beethoven (16 de diciembre de 1770, Bonn). Se esperaban cientos de reconocimientos por todo el mundo en recuerdo a su figura y a su obra musical, la más conocida y celebrada de la historia de la música, pero la crisis sanitaria del coronavirus ha provocado que queden reducidos a la mínima expresión o sean directamente suspendidos.

Es, junto con Mozart y Haydin, el representante por excelencia del clasicismo, tras la música barroca y previo al romanticismo. A caballo entre dos épocas, el clasicismo más puro y el romanticismo estético, Beethoven bebe de esas formas musicales más armoniosas para cambiar sus estructuras y crear algo nuevo. Esa actitud de transformación le permitió romper con las convenciones musicales clasicistas de la segunda mitad del siglo XVIII y acercarse al romanticismo o incluso superarlo.

El genio sordo que asombró al mundo

Beethoven –escribía Javier Villahizán en el Diario de Valladolid conmemorando su nacimiento- demostró al planeta que a pesar de perder completamente la capacidad de oír podía componer obras tan excelsas como la ópera ‘Fidelio’, la ‘Sinfonía número 9’, la ‘Missa solemnis’ o sus conciertos para piano

Es uno de los grandes compositores de la Historia, sus sinfonías han sido catalogadas de obras maestras y su música ha perdurado en el tiempo, tanto que uno de sus movimientos, la Oda a la Alegría, se ha convertido en una referencia mundial a la amistad, además de ser el himno oficial de la Unión Europea.

Solo Beethoven podía tender puentes con compositores de otras generaciones posteriores como Brahms y Wagner o incluso con músicos del siglo XX como Bartók, Berg y Schönberg.

Su obra, que puede dividirse en tres épocas, refleja el conflicto entre el pasado y el porvenir, entre el clasicismo y el romanticismo, entre la forma y la idea, y es el punto crucial en el que se conjugan las aportaciones de siglos anteriores con las nuevas perspectivas musicales.

Fue un renovador de los conceptos de armonía, tonalidad y colorido instrumental y logró llevar a la perfección el género sinfónico. Entre sus particularidades destaca el hecho de sustituir el ritmo clásico del minueto por uno más vigoroso, el scherzo o escarceo, obteniendo así contrastes más intensos y aumentando la sonoridad y variedad de texturas en las sinfonías y en la música de cámara.

Las obras de Beethoven indican un antes y un después en la Historia de la música y reflejan no solo el cambio entre el gusto clásico y el romántico, entre el formalismo del primero y el subjetivismo del segundo, sino también entre el Antiguo Régimen y la nueva situación social y política surgida de la Revolución Francesa.

En 1789 caía La Bastilla y con ella toda una concepción del mundo que incluía el papel del artista en su sociedad. Siguiendo los pasos de su admirado Mozart, Beethoven fue el primer músico que consiguió independizarse y vivir de los encargos que se le realizaban, sin estar al servicio de un príncipe o un aristócrata, si bien, a diferencia del salzburgués, él consiguió triunfar y ganarse el respeto y el reconocimiento de sus contemporáneos.

El sentido más importante

Uno de los detalles mas sorprendente acerca de Ludwig van Beethoven es el hecho de que fuese sordo. ¿Cómo puede un músico, un compositor, carecer de lo que imaginamos su sentido mas importante? Cómo es eso posible? ¿Cómo componía, como creaba?

El músico se sintió terriblemente golpeado por el destino en el momento en el que apareció el comienzo de esa dolencia. Por ese motivo y para evitar habladurías y perder posibles contratos Beethoven mantuvo su dificultad auditiva en secreto durante mucho tiempo. Tan solo se lo comunicó por carta a algunos de sus más cercanos amigos de Bonn. A ellos les confesó en varias misivas lo que a la postre se convirtió en uno de sus mayores martirios: la sordera total.

«Debes saber que mi facultad mas alta, mi oído, se ha visto grandemente deteriorado» relataba a una de sus amistades, y añadía compungido: «O, qué feliz sería si mi oído fuera completamente restaurado».

Mas allá de lo mucho que se ha escrito sobre esa disminución de la facultad de oír de Beethoven y de su carácter áspero, la sordera del compositor no fue completa al principio, en torno al cambio de siglo. Sino que esta privación se estableció y desarrolló lentamente. Lo dramático fue el momento en el que el joven y exitoso músico tuvo que aceptar que tenía una enfermedad que era permanente, con la que iba a tener que convivir y que se iba agravando con el paso del tiempo.

Hacia 1802, la fuerte crisis personal derivada de su sordera y las contrariedades sentimentales y físicas actuaron como catalizador de su arte, lo que supuso una explosión musical beethoveniana de primer orden, como se demuestra en la ópera Fidelio.

Sin embargo fue en su último período, a partir de 1815, cuando el artista muestra todo su esplendor creativo y eso a pesar de sus altibajos emocionales y su completa falta de oído.

Su arte se convierte en sublime. Beethoven fue capaz de librarse de todo concepto material y físico y ahora su música se muestra elevada. Es en esta época cuando surge en el genio un soplo de carácter religioso, un sentimiento de solidaridad universal, un cierto idealismo y una sensación de tratar al otro como un hermano.

Este nuevo estado en Beethoven le origina una alegría inmensa. Tal es así que dedica a este sentimiento tres himnos en las últimas sinfonías, la número 7, la 8 y la 9. Sin duda la Sinfonía n.º 9 (1823), llamada Coral, es la obra más célebre de esta etapa, junto a la Missa solemnis.

Beethoven falleció el 26 de marzo de 1827 completamente sordo y también pobre, a pesar de haber amasado una gran fortuna. Además eran conocidos sus continuos problemas de salud. El genio padeció dolencias hepáticas durante toda su vida, así como dolores abdominales crónicos, cólicos y  depresión.

Sin embargo, nada de eso fue capaz de detener a un monstruo que pensaba en música incluso en sueños y que se convertiría con el tiempo en uno de los compositores eternos y más importantes de la Historia.

Su arte se expresó en numerosos géneros y aunque las sinfonías fueron la fuente principal de su popularidad internacional, su impacto resultó ser principalmente significativo en sus obras para piano y música de cámara.

Su producción incluye los géneros pianístico (treinta y dos sonatas para piano), de cámara (incluyendo numerosas obras para conjuntos instrumentales de entre ocho y dos miembros), concertante (conciertos para piano, para violín y triple), sacra (dos misas, un oratorio), lieder, música incidental (la ópera Fidelio, un ballet, músicas para obras teatrales), y orquestal, en la que ocupan lugar preponderante Nueve sinfonías.

Su vida

Su abuelo paterno -recoge Wikipedia-, llamado también Ludwig,c​ (Malinas, 1712-1773), era descendiente de una familia de campesinos y granjeros originarios de Brabante, en la región de Flandes (Bélgica), que se trasladaron a Bonn en el siglo XVIII. La partícula van de su nombre, contrario a lo que pudiera creerse, no posee orígenes nobles, mientras que Beethoven probablemente pudo haberse derivado de Bettenhoven (Fr.: Bettincourt), una localidad de Lieja, aunque otra hipótesis apunta a que el apellido proviene de Beeth (que en flamenco quiere decir «remolacha») y Hoven, que es el plural de Hof («granja»). De esta forma, «Beethoven» vendría a significar «granjas de remolachas».2​

En marzo de 1733 su abuelo emigró a Bonn, en donde trabajó como director y maestro de capilla de la orquesta del príncipe elector de Colonia. El 17 de septiembre de ese mismo año contrajo matrimonio con María Josepha Poll. Su tercer hijo fue el único que sobrevivió a la infancia y fue el padre de Beethoven. Johann fue músico y tenor de la corte electoral.

El 12 de noviembre de 1767 se casó en la iglesia de San Remigio en Bonn con Maria Magdalena Keverich (19 de diciembre de 1746-17 de julio de 1787), una joven viuda e hija de un cocinero de Tréveris. Por ese motivo, el matrimonio de sus padres contó con la oposición de su abuelo, que por aquel entonces ya era el prestigioso maestro de capilla de la corte y consideraba a la joven de una clase social inferior a la de su hijo, lo cual no era cierto ya que en su familia había concejales e incluso senadores.

El matrimonio se trasladó al n.º 515 de la Bonngasse y dos años después, en 1769, nació su primer hijo, bautizado como Ludwig Maria van Beethoven. Sin embargo, apenas seis días después de su bautizo, el niño falleció. El 17 de diciembre de 1770 fue bautizado su segundo hijo, en la iglesia de San Remigio de Bonn, con el nombre de «Ludovicus van Beethoven» (Ludwig van Beethoven) según se describe en el acta de bautismo. Su fecha de nacimiento, generalmente aceptada como el 16 de diciembre de 1770, no cuenta con documentación histórica que pueda respaldarla. María Magdalena tuvo aún cinco hijos más, de los que solo sobrevivieron dos.

Sacado de la cama, obligado a tocar el piano

El padre de Beethoven estaba muy gratamente impresionado por el hecho de que Wolfgang Amadeus Mozart diese conciertos a los siete años y quería que su hijo siguiera sus pasos. Con la intención de hacer de Ludwig un nuevo niño prodigio, comenzó a enseñarle piano, órgano y clarinete a temprana edad. Sin embargo, el estudio musical coartó el desarrollo afectivo del joven, que apenas se relacionaba con otros niños.  En mitad de la noche, Ludwig era sacado de la cama y era obligado a tocar el piano para los conocidos de Johann, a quienes quería impresionar; esto causaba que estuviera cansado en la escuela. Era habitual que dejara de asistir a clases y se quedara en casa para practicar música.

El padre era alcohólico, lo que supuso que perdiera el puesto de director de la orquesta de Bonn —puesto heredado del abuelo Ludwig—, y la madre estaba frecuentemente enferma. Aunque la relación con Johann era distante, Ludwig amaba mucho a su madre, a la que denominaba su «mejor amiga».

El 26 de marzo de 1778, cuando tenía siete años, Beethoven realizó su primera actuación en público en Colonia. Su padre afirmó que la edad de Ludwig era de seis años, para destacar, de esta manera, la precocidad de su hijo; por ello, siempre se creyó que Beethoven era más joven de lo que era en realidad. Debido a que el talento musical y pedagógico de su padre era limitado, Ludwig comenzó a recibir clases de otros profesores. Sus avances fueron significativos, sobre todo en la interpretación del órgano y la composición, guiado por músicos experimentados como Christian Gottlob Neefe. Neefe fue un profesor muy importante e influyente en su instrucción y supo valorar inmediatamente el nivel excepcional de Ludwig. Además de transmitirle conocimientos musicales, Neefe dio a conocer a Beethoven las obras de los pensadores más importantes, tanto antiguos como contemporáneos.

En 1782, cuando contaba once años de edad, Beethoven publicó su primera composición, titulada Nueve variaciones sobre una marcha de Ernst Christoph Dressler (WoO 63). Un año después, Neefe escribió en la Revista de Música acerca de su alumno: «Si continúa así, como ha comenzado, se convertirá seguramente en un segundo Wolfgang Amadeus Mozart».6​En junio del siguiente año, Ludwig fue contratado como intérprete de viola en la orquesta de la corte del príncipe elector de Colonia Maximiliano Francisco, por recomendación de Neefe. Este puesto le permitió frecuentar la música de los viejos maestros de capilla, además de facilitarle la entrada en nuevos círculos sociales, en los que se encontraban algunos de los que serían amigos suyos durante toda su vida, como la familia Ries, los von Breuning (en cuya casa conoció a los clásicos y aprendió a amar la poesía y la literatura) o el doctor Franz Gerhard Wegeler (con quien años más tarde se volvería a encontrar en Viena).

Primer viaje a Viena

Beethoven encontró una vía de escape de la presión familiar en 1787 cuando, con 17 años, marchó a la capital austriaca apoyado por su mecenas, el conde Ferdinand von Waldstein, quien sufragó los gastos del viaje y, lo más importante, lo convenció de sus posibilidades de éxito. Parece que durante este viaje a Viena tuvo lugar un fugaz encuentro con Mozart. En relación con este encuentro, solo existen textos de discutible autenticidad. De cualquier modo, la leyenda dice que Mozart habría dicho: «Recuerden su nombre, este joven hará hablar al mundo».

Al poco tiempo, su madre enfermó gravemente de tuberculosis y su padre le pidió por carta que regresara a Bonn inmediatamente. La madre murió el 17 de julio de 1787. Tras este hecho, su padre entró en una depresión y su alcoholismo se agravó, llegando a ser detenido y encarcelado por este hecho. Después de esto, el joven Ludwig tuvo que responsabilizarse de sus jóvenes hermanos y se vio obligado a mantenerlos, tocando el violín en una orquesta y dando clases de piano durante cinco años, mientras que su padre seguía preso. Su padre falleció finalmente el 18 de diciembre de 1792.

De aprendiz a maestro

En 1792 el príncipe elector de Bonn volvió a financiarle un viaje a Viena, ciudad en la que permaneció el resto de su vida componiendo, tratando de alcanzar un reconocimiento social a su persona por medio del arte y sufriendo un mal particularmente terrible para él: la sordera. Allí, Beethoven recibió clases de composición con Joseph Haydn, de contrapunto con Johann Georg Albrechtsberger y Johann Baptist Schenk y de lírica con Antonio Salieri.

Durante este período tuvo varios duelos musicales con otros pianistas. El primero fue en 1792 ―con 21 años de edad―, durante un viaje con la orquesta de la corte, en el cual tocó con Franz Sterkel, ejecutando obras de dicho compositor. En 1800 tuvo lugar el famoso duelo en el palacio de Lobkowitz, en el que el pianista y compositor Daniel Steibelt lo retó a que tocasen juntos. En dicha ocasión, Beethoven tomó partituras de una obra de este, modificándolas al mismo tiempo que las iba tocando, con tanta gracia que Steibelt declaró que no volvería a Viena mientras Beethoven viviera allí y abandonó la ciudad, radicándose en París.

Con veinticuatro años publicó su primera obra importante: tres tríos para piano, violín y violonchelo (Opus 1), y el año siguiente, en 1795, realizó su primer concierto público en Viena como compositor profesional, en el que interpretó sus propias obras. Ese mismo año le propuso matrimonio a Magdalena Willman, pero esta se negó. Posteriormente, realizó una gira por Praga, Dresde, Leipzig, Berlín y Budapest. En 1796 publicó tres sonatas para piano (Opus 2). La corte, la nobleza y la Iglesia vienesas acogieron la música de Beethoven y se convirtieron en mecenas y protectores del joven músico. Eran frecuentes las disputas entre estos estamentos y el compositor, debido al carácter fuerte e impulsivo del músico, pero este hecho le hizo granjearse un gran respeto en la ciudad. Entre sus mecenas se encontraban personalidades como el príncipe Karl von Lichnowsky y el barón Gottfried van Swieten. ​ Por esa época se desligó de Haydn, con el que no coincidía musicalmente pero a quien, a pesar de esto, dedicó los tres tríos.

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