Por José María Arévalo
( Parcial del “Mata Mua” de Paul Gaugin)
Carmen Thyssen y el ministro de Cultura, José Manuel Rodríguez-Uribes han sellado el 29 de enero un auerdo por 6,5 millones de euros al año y durante 15 años, para ceder la colección personal de la baronesa al Estado español. Ella siempre ha pedido una compensación por ceder una colección que inicialmente prestó por 10 años al Estado en 1999, y que se había ido prorrogando sucesivamente desde 2011 de forma gratuita. Las obras se encuentran depositadas en el Museo Thyssen, que se encarga de su mantenimiento y de parte de los seguros de la colección, que cuenta también con una garantía de estado -un aval del Gobierno-. La colección permanece en el Museo Nacional Thyssen Bornemisza junto a la de su marido, que sí es propiedad del Estado y nunca se marchará. La personal de Carmen Thyssen incluye obras de maestros como Rodin, Matisse, Caneletto o Renoir, entre otros muchos grandes nombres de distintos periodos de la historia del arte.
La situación de la colección ha cambiado mucho durante el largo proceso de negociación. El préstamo inicial de la colección era por más de seiscientas obras, pero a lo largo de estos años la baronesa ha sacado casi doscientos cuadros, algunos los ha vendido y otros han ido a parar a sus nuevos museos en Málaga y Sant Feliux de Guíxols (Girona). Entre los cuadros que incluye el acuerdo se encuentra el “Mata Mua” de Paul Gaugin, la joya de la colección que la baronesa sacó de España en pleno estado de alarma, poniendo en jaque las negociaciones.
Todavía quedan muchos flecos por saber de la negociación, como qué movilidad tienen las obras -la baronesa siempre ha pedido total libertad para prestarlas-, pero por el momento la colección se queda, al menos por 15 años, y “Mata Mua” volverá de su exilio en Andorra.
El acuerdo parecía imposible
Se ha tardado en conseguir el acuerdo más de una década, con una decena de ministros y muchas horas de negociaciones. “Uno de los culebrones más largos del arte español” escribía Celia Sierra en la primicia que daba la agencia EFE.
“El acuerdo llega en una de las enésimas prórrogas que ambas partes habían acordado y que se han ido sucediendo durante más de una década. En total, cerca de diez ministros, el primero de ellos Mariano Rajoy cuando era ministro de Cultura, habían tratado de atar la colección pero había sido imposible.
Muchos de ellos estuvieron a punto de hacerlo, pero en el último momento la baronesa siempre se echaba para atrás. Fue el caso de Ángeles González-Sinde, que estuvo a punto de alcanzar un acuerdo cuando era ministra y frenar la venta de otra de las joyas de la colección, “La exclusa” de John Constable.
«Hicimos todo lo posible para encontrar un acuerdo», pero cuando parecía que lo había conseguido, se echó para atrás y vendió el cuadro en una subasta, dijo la ministra en una entrevista con Efe el año pasado. Por eso, no le ha sorprendido lo que pasó con el «Mata Mua» y con los otros tres cuadros que la baronesa se llevó del museo madrileño en pleno estado de alarma.
No fue la única ministra que lo intentó. Otros, como la actual vicepresidenta Carmen Calvo, cuando era ministra de Cultura en el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, también estuvo a punto de conseguirlo, pero tampoco hubo manera.
Esta actitud, «esa especie de chantaje constante», que no se da con ningún otro coleccionista, es “su práctica habitual” en las negociaciones, dijo la exministra entonces.
También estuvo a punto de alcanzar un acuerdo José Guirao poco antes de su cese. El acuerdo era por 7 millones de euros durante 15 años y la condición de que el precio pagado en ese periodo (unos 100 millones) se restara de una posible venta posterior, siempre con el “Mata Mua”.
La pandemia y su cese dieron al traste con las negociaciones y hubo que empezar de nuevo. Entre medias, la baronesa se llevó cuatro cuadros durante los meses que el museo estuvo cerrado el año pasado por la crisis sanitaria.
Lo hizo gracias al silencio administrativo del propio Ministerio de Cultura, que Guirao, exdirector del Reina Sofía y gran conocedor de los entresijos del sector de las bellas artes, había conseguido frenar meses antes”.
Sobre la negociación siempre han planeado cuestiones relacionadas con Hacienda y la familia Thyssen. La baronesa, al tener establecida su residencia fiscal en Andorra, tiene que pasar una serie de días al año allí y siempre reivindicó que tanto ella como su familia debían poder pasar más tiempo en España, ya que aquí tenía que atender asuntos relacionados con sus museos.
Opción de compra por 400 obras
El acuerdo cerrado por el Ministerio de Cultura y Deporte con Carmen Thyssen-Bornemisza –informaba Hoyesarte- para que permanezca en España su colección de arte, formada por unas 400 obras que están depositadas en concepto de préstamo provisional en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza tiene una duración de 15 años, con una opción de compra por parte del Estado al término de ese plazo. El coste del alquiler es de seis millones y medio de euros al año.
Entre estas cuatrocientas obras hay que destacar pinturas y esculturas de artistas como Braque, Brueghel el Viejo, Canaletto, Fragonard, Gauguin, van Gogh, Juan Gris, Kandinsky, Matisse, Miró, Monet, Nolde, O’Keeffe, Picasso, Pissarro, Renoir o Rodin.
Además, el Ministerio y la Fundación Thyssen-Bornemisza colaborarán con la baronesa en la ordenación definitiva del museo de pintura que está creando en Sant Feliu de Guíxols (Gerona).
900 obras de arte reunidas en siete décadas
El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza es la institución pública que alberga en el madrileño Palacio de Villahermosa una de las colecciones pictóricas más importantes del mundo, con casi 900 obras de arte reunidas a lo largo de siete décadas por la familia Thyssen-Bornemisza.
El Estado adquirió la propiedad de la Colección en 1993, dando lugar así al llamado Triángulo del Arte en el Paseo del Prado, área museística de Madrid que concentra el acervo pictórico más importante de España y uno de los más importantes del mundo. Desde 2004, la Fundación también exhibe las obras en préstamo de la colección privada de la baronesa, centrada principalmente en los siglos XIX y XX con tres ejes prioritarios: pintura española, pintura norteamericana y pintura europea, con una destacada representación del impresionismo, el postimpresionismo y el expresionismo.
Centenario del nacimiento de Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza
La exposición “Expresionismo alemán en la colección del barón Thyssen-Bornemisza” reúne actualmente, hasta el 14 de marzo, por primera vez en décadas, 80 de las joyas de maestros expresionistas de la galería que quedó en manos de su mujer, Carmen Thyssen-Bornemisza, y de sus hijos. A esta muestra dedicábamos nuestro post “Expresionismo en el Thyssen” el 29.01.21, que puede verse en https://www.periodistadigital.com/tresforamontanos/20210129/expresionismo-en-el-thyssen-689404414756/
Con ella la pinacoteca comienza la conmemoración del centenario del nacimiento de Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza, que se celebra en 2021. En 1993 el Estado español adquirió la mayor parte de la Colección Thyssen, con una significativa selección de obras del expresionismo alemán, y así pasó a pertenecer al Museo Nacional Thyssen-Bornemisza un arte hasta entonces inexistente en las colecciones españolas.
Tras heredar el grueso de la colección del padre, fallecido en 1947, Heini, como los suyos llamaban al joven barón, comenzó a adquirir pinturas pensando en continuar su labor. Durante quince años coleccionó sólo obras de maestros antiguos, hasta que empezó a sentirse incómodo con las ideas paternas que despreciaban el arte moderno. «Mi padre me lavó el cerebro para que pensara que el arte se acababa en el siglo XVIII y que el del siglo XX tenía poco interés. Durante mucho tiempo le creí», reconoció el barón en una entrevista.
El hecho de que parte su familia fuera filonazi hizo que el rescate de esas obras fuera una forma de expiar su pasado. Era su manera de decirle a todo el mundo que no pensaran que era como su tío Fritz, muy cercano a Hitler. Su reactiva filia expresionista fue también la puerta al coleccionismo de arte modero, al cubismo a las vanguardias rusas o a la pintura americana, que acabó siendo determinante en la colección. «El expresionismo alemán fue el punto de partida de mi colección de maestros del siglo XX» reconocía el propio aristócrata.
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